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Serge Haroche, Nobel de Física: "Pensar en colonizar Marte es simplemente estúpido"

"No es posible”, insiste el científico, que aboga por centrar los esfuerzos en objetivos viables como el regreso a la Luna, mucho más factible a nivel técnico, pues la misión lleva unos pocos días, frente a los meses y el riesgo que requeriría ir a Marte

EFE

Imagen de Marte. Foto: IAC

La vocación científica del Premio Nobel de Física en 2012 Serge Haroche (Casablanca-Protectorado Francés de Marruecos, 1944) no se entendería sin la misión Apolo que llevó a la humanidad a la Luna en 1969, en lo que considera una aventura en la que se mezclaban la física y la exploración, y en la que, por primera vez, podía poner números de velocidades, órbitas y trayectorias a lo que veía.

Aquella fascinación por entender cómo un objeto podía escapar de la gravedad terrestre y alcanzar la Luna, recuerda, fue lo que le llevó a dedicarse a la ciencia y cuando hoy se le pregunta por la misión Artemis o por el debate sobre ir a Marte lo tiene claro: Pensar en colonizar el planeta rojo es "simplemente estúpido".

Así se expresa el Nobel francés en una entrevista con EFE con motivo de su visita a Tenerife, donde participa junto al también Nobel F. Duncan Haldane en el XVIII Congreso de Estudiantes de Física (COEFIS), organizado por alumnado de la Universidad de La Laguna y con actividades en el Instituto de Astrofísica de Canarias.

Haroche, premiado junto a su compañero David Wineland por desarrollar métodos para observar y controlar sistemas cuánticos sin destruirlos, cree que este nuevo regreso conserva ese potencial de inspirar a nuevas generaciones de científicos, pero advierte de la necesidad de no confundir esa ambición con expectativas que, desde el punto de vista físico, no son realistas, como la idea de colonizar Marte.

"No es posible”, insiste el científico, que aboga por centrar los esfuerzos en objetivos viables como el regreso a la Luna, mucho más factible a nivel técnico, pues la misión lleva unos pocos días, frente a los meses que requeriría ir a Marte, y los riesgos mucho mayores para los astronautas, sumado a las dificultades en las comunicaciones.

Todo ello convierte ambas misiones en realidades “completamente diferentes” y, en su opinión, nunca existiría la posibilidad de establecer allí vida autónoma.

Haroche considera que este tipo de planteamientos responden a una desmesura que ignora los límites físicos, comparable, señala, a la idea de alcanzar la inmortalidad. “Es el mismo tipo de pensamiento de quienes creen que podrán vivir para siempre. Completamente irracional", señala.

En este sentido, defiende la necesidad de fijar límites y priorizar el uso de los recursos frente a los problemas urgentes que afronta la Tierra, pues muchas de las tareas previstas para Marte podrían realizarse mediante robots, sin necesidad de enviar personas, expresa.

 

La importancia de la ciencia básica

Frente a estas expectativas, el Nobel de Física reivindica el papel de la ciencia básica, también en el ámbito espacial.

A su juicio, el desarrollo de infraestructuras en torno a la Luna puede considerarse parte de ese esfuerzo de investigación fundamental o básica, pese a su elevado coste.

Ese hacer ciencia por la ciencia, recuerda, es de donde proceden buena parte de los grandes descubrimientos tecnológicos de la actualidad, que parten de descubrimientos básicos realizados décadas atrás. “No puedes tener aplicaciones útiles si antes no tienes ciencia básica”, resalta.

Sin embargo, reconoce que este tipo de investigación choca con los tiempos de la planificación política, que es de lo que dependen muchos presupuestos, ya que los resultados son inciertos y requieren plazos largos.

“La escala temporal de la ciencia básica es mucho más larga que la de la política”, indica Haroche, lo que dificulta su encaje en sistemas con ciclos electorales cortos.

En este contexto, el físico apunta a China, cuya forma de gobierno le otorga una clara ventaja, dice, al poder planificar a largo plazo y contar con dirigentes con formación científica, mientras que en otras democracias los responsables políticos carecen de ese perfil, expone.

Esto contrasta, apunta, a lo que ocurre actualmente en Estados Unidos, antes líder en investigación científica y que actualmente, considera, está gobernado por personas que “no tienen ni idea de lo que es la ciencia” e incluso son “enemigos” de ella por razones ideológicas.

 

Problemas que solo puede resolver la ciencia

Más allá de la exploración espacial, Haroche alerta de que la ciencia afronta en la actualidad uno de sus mayores desafíos debido al aumento de discursos que cuestionan el conocimiento científico mediante ataques “irracionales”, vinculados a la falta de educación" y al resentimiento de sectores que se sienten excluidos del progreso".

Esto conecta, reflexiona, con advertencias ya formuladas en la Ilustración francesa sobre la necesidad de contar con ciudadanos formados. Sin esa base, apunta, las sociedades quedan expuestas a ser “engañadas por charlatanes”, como en la actualidad.

El físico cita como ejemplo la desconfianza hacia las vacunas y advierte de lo especialmente preocupante de que esto se produzca en un contexto en el que la humanidad afronta retos como el cambio climático, pandemias o la necesidad de energía limpia, problemas que, subraya, “solo pueden resolverse con ciencia”.

 

Crítico con la falta de regulación de la IA

Haroche se muestra crítico con el desarrollo sin regulación de la Inteligencia Artificial (IA) y los riesgos asociados a su desarrollo que, a diferencia de los ordenadores cuánticos, compara, ya está teniendo un impacto inmediato.

El Nobel afirma que el principal peligro reside en su uso para controlar poblaciones o manipular procesos electorales, y aboga por establecer reglas claras a nivel internacional que permitan garantizar la confianza en estas herramientas.

También expresa su preocupación por el papel de las grandes tecnológicas, cuyos dirigentes, dice, están alineándose con gobiernos que no actúan de forma racional, lo que podría derivar en intentos de “tomar el control del mundo” a través de estas herramientas.

Frente a este escenario, Haroche reivindica la inteligencia humana, con su capacidad de intuición, creatividad y experiencia acumulada, lo que la sigue haciendo insustituible. “El cerebro humano no es una máquina”, dice el científico, que rechaza las visiones que plantean un futuro dominado por una superinteligencia artificial, algo que considera una “pesadilla”.