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El guirre, el único buitre que surca el cielo de Lanzarote, se recupera al golpito tras rozar la extinción

Esta especie de alimoche canario, endémica de las islas, tiene más de 500 ejemplares batiendo sus alas por los cielos de Lanzarote, Fuerteventura y La Graciosa

Una pareja de guirres en Lanzarote. Vídeo: Aitor Gil

El difícil no impresionarse cuando un guirre (Neophron percnopterus majorensis) se abre paso surcando el cielo. Su plumaje negro y blanco brilla especialmente con el sol de Lanzarote y al batir sus alas puede llegar a medir, de extremo a extremo, más de un metro y medio.

El guirre es la única rapaz carroñera de Canarias y una subespecie del alimoche común o buitre egipcio. Su nombre en las islas, guirre, es uno de los guanchismos (las palabras usadas por los aborígenes), que aún perduran en el vocabulario de los canarios. 

La imagen del buitre se utilizaba en el Antiguo Egipto como símbolo del Faraón, del rey absoluto entre dioses y humanos. Sin embargo, a diferencia del resto de alimoches, el guirre canario es un endemismo, una subespecie que se separó de los otros alimoches hace miles de años y que ha creado su propio grupo en las islas.

A finales del siglo pasado estuvo a punto de desaparecer, de hecho, aún se encuentra en peligro crítico de extinción en Canarias y, por tanto, del resto del mundo. Aunque su recuperación es lenta, cientos de ejemplares ya vuelven a batir sus alas en el archipiélago y dan un halo de esperanza a la supervivencia de la especie.

Las principales diferencias entre el guirre canario y las subespecies continentales son genéticas y morfológicas. La subespecie canaria es "un poco más grande y pesada" que la continental, explica Aitor Gil, uno de los técnicos del equipo de campo de la empresa pública Gesplan en la isla, que se encarga de hacer un seguimiento de la Avifauna en Peligro de Extinción en Canarias. Gil trabaja junto a los técnicos Walo Moreno y Pablo Gustems en el seguimiento continuo de la especie en Lanzarote.

Su labor consiste en realizar un seguimiento directo de las parejas nidificantes, controlar la reproducción e inspeccionar el territorio para buscar nuevas parejas, así como detectar molestias y amenazas. Además de la recogida de datos de campo y el anillamiento de ejemplares.

El guirre de Lanzarote. Foto: Aitor Gil.

 

 

De casi desaparecer a más de 500 ejemplares batiendo sus alas

Miguel Ángel Cabrera, técnico del Servicio de Biodiversidad de la Dirección General de Lucha contra el cambio climático y Medioambiente del Gobierno de Canarias, lleva desde 1998, casi treinta años, haciendo un seguimiento de la especie en las islas. Aquellas campañas comenzaron con el apoyo de la Estación Biológica de Doñana.

Cuando comenzaron los primeros estudios de seguimiento, en Lanzarote solo había dos o tres territorios de cría de la especie, mientras que en Fuerteventura apenas se superaba la veintena. Sin embargo, en la actualidad, la isla majorera ya alberga 102 nidos, mientras que entre Lanzarote y el Archipiélago Chinijo se han registrado doce.

En total, en la campaña de 2025, detectaron en Canarias un total de 519 ejemplares, 283 individuos que aún no están en edad de reproducción. Mientras tanto, el técnico en Biodiversidad expone que las especies de Lanzarote y Fuerteventura deben contabilizarse como una única población, ya que al acabar la época de cría, los ejemplares que están en Lanzarote se reunen en la isla vecina. 

"El crecimiento en Fuerteventura ha sido muy grande y en Lanzarote va un poco más lento", explica Cabrera durante una entrevista con La Voz. Los territorios de cría son las áreas donde habitualmente suele anidar e incubar una pareja o un trío de guirres. "Suelen reutilizar la zona donde crían de forma habitual, pero no siempre es el mismo nido", puntualiza el biólogo. 

El técnico ambiental expone que la hipótesis que barajan es que la recuperación de la especie es mejor en Fuerteventura porque la isla es más extensa y que además tiene más recursos alimenticios disponibles. "Sigue habiendo mucho ganado libre, el guirre al final es un buitre que se alimenta de animales muertos y eso importa mucho", continúa. 

Cabrera expone que las restricciones sanitarias para evitar la contaminación ambiental por el abandono en los campos de animales procedentes del ganado afectaron a la población de guirres en Canarias, pero también a otras especies de buitres en la península.  Para paliar esta realidad, en Lanzarote se han distribuido tres muladares, puntos de alimentación complementaria, que se emplean sobre todo durante las épocas de cría.

Esta especie se alimenta de todos los animales muertos que encuentra, desde conejos a erizos, pero también puede alimentarse de otras aves que mueren. Cabrera expone que son "extremadamente eficaces en la localización de los cadáveres". "Es una especie necrófaga estricta, mientras sea materia muerta, prácticamente cualquier cosa que aparezca muerta en el medio natural son capaces de aprovecharla". 

Una pareja de guirres. Foto: Aitor Gil.

 

 

De las primeras cópulas a una delicada incubación

En el mes de febrero empiezan a formarse las primeras parejas y comienzan las primeras cópulas. Entre marzo y abril las hembras ponen dos huevos y arranca el periodo de incubación. Este tiempo de incubación en los guirres es de 42 días, explica Aitor Gil, que añade que aunque la puesta suele ser de hasta dos huevos, lo normal es que solo eclosione uno. 

"Entre febrero a julio es donde siempre estamos incidiendo, que la gente adopte medidas para evitar molestar y generar disturbios en la zona de los nidos", expone Cabrera. 

En este sentido, Cabrera expone que el guirre es una especie muy sensible a las molestias. Por ejemplo, que una pareja de senderistas pase cerca del nido puede suponer que la especie se aleje del nido, que dejen al pollo desatendido o que lo dejen de incubar, pero también puede afectar el tránsito de vehículos a motor como los buggies.

 

El guirre vuelve a criar en Timanfaya después de décadas

Cabrera indica que el crecimiento de la especie no ha parado desde el siglo pasado, siendo más rápido en la vecina isla de Fuerteventura. Sin embargo, no fue hasta la pandemia que se dio un hecho insólito: el guirre volvió a anidar en el Parque Nacional de Timanfaya en 2021 después de décadas sin reproducirse. 

Sin embargo, aunque la noticia sea optimista para este espacio natural protegido, Timanfaya no es el único lugar de Lanzarote que el guirre ha escogido para proteger a sus pollos. De hecho, Cabrera narra que solo este año se han registrado dos territorios de cría nuevos en Lanzarote

Con la esperanza puesta en su supervivencia, el guirre es el reflejo de que trabajar para proteger la fauna endémica de Canarias puede suponer salvar la existencia de una especie, aunque sea al golpito.