Fuera de Canarias es un gran desconocido y entre los residentes en las islas tampoco es muy común encontrar a quien sepa de su existencia, pero entre Gran Canaria y Tenerife hay un volcán submarino activo, que regularmente reclama atención en forma de movimientos sísmicos notables.
Con todos los ojos puestos desde hace un mes en el Teide por los miles de seísmos que se están registrando en su entorno, todos imperceptibles salvo para los instrumentos científicos, en una docena de municipios de Gran Canaria y Tenerife se ha sentido este jueves un leve temblor, que incluso ha hecho oscilar algunos objetos.
Ha tenido magnitud 4,1 e intensidad III. En Tenerife, lo han notado con claridad sobre las 12.26 horas en Santa Cruz, Güímar, La Orotava, Los Realejos, Santa Úrsula, Arafo, Arico y Los Silos y, en Gran Canaria, en Las Palmas, Agate, Santa María de Guía y Gáldar.
Pero, en principio, tiene poco que ver con lo que sucede bajo Las Cañadas del Teide: Su epicentro se ha localizado en el mar, a medio camino entre Porís de Abona (Tenerife) y La Aldea (Gran Canaria) y los científicos lo asocian a la actividad del volcán de Enmedio.
Se trata de un volcán identificado y cartografiado por primera vez hace relativamente poco, en 1994, que recibe su nombre por razones geográficas obvias: está justo entre Tenerife y Gran Canaria.
La revista 'Bulletin of Vulcanology' publica este mes una investigación del Instituto Español de Oceanografía (IEO), el Instituto de Ciencias del Mar de Barcelona y las Universidades de La Laguna (Tenerife) y Salamanca que lo describe por primera vez en detalle y que aporta evidencias de que genera actividad hidrotermal.
El volcán de Enmedio tiene forma cónica, con un diámetro en su base de 3,5 kilómetros, que está situada a una profundidad de entre 2.140 y 2.350 metros (la mayor corresponde a su mitad nordeste).
Es, de hecho, una montaña de altitud considerable (entre 560 y 730 metros, dependiendo de la vertiente por donde se mida), pero cuya cima está 1.625 metros por debajo de la superficie del mar.
Comenzó a formarse en el Pleistoceno medio, hace unos 240.000 años, en tiempo ya "humano", si se incluye en ese concepto al momento en que habitaban la Tierra los primeros homo sapiens, junto a otras especies más antiguas, como el homo heidelbergensis o el neandertal.
En cualquier caso, es mucho más joven que cualquiera de las actuales Islas Canarias, cuya edad oscila ente los 1,1 millones de años de El Hierro y los 22 millones de años de Fuerteventura.
El volcán de Enmedio presenta una importante fractura que lo cruza en dirección noroeste-sureste y que favorece la circulación de fluidos hidrotermales. Y, a su alrededor, hay al menos otros 20 conos volcánicos menores, algunos de ellos con cráter.
El trabajo que publica ahora el equipo liderado por el IEO detalla los cambios que provoca en el mar su actividad hidrotermal, como el hecho de que la columna de agua que se encuentra justo sobre su cima está medio grado más caliente que el océano que la rodea.
Sus flujos hidrotermales generan otra anomalía en forma de nutrientes disueltos en el agua: en sus cercanías, y sobre todo en la zona de la fractura, los niveles de amonio en el agua superan en un 400 % lo normal para esa zona del Atlántico y los de silicatos, nitratos, nitritos y fosfatos están entre un 3 % y un 8 % por encima.
Además, el volcán y su entorno generan habitualmente seísmos. El terremoto con 4,1 registrado este 26 de febrero en su zona no es el primero ni mucho menos el mayor: el 19 de mayo de 1989, Enmedio provocó un seísmo de magnitud 5,2, con cerca de 230 réplicas.