Opinión

La última oportunidad: no es tiempo de contemplaciones

El hecho de que una superpotencia como EE. UU. no se sienta obligada a respetar y obedecer ninguna ley, ni mucho menos, la soberanía e integridad territorial de un país integrante de la comunidad internacional supone la pérdida de confianza de lo que quiera que quede en pie de la legalidad internacional. 

El año 2026 acaba de iniciar y no parece que tenga muy buena cara: la intervención militar en Venezuela ordenada por el presidente de los EE.UU, Donald Trump, y la consiguiente “captura” de Maduro parece presagiar, por quien controla e impone de forma irrestricta “la ley del más fuerte”, un arrasamiento de las reglas establecidas en el orden internacional dadas tras la cruenta y casi ya olvidada Segunda Guerra Mundial. 

El segundo mandato de Donald Trump empieza a consumar los peores augurios: el aniquilamiento de los principios del orden internacional se verá sustituido por la ley de la selva, desafiando, si es que, no despreciando, a quienes defendemos y apostamos por un mundo basado en reglas. 

No obstante, lo peor de esta serie de violaciones del derecho internacional no ha hecho más que empezar, pues a este esperpéntico episodio le seguirán Colombia, Cuba, México, Groenlandia (territorio autónomo bajo la soberanía del Reino de Dinamarca y, por tanto, parte integrante de la UE). Salvase quien pueda, tan rápido como sea posible. 

Todo lo anterior no justifica el merecido rechazo y condena del régimen que ha gobernado Venezuela ininterrumpidamente desde 1998 – año en el que obtiene la primera victoria Hugo Chávez- por su grave y persistente violación de derechos humanos y enterramiento de los principios democráticos. No obstante, los métodos utilizados para extraer a Maduro del país merecen toda la crítica por cuanto contravienen todas las normas y procedimientos del Derecho internacional. 

A pesar de todo ello, se plantea recurrentemente la pregunta: ¿qué sentido tiene la UE y por qué seguimos formando parte de este proyecto de integración? 

La UE está formada por 27 Estados miembros y cada uno empuja hacia una dirección diferente. La UE no ha encontrado palabras conjuntas para rechazar con contundencia y firmeza, como grave agresión del Derecho Internacional, la agresión contra Venezuela, alejándose de su razón de ser en tanto que parangón irremplazable en el mundo en la defensa y promoción de los valores democráticos y de respeto de los derechos humanos. 

Estas dinámicas conducen a que las fuerzas reaccionarias campen a sus anchas y abonen el terreno del euroescepticismo, en parte alimentado de una crisis generalizada que no encuentra en el conjunto de las 27 soluciones mancomunadas que den respuesta a los problemas cotidianos de la ciudadanía europea en sus bolsillos, llegando a amenazar el crédito que aún le quede en la propia opinión pública europea. A pesar de ello, para quienes blasonen que “Europa ha muerto” o “está a punto de desaparecer”, habría que recordarles que, si Europa no existiera, habría que inventarla. 

Así las cosas, desde Equipo Europa Canarias, en este 2026 que ha comenzado en su revés más convulso, queremos recordar el 40 aniversario de la adhesión de España y, por tanto, de Canarias, a la Unión Europea. Se han escrito ríos de tinta y se han analizado los cambios y mejoras resultantes tras la adhesión: mayor desarrollo económico, corrección de las desigualdades a través de instrumentos de cohesión social, infraestructuras, libertades democráticas, políticas y económicas, y un largo etcétera. Todo ello tiene una impronta europeísta que no podemos olvidar nunca. Más aún en un mundo en el que el tablero geopolítico se juega entre Estados Unidos, China y Rusia. Sin la Unión Europea, no seríamos lo que somos, sino que estaríamos muchos más desprotegidos. 

Asimismo, Canarias, en tanto que Región Ultraperiférica, tiene mucho que luchar, defender y debatir, que por virtud del artículo 349 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea le corresponde hacer cumplir con las especificidades que contempla este estatuto en todos los resortes de la legislación europea. 

Así, en este nuevo Marco Financiero Plurianual 2028-2034, un gran potencial para poner en valor su competitividad en materia de energías renovables, investigación marina, el sector aeroespacial, hidrógeno verde, economía azul, etc. Todo ello dependerá de que los proyectos europeos que aterricen en la región tengan una estrategia claramente definida y con luz larga en la que resultará imprescindible la coalición entre empresas, instituciones y universidades, la conocida como “triple hélice”. 

Con todo, es evidente que Europa necesita cambios, más aún cuando la realidad geopolítica se impone a su fuerza en reclamar de la Unión Europea una voz edificante, con personalidad jurídica propia (art. 47.2 TUE) en un mundo definitivamente globalizado y revuelto, evitando mostrarse ausente en cualquier foro con voz única en la contribución de una globalización basada en reglas y respetuosa de un orden multilateral– y no siendo irrelevante y fútil para el conjunto de sus más de 450 millones de habitantes. 

No es tiempo de contemplaciones, sino de avanzar con perspectiva, poner luces largas y seguir defendiendo decididamente nuestra pertenencia a la UE como único resorte de esperanza y protección absolutamente necesario.