Opinión

Su último domicilio: La peor decisión

Ella  siempre lo decía  "cuando necesite muchos cuidados, me lleváis a una  residencia, no  quiero daros trabajo". Igual que hicimos con mis abuelos hace 25 años. 

Marisa, mi madre, tiene 85 años, es una mujer con artrosis, osteoporosis, sin dientes, con  la mitad de la lengua por un cáncer y enfermedad renal en estadio 5 que necesita ayuda  para  todo,  no  puede  caminar  y  apenas  levantarse  del  sillón  a  la  silla  de  ruedas  pero  su  cabeza funciona perfectamente. Es feliz con poco: sus libros, su cine clásico y comer cosas  ricas como una tortilla de patata de mi marido. 

Hasta Junio del año pasado ha estado viviendo en su casa, a 5 minutos de la nuestra. Una  señora la ayudaba. Hubo que ir aumentando sus horas y nosotros nos ocupábamos el  fin  de semana. Pero cada vez necesitaba más y dejarla sola por la noche era una preocupación  tremenda. 

Quizá  cuento  esto  porque   necesito  justificar  nuestra  decisión  de  solicitar  plaza  en  la  residencia. 

Total "si va a hacer lo mismo que en casa", " tendrá habitación individual y le llevaremos  una tele grande para que pueda ver sus películas", "el menú de la residencia es variado y  los  residentes  se  reúnen  una  vez  al  mes  para  hacer  sugerencias"  y  lo  más  importante  "estará mejor cuidada que en casa". 

Lanzarote es un paraíso para vivir pero no si eres una persona dependiente. Hay varias residencias pero sólo una  tiene plazas privadas: Amavir Tías. Para entrar en  las plazas públicas necesitas tener dependencia en grado 2 o 3. Para entrar en las privadas sólo tienes que pagar 2.600€/mes. 

Mi madre tiene grado 1. Llevamos 2 años esperando para la revisión de grado. 

Se  olvidaron de ella en la ducha,  recién duchada,  sentada en la  silla de baño. Se levantó,  con el suelo mojado, y consiguió llegar al andador y luego a su sillón. 

Le rompieron el audífono y nadie se hizo cargo hasta que llegué yo que estaba fuera de la  isla. Ya no podía ver sus películas y, lo malo, es que, en esas 2 semanas, se olvidó de cómo  se usa la TV. Ya no sabe hacerlo. 

Si lo que hay en el menú no lo puede comer, no le dan alternativa...probad a comer lomo  empanado sin dientes... 

Ha  dormido  sin  sábanas,  directamente  sobre el  protector  de  plástico  por  "una  rotura  de  stock" y la han secado con las sábanas de la noche húmedas por los escapes. 

Por  no  hablar  de la  de  veces  que me la  he  encontrado  con  el  pañal  desbordado  porque  lleva más de 8h sin que la cambien. 

Y, os recuerdo, paga 2600€/mes. 

Podría seguir porque la lista es interminable. 

Hemos  reclamado  usando  todas  las  vías  posibles  y  todos  piden  disculpas,  se  echan  las  manos a la cabeza, asienten intentando empatizar contigo pero no es suficiente. 

Lo peor es que Marisa ahora está triste y no tenemos otra opción.  

Ella no quiere estar allí... y yo tampoco quiero verla pasar allí sus últimos días.

Esto  es  lo  mejor  que  tenemos  para  nuestros  abuelos?   Esto  es  lo  que  nos  espera  a  nosotros? No deberían asumir las instituciones la responsabilidad para que las residencias  no deshumanizaran a nuestros mayores mientras recortan en sábanas para tener mayores  ingresos? 

Me gustaría destacar que, desde mi punto de vista, no es un problema de las personas que  trabajan allí. Hay algunos trabajadores que tienen una calidad humana increíble y hacen lo  que  pueden  por  los  abuelos.  No  podemos  olvidar  que  es  un  trabajo  muy  duro  física  y  emocionalmente. Esto es un problema de gestión y de supervisión.  

Por último me gustaría invitar a Marci Acuña a que visitara la residencia, sin avisar, que  entrara en el ala derecha y pensara si es normal que una residencia huela así.