Opinión

Don Benito, el conejo bueno

O cómo REIVINDICAR EL TERRITORIO Y LA DIGNIDAD DE LOS PUEBLOS

Está Super Bowl no fue solo un espectáculo: fue un acto de presencia. Cuando Bad Bunny tomó el medio tiempo del evento más visto del mundo, en un escenario gigantesco, lo hizo en español, con raíces, cultura y orgullo latino. Entre cañaverales y la cotidianidad de los placeres simples: un cafecito, una copa, unas uñas recién hechas, un corte de pelo; pero siempre rodeado de música, vecinos y baile.

Y, en simbiosis con la simpleza de la felicidad, dio la nota: la grandeza reside en que no ha sido solo música. Ha sido una declaración silenciosa y poderosa: que nuestras lenguas, nuestros ritmos, nuestras historias y nuestros territorios cuentan. Aunque estemos al otro lado del mundo, la periferia y la ultraperiferia contamos como cualquier centro. Y formamos parte.

Benito, que de conejo malo ayer tuvo poco, contó de manera poética que América Latina no está “en el margen”, sino que es centro de cultura, movimiento y dignidad.

Porque reivindicar territorio no es geografía: es identidad, voz y huella. Y cuando una voz latina resuena ante millones sin pedir permiso, está diciendo algo profundo: que todas las existencias importan y que cada experiencia construye un mundo multicultural. Pero, sobre todo, está diciendo que nuestra herencia como seres que habitamos este mundo es digna de ser celebrada, no disminuida.

Más cuidado del planeta en su conjunto y menos egocentrismos supremos. Ha quedado más que evidente que así, muy bien, no nos va.

Viva Don Benito y viva la cultura que hace política sin pedir permiso.