Opinión

La democracia no se hereda: se cultiva cada día

“La desinformación organizada erosiona la confianza pública, desacredita los avances logrados en igualdad y derechos y borra de la memoria colectiva todo lo que en este país hemos construido gracias a políticas progresistas. Ninguna sociedad libre puede permitirse este retroceso”

La democracia es un milagro cotidiano que a veces olvidamos. Es poder reunirnos en una plaza sin pedir permiso, debatir sin miedo, disentir sin temor a represalias.

Es saber que ninguna persona será detenida por opinar ni silenciada por pensar distinto ni castigada por ser quien es. La democracia en España es ese espacio común donde la palabra sustituye al grito, donde el respeto vence al miedo. Es igualdad de oportunidades, de derechos y la certeza de que cada persona tiene un lugar en la vida pública.

Y es precisamente esa libertad, tan normalizada hoy, la que debemos proteger con más fuerza que nunca.

Porque la democracia no se debilita de golpe. Se desgasta cuando dejamos de cuidarla. Cuando normalizamos actitudes que antes nos habrían alarmado. Cuando aceptamos que la mentira forme parte del debate público. Cuando permitimos que el insulto sustituya al argumento. Cuando dejamos que la sospecha se imponga a los hechos. Y cuando olvidamos que hubo un tiempo, una dictadura no tan lejana, en la que no podíamos elegir a quienes nos gobernaban, ni reunirnos libremente, ni expresar nuestras ideas sin miedo.

“La política municipal es la primera escuela de democracia: aquí es donde la ciudadanía ve si se gobierna con respeto, si se rinde cuentas, si se escucha, si se dialoga incluso cuando hay desacuerdo. Aquí es donde demostramos que la política puede ser útil, honesta y cercana”
 

Hoy asistimos a un fenómeno especialmente dañino: la manipulación deliberada de las narrativas públicas. Grupos organizados de extrema derecha —a veces actuando en la sombra y otras a plena luz— difunden falsedades, distorsionan hechos y alimentan un clima de sospecha permanente. 

Utilizan las redes sociales para llegar a quienes no recuerdan, no vivieron o desconocen lo que significó que te priven de libertades. Y lo hacen con un objetivo claro: erosionar la confianza en las instituciones, desacreditar los avances logrados en igualdad y derechos, y borrar de la memoria colectiva todo lo que este país ha construido gracias a políticas progresistas que han ampliado libertades, reforzado los servicios públicos y garantizado derechos que antes no existían.

No podemos permitir que estas mentiras circulen sin freno. No podemos aceptar que se banalice la dictadura, que se ridiculice la igualdad entre mujeres y hombres, que se ataque la educación pública o que se siembre la idea de que “todo da igual”. Porque nada da igual. Cada derecho que hoy disfrutamos fue conquistado con esfuerzo, con diálogo y con valentía. Y cada retroceso empieza siempre con la indiferencia.

Como alcalde de San Bartolomé, creo profundamente en el trabajo diario, en la educación, en la escucha activa y en la memoria histórica como pilares de una convivencia sana. La política municipal es la primera escuela de democracia: aquí es donde la ciudadanía ve si se gobierna con respeto, si se rinde cuentas, si se escucha, si se dialoga incluso cuando hay desacuerdo. Aquí es donde demostramos que la política puede ser útil, honesta y cercana.

Por eso debemos rechazar con firmeza ciertas prácticas que hoy se han vuelto demasiado frecuentes: convertir la discrepancia en enemistad, deslegitimar las instituciones cuando no nos favorecen, difundir medias verdades, atacar los derechos de las mujeres o trivializar el pasado autoritario de nuestro país. Nada de eso construye. Todo eso divide.

La democracia española fue conquistada con esfuerzo. 

No podemos permitir que se diluya entre la desinformación, la crispación o la nostalgia mal entendida. La libertad no se hereda: se cultiva, se construye, se enseña y se practica. Y se defiende de quien la tergiversa o manipula. 

La democracia no es perfecta pero sí es el único sistema que garantiza que podamos construir un futuro mejor que nuestro pasado. Cuidarla es nuestro deber.