Opinión

Cuando la extrema derecha vota junta contra las pensiones

Hay días en los que la política deja de fingir.
Días en los que se vota y, con el voto, se retrata a cada cual.
Hoy ha sido uno de esos días.

Porque cuando el Congreso vota la subida de las pensiones, no se vota un tecnicismo ni un matiz parlamentario.
Se vota algo mucho más simple: si se está del lado de quienes han trabajado toda su vida o del lado del cálculo político.

Y hoy, PP, Vox y Junts han votado juntos en contra.

Del PP y Vox no sorprende demasiado.
En su manual ideológico, las pensiones nunca son un derecho consolidado, sino un gasto incómodo.
Siempre hay una excusa: que no es el momento, que no hay dinero, que es irresponsable.
Excusas que curiosamente desaparecen cuando toca rescatar bancos o bajar impuestos a los de siempre.

Vox, además, ni disimula: vota en contra de cualquier medida que huela a justicia social.
Es coherencia, aunque sea con una visión profundamente insolidaria del país.

Lo verdaderamente revelador es Junts.

Porque ya va siendo hora de decirlo sin rodeos ni complejos:
Junts actúa hoy como la extrema derecha catalana.
No es un partido transversal.
No es un actor difícil de encajar.
Es derecha dura, neoliberal y perfectamente cómoda votando con PP y Vox cuando toca tumbar derechos sociales.

La excusa vuelve a ser la de siempre:
que el decreto mezclaba cosas,
que las pensiones deberían votarse aparte,
que no era la forma.

Una coartada elegante para esconder una decisión muy concreta: votar no.

Este voto no castiga a un gobierno.
Castiga a millones de personas mayores que viven pendientes de cada subida, de cada recibo, de cada euro.
Personas que ya han cumplido con su parte del contrato social.

Cuando PP, Vox y Junts coinciden en un voto así, no es casualidad.
Es ideología.
Es una manera concreta de entender la política: identidad y estrategia por delante de derechos.

Hoy han votado juntos.
Y conviene tomar nota.