En Arrecife se ha instalado una narrativa curiosa: todo va bien, pero hay que pedir disculpas. Esa es, en esencia, la carta que Echedey Eugenio ha dirigido a carnavaleros y carnavaleras para explicar por qué las galas y concursos del Carnaval vuelven al antiguo Recinto Ferial. Una carta extensa y emotiva que llega justo cuando la Fiscalía revisa contratos, gastos y expedientes festivos.
La carta viene a decir que no había alternativa, que el contrato del escenario se cayó, que no había tiempo y que la maquinaria administrativa es lenta. Y conviene dejar algo claro desde el principio: el Carnaval se defiende. Es cultura popular, identidad y trabajo colectivo.
Ahora bien, defender el Carnaval no significa aplaudir la improvisación. Y aquí surge una pregunta legítima: ¿antes la maquinaria administrativa no era lenta? Porque para fiestas pasadas, con grandes gastos y montajes ambiciosos, no parecía haber problemas de tiempos ni contratos caídos.
Resulta curioso que las excusas aparezcan justo ahora, cuando la Fiscalía investiga la contratación y el gasto festivo. No es una acusación, es una observación política: las explicaciones llegan cuando empiezan las preguntas.
El Carnaval merece respeto, planificación y transparencia. No puede gestionarse a base de urgencias ni cartas de última hora. La fiesta se celebra, pero el dinero público se gestiona con rigor.
El Carnaval se salva cada año gracias a su gente. La gestión, en cambio, necesita algo más que cartas.