Opinión

Con todo el dolor de mi corazón

Nova Kirkpatrick

Concejal del PSOE de Arrecife

Este fin de semana termina la Feria de Abril, la de Sevilla, la de verdad, y me es imposible no recordar la cara de compunción de la concejala Elisabeth Merino, del Partido Popular, responsable de Turismo, Deportes y Recursos Humanos, cuando hace unas semanas anunció que este año no iba a haber Feria de Abril en Arrecife. Y lo dijo con dolor. Mucho dolor. Todo el dolor de su corazón.

Una imagina la escena: noches sin dormir, pañuelos empapados, una sevillana sonando de fondo mientras se toma la durísima decisión de cancelar farolillos y rebujitos. Porque si algo desvela a los responsables públicos de este grupo de gobierno es, sin duda, la ausencia de casetas.

Una agradece la sinceridad. No todos los días una representante pública se abre en canal por la cancelación de una fiesta temática en una ciudad que ni es Sevilla ni tiene río Guadalquivir.

Pero qué alivio saber que, al menos en el terreno sentimental, el Ayuntamiento funciona.

Porque si hablamos de otras dolencias, quizá el corazón municipal tenga una curiosa selectividad.

Duele la Feria. Pero no parece doler que centenares devecinos y vecinas de Arrecife hayan tenido que plantearse acudir a la Justicia para poder simplemente descansar en sus propias casas. Descansar. Ese lujo asiático.

Duele que no haya casetas. Pero no duele que en Valterra sigan esperando que se resuelva la titularidad de sus viviendas, como quien espera una herencia que nunca llega.

Duele cancelar sevillanas. Pero no duele que en Titerroy haya familias viviendo con sus casas apuntaladas, confiando más en la madera que en la gestión pública.

Duele suspender una portada iluminada. Pero no duele que el barrio más populoso de Arrecife no tenga ni siquiera una Biblioteca Municipal. No una macroinfraestructura, una biblioteca. Un lugar con libros y silencio. Aunque visto lo visto, quizá el silencio sea precisamente el problema. Tal vez deben de estar pensando que pa’ qué una biblioteca si, en fin, entre las dos o tres horas que emplean los vecinos y vecinas de Argana para ir a trabajar a las zonas turísticas por la falta de un intercambiador, y las dos o tres horas para volver a sus casas tras la jornada laboral, ¿quién tiene tiempo y ganas para acudir a semejante invento?

Duele la ausencia de farolillos, pero no parece doler que todavía estemos esperando la cesión del suelo para el centro de salud de Argana.

Duele no poder brindar con rebujito, pero no duele que los clubes deportivos reciban en febrero de 2026 las subvenciones de la temporada 2024-2025. El deporte base siempre ha sido muy de resistencia: ¿qué mejor entrenamiento que sobrevivir un año entero sin cobrar?

Duele no inaugurar una feria, pero no duele carecer de un tanatorio municipal, ni de un centro de respiro familiar, ni de baños públicos suficientes en una ciudad que presume de turística mientras obliga a residentes y visitantes a practicar el noble arte de la improvisación fisiológica.

Duele que no haya Feria, pero la Playa del Reducto estuvo más de cinco meses cerrada al baño sin que el luto institucional haya alcanzado semejante intensidad dramática.

Eso sí: para proteger bicicletas inexistentes sí, hemos sido creativos. Ahí están esos “champiñones” urbanos brotando por la ciudad, guardianes férreos de un ciclismo imaginario. Una metáfora perfecta: protegemos lo que no está y desprotegemos a quienes usan a diario un transporte público manifiestamente mejorable.

Y hablando de vivienda, esa minucia, duele que el grupo de gobierno haya votado en contra de la declaración de zona tensionada, renunciando así a la posibilidad de poner techo a los alquileres en una ciudad donde cada vez más gente vive con el agua al cuello. Pero claro, los alquileres no se decoran con lunares.

Porque en Arrecife hemos aprendido algo importante: los problemas estructurales no se solucionan, pero al menos se iluminan con bombillas de colores. Y si no hay bombillas, entonces sí que duele. Duele en el corazón.

Una no duda de que la concejala sufre. Lo que ocurre es que la ciudadanía también sufre, aunque sus dolores sean menos festivos y más cotidianos. Pero, parece que el único dolor que merece comparecencia solemne es el de la Feria.

Con todo el dolor de mi corazón, permítanme la licencia,quizá lo que se ha cancelado este año no haya sido una fiesta.Una de muchas. Quizá el problema es que nos hemos acostumbrado a que el calendario festivo marque la intensidad de la emoción política.

Y eso sí, que debería dolernos.