Opinión

Los cinco de Mauthausen

¿Qué hacían en el campo de concentración nazi de Mauthausen cinco conejeros durante la II Guerra Mundial?, ¿qué delito habían cometido para terminar allí?, ¿cómo es posible que durante cerca de cincuenta años (hasta la publicación de las primeras investigaciones históricas en las II Jornadas de Historia de Lanzarote y Fuerteventura en 1985) la población de Lanzarote e, incluso, familiares directos de los deportados no conocieran esta historia?

A estas preguntas trata de dar respuesta el libro del historiador Pedro Mayo titulado Los cinco de Mauthausen, editado recientemente por Caballos Azules en su colección Cronos. El libro cuenta con una amplia bibliografía, así como con una relación de los archivos y fuentes de documentación consultados por el autor que ponen de manifiesto el rigor metodológico y el sólido trabajo de investigación que sustentan la obra.

Confieso que soy un profesor de Historia bastante particular. En mi escaso tiempo libre, me resulta más estimulante acercarme al pasado a través de la poesía de Constantino Cavafis o Ezra Pound, o de las novelas de Marcel Proust, tal y como propone Adam Zagajewski en su ensayo Poesía para principiantes. Sin embargo, no le hago ascos —ni mucho menos— a una investigación histórica como esta, que, en el contexto bélico actual y desde el lugar en el que nos encontramos, nos interpela directamente.

No todo está contado en la Historia, como le insisto muchas veces a mi alumnado: aún quedan muchas voces por rescatar, muchas historias por reconstruir, y quizá un día, alguno de ellos, pueda convertirse en protagonista de esa búsqueda. Conocer el pasado no es solo un ejercicio académico, sino una forma de comprender quiénes somos y de dar sentido al presente. Como señaló el historiador Pierre Nora, “la memoria es vida, siempre encarnada en grupos vivos”, y por ello su preservación y estudio constituyen una tarea fundamental para cada nueva generación.

Desde esa responsabilidad de cada generación hacia la memoria colectiva cobra sentido el trabajo de Pedro Mayo que aquí nos ocupa. El libro se abre con una breve pero esclarecedora contextualización de la isla de Lanzarote en 1936, que por entonces contaba con poco más de 20.000 habitantes y una economía centrada fundamentalmente en la agricultura de subsistencia, marcada por episodios recurrentes de hambruna. A ello se sumaban elevados índices de analfabetismo, cercanos al 70 %, y una situación de pobreza generalizada. En este contexto, la limitada conciencia social de la clase trabajadora, junto con el carácter aún incipiente del movimiento sindical y la persistencia de estructuras de poder de tipo caciquil, contribuyen a explicar el escaso respaldo obtenido por la coalición electoral del Frente Popular en las elecciones celebradas ese mismo año.

Después analiza la represión en Lanzarote, tras la sublevación militar de 1936, donde se estima que hubo un poco menos de un centenar de detenidos acusados de pertenecer a partidos o movimientos sindicales de izquierda. Dentro del colectivo de marineros, pescadores y otros trabajadores del mar encontramos un buen número de personas contrarias al régimen. Entre ellos algunos de los protagonistas de este libro: Domingo Cedrés Arrocha, Rafael Arrocha Elvira, Domingo Padrón Valiente, Pedro Noda de la Cruz y Jacinto Morales Perdomo. Nombres que no deberían volver a caer en el olvido.

La investigación sigue el itinerario vital de estos cinco hombres, marcado por la Guerra Civil, el exilio y la deportación nazi. Tras huir o combatir en el bando republicano, muchos pasaron por campos de refugiados en Francia y fueron integrados en unidades de trabajo o en el ejército francés, hasta ser capturados por las tropas alemanas. Considerados apátridas por el régimen franquista, fueron enviados al complejo de Campo de concentración de Mauthausen y a sus subcampos, donde padecieron condiciones extremas de explotación, violencia y muerte, especialmente en Campo de concentración de Gusen.

El relato se detiene con especial atención en Gusen, uno de los espacios más letales del sistema concentracionario nazi. Concebido inicialmente como subcampo destinado a la explotación de mano de obra esclava en canteras y, posteriormente, en la industria armamentística, destacó por la brutalidad de sus condiciones: jornadas extenuantes, alimentación insuficiente y una violencia sistemática que provocó una altísima mortalidad. Algunos de estos hombres murieron allí; otros lograron sobrevivir y rehacer sus vidas en el exilio francés, sin regresar nunca a España.

Más allá de la reconstrucción de unos hechos históricos, la obra se sitúa en el ámbito de la memoria colectiva, subrayando la importancia de rescatar del olvido las trayectorias de quienes fueron víctimas de la represión y el exilio. La historia de estos cinco conejeros no solo ilumina un episodio poco conocido del pasado insular, sino que también evidencia los prolongados silencios que han marcado su transmisión durante décadas.

En este sentido, el trabajo de Pedro Mayo contribuye de manera decisiva a restituir la dignidad de estas vidas y a reforzar la necesidad de preservar una memoria histórica que nos permita comprender el presente desde una perspectiva más crítica y consciente. En definitiva, Los cinco de Mauthausen es una obra que amplía nuestro conocimiento de una época que no debemos olvidar, tanto por su rigor como por su capacidad para rescatar una historia profundamente humana. Una lectura necesaria que nos recuerda, en última instancia, que el pasado —cuando se narra con honestidad— es siempre algo que nos concierne.