Opinión

Aunque no me recuerdes, yo siempre seguiré

El reloj marcaba las siete de la mañana. Nerea se había hecho daño en un dedo; le latía con un dolor constante, pero no era eso lo que le preocupaba ni lo que la dejaba sin aliento. Era el miedo de llegar tarde.

Llegó al Centro de Salud y, mientras la enfermera vendaba su dedo, ella miraba el reloj como si cada segundo fuera interminable. La joven enfermera le preguntó:

—¿Es tan importante?

—Es mi marido. Está enfermo de Alzheimer avanzado. Ya no me reconoce. 

La enfermera dejó de moverse un instante.

—¿Y para qué va cada día?

Nerea no respondió de inmediato. Cuando habló, su voz se le quebraba.

—Ojalá supiera lo que es vivir más de medio siglo sintiéndose elegida. No deseada… elegida. Hay una gran diferencia.

—Mi marido me anteponía a todas. No porque yo lo exigiera y no por miedo, sino porque, para él, yo era primero; y no solo delante de mí, incluso cuando yo no estaba. Jamás tuve que competir, nunca sospeché; estaba segura y eso me hacía feliz.

Las lágrimas descendieron por sus mejillas.

—Eso cambia la estructura emocional de una persona. Cuando alguien te respeta de manera constante, tu sistema nervioso aprende que el amor es bastante seguro. No vives en permanente alerta; es muy tranquilizador no comprobar cada gesto. Descansas y quieres.

La enfermera ya no podía ocultar su emoción.

—Ese apego te hace sentir honrada, aunque no estés presente. Ahora soy una desconocida.

El silencio fue casi insoportable.

—Duele como si te arrancaran la historia del pecho y los recuerdos solo estuvieran en ti.

Tocó su corazón.

—Yo voy porque, aunque él no me recuerde, yo recuerdo quién fue conmigo.

Una hora después, en la residencia, se sentó frente a su querido Luís.

No la reconocía. No sabía su nombre. No recordaba que aquella mujer había sido su hogar.

Ella tomó su mano y él no la apartó.

Los pacientes con Alzheimer primero pierden la memoria declarativa —la de los hechos, nombres y las fechas—, pero la memoria emocional y corporal puede permanecer mucho tiempo más.

Él no la apartó y ella pegó su cara a la de él.

—Luis, mientras yo recuerde, nuestro amor seguirá vivo.

Desde la teoría del apego de John Bowlby, las relaciones que se construyen sobre respeto constante generan lo que se llama apego seguro. Este tipo de vínculo crea en el cerebro circuitos de calma, confianza y regulación emocional. Cuando una persona vive décadas sintiéndose respetada, su sistema nervioso aprende que el amor no es amenaza; se consolida su autoestima y es la manera más sana de querer.

Aunque la memoria cognitiva se deteriore, la huella emocional permanece en quien la recibió. Por eso ella no lo abandona. No actúa solo desde la emoción romántica, sino desde la coherencia interna construida durante muchos años.

El respeto repetido crea seguridad, y la seguridad crea apego sano; ese apego deja una memoria emocional que no depende del recuerdo consciente.

Por eso ella va, no porque él la reconozca, sino porque el amor que recibió fue real, íntegro y estable. Y lo real no se abandona cuando se vuelve frágil. Fue amada con dignidad.

Porque cuando nos aman con respeto verdadero, aunque la memoria se apague… el corazón sigue sabiendo a quién pertenece.

“La memoria es el único paraíso del que no podemos ser expulsados.” — Benito Pérez Galdós.

En mi memoria sigues papá, mamá sigue recordándote .