El consistorio barcelonés se ha fijado como meta erradicar las visitas de cruceros que solo hacen parada de unas horas en la ciudad. Para lograrlo, la estrategia municipal se basa en un fuerte incremento fiscal y una reducción de la infraestructura disponible, priorizando que el puerto funcione exclusivamente como punto de inicio o final de trayecto (puerto base).
Barcelona aumentará la tasa turística, ya que, a partir de 2027, los pasajeros que permanezcan menos de doce horas en la capital pagarán 8 euros de tasa, el doble de lo actual.
Además, planea desmantelar infraestructuras para pasar de las siete terminales actuales a solo cinco, restringiendo así el número de buques que pueden atracar simultáneamente.
Y es más, el alcalde Jaume Collboni ha manifestado su intención de solicitar que se elimine el tope legal de 8 euros para poder encarecer aún más las tasas a los cruceristas de tránsito en el futuro.
"Mi objetivo es reducir a cero las escalas de cruceros en la ciudad de Barcelona en los próximos años", afirmó Jaume Collboni, subrayando que este modelo de turismo no pernocta pero sí genera un gasto significativo en servicios públicos.
Los fondos obtenidos mediante este incremento impositivo se destinarán a mitigar el impacto del turismo de masas, invirtiendo en el mantenimiento de las zonas con mayor presión de visitantes y mejorando el bienestar de los residentes en los distritos más saturados.
Esta medida llega tras un 2025 de actividad récord, en el que el puerto de Barcelona reafirmó su hegemonía en España con 832 escalas y un movimiento de casi 3,9 millones de cruceristas, cifras que el Ayuntamiento considera insostenibles bajo el modelo actual.
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