Souleiman, Babacar, Omar, Mamadou, Birame, Ibrahim, Mussa y Mahruf hacen las maletas en Tenerife para mudarse a centros para menores de la España peninsular. Llegaron a Canarias en cayuco en 2023 y 2024, tienen entre 13 y 15 años y llevan todos sobre sus hombros la esperanza de sus familias.
Esta semana se cumple un año de la reforma de la Ley de Extranjería que obligó al resto de comunidades autónomas a compartir con Ceuta, Melilla y Canarias la responsabilidad de acoger a los niños y adolescentes que llegan sin sus padres en pateras y cayucos.
Más de un millar han sido trasladados desde agosto, pese la batalla judicial emprendida por las comunidades que se resisten a acogerlos, las polémicas políticas e, incluso, algunas protestas en localidades donde ha calado entre ciertos vecinos el cliché que los identifica con problemas. Ese que los reduce al acrónimo 'menas'.
La Agencia EFE ha compartido un día con ocho menores de Senegal, Gambia, Mali y Guinea acogidos en un centro de un pueblo del norte de Tenerife, para conocer la razones que les empujaron al cayuco y escuchar los planes que hacen para su nueva vida en Galicia, Andalucía, Castilla-La Mancha y la Comunidad de Madrid.
Los ocho llegaron a El Hierro y Tenerife en 2023 y 2024, los dos años récord de la Ruta Atlántica que hicieron colapsar a la red de acogida de Canarias y llevaron, por momentos, a abrir centros casi de la noche a la mañana, hasta sumar casi 6.000 menores tutelados.
Son una buena muestra de los menores que están siendo trasladados a la península: adolescentes, subsaharianos y deseosos de poder trabajar para enviar dinero a sus familias. La mayoría abandona esta semana la que ha sido durante meses su casa en Tenerife.
Souleiman (Mali), 13 años
El más pequeño del grupo, de 13 años, estudiaba en una escuela coránica en Mali. Llegó hace año y medio a El Hierro con su hermano mayor. No recuerda cuánto tiempo pasó desde que abandonó su casa hasta que se embarcó en un cayuco en Mauritania... o prefiere no recordarlo, porque admite que fue duro. Su hermano está ya en Francia.
Él quiere quedarse en España, estudiando. Está decidido a ser médico. "Mis padres me dicen que para eso tengo que estudiar mucho". Lo hará, promete; se le da bien. Cada semana lo demuestra en su instituto. Sus planes continuarán ahora en la Comunidad de Madrid.
Babacar (Senegal), 15 años
Entre los jóvenes del centro, Babacar es de los que mejor se desenvuelve en español. Lo estudiaba en Senegal, junto al francés, porque le resultaba más fácil que el árabe. Probablemente abandonará pronto los estudios: quiere ser carpintero para ganarse la vida y echar una mano a los tres hermanos que dejó en Senegal.
Llegó en octubre de 2024 a El Hierro con cien personas más en el cayuco. "Vine por la situación de mi país. Mis padres creían que si me quedaba en Senegal no iba a tener futuro", confiesa.
Omar (Gambia), 15 años
A diferencia de sus amigos, que entrenan en equipos de fútbol de Tenerife, lo de Omar es la lucha canaria. No hace falta que lo diga, su cuerpo habla por él. Ya practicaba lucha senegalesa en Gambia, por lo que engancharse al deporte por excelencia de las islas fue fácil.
Sonríe cuando le dicen si quiere ser como el maliense Mamadou Camara, el puntal A del Tegueste, un titán de los terreros que también llegó de niño en un cayuco, en 2008. A Omar lo rescataron en El Hierro en 2024. Esta semana vuela a Galicia. Echará de menos la lucha, pero su plan ahora es convertirse en un buen soldador.
Mamadou (Senegal), 14 años
Si se les pregunta a los muchachos africanos cuándo llegaron a Canarias, la mayoría responde con una perífrasis o una aproximación. Mamadou, no.
Él suelta la fecha con aplomo: el 9 de septiembre de 2024. Asegura que no se le olvida por que "fue un día importante, un día feliz", después del frío que pasó en el cayuco.
Sale para Galicia con Omar, así que se interesa por cómo es esa región española. "¿Llueve mucho?, ¿más que aquí?". No parece alegrarle mucho la respuesta, pero su cara cambia cuando le dicen que Galicia es tierra de buenos pescadores. Él también quiere serlo.
Birame (Senegal), 15 años
Se subió a un cayuco a El Hierro con doce años porque su tío iba a emigrar y su madre le animó a seguirlo. Quiere ser actor. Es más, cree que lo suyo es la comedia, pero por ahora echa de menos la comida de casa, el 'ceebu jën' (arroz con pescado), que para todo senegalés es como para un valenciano la paella: identidad.
"Quiero tener mucho dinero antes de volver. Con lo primero que gane, me gustaría llevar a mi padre y a mi madre a la Meca. Y hacerle una casa a mi familia". Son los sueños de Birame, que se mudará en breve a la península. No tiene centro de destino aún, pero él espera que sea en Andalucía, porque tiene un tío en Almería.
Ibrahim (Senegal), 15 años
Hace ya año y medio desde que llegó a Tenerife, pero le sigue dando vergüenza mirar a la cara a su interlocutor. Como muchos chicos africanos, Ibrahim está acostumbrado a bajar la mirada cuando le habla un mayor, por respeto. Lo sigue haciendo, por más que su educador le explica que en Europa es justo al revés.
Se irá pronto a otra comunidad. Aunque no tiene destino asignado, le gustaría que fuera Barcelona, para ser un buen cocinero. En Tenerife ha hecho buenos amigos. "Y una amiga", confiesa, antes de que le interrumpan las risas y los 'uy, uy, uuuuy' de los demás chicos del centro. Son adolescentes, las hormonas bullen.
Mussa (Guinea), 14 años
De todos, es el único que quiere ser futbolista. Entrena con disciplina, pero no le permiten jugar. Hay decenas de niños africanos como él en Canarias, que cada fin de semana se desconsuelan en la grada, porque la FIFA los considera fichajes internacionales y no tramita sus fichas. En breve, estará en un centro de Andalucía, pero dice que, en cuanto sea mayor, seguirá su camino a Francia.
"Mi madre me pregunta si va todo bien. Yo les digo que sí", dice. También en su casa desconocían que iba a emigrar. Fue en 2024. Su cayuco lo condujo a Tenerife. Ni sabía que había llegado a una isla.
Mahruf (Gambia), 15 años
En su caso, fue su madre la que le animó a buscarse un futuro en Europa, como había hecho antes su tío, solo que él llegó a Italia, por el Mediterráneo. Mahruf no ha oído hablar de Libia, ni de los abusos que sufren allí miles de migrantes. Solo sabe que su tío le aconsejó buscarse otra ruta. Su destino en breve será un centro de Castilla-La Mancha, pero a él el cayuco lo llevó a Tenerife en 2023.
En la travesía, murió uno de sus 190 compañeros. Se tiró al mar en un deliro. Casi ningún niño de los cayucos reconocerá que pasó miedo en la travesía. Mahruf tampoco: "Yo, no. Solo me daba miedo mirar al mar". Siete días enteros estuvo rodeado nada más que por un océano.