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Un proyecto subacuático desentraña cómo era el comercio de los antiguos pobladores de Lanzarote

Una expedición científica dirigida por las dos universidades públicas canarias investiga los restos de objetos que cayeron al mar desde la época de la conquista

Exploraciones en San Marcial de Rubicón. Foto: Cedida.

La arqueología es una ciencia que permite estudiar cómo era la vida de las sociedades antiguas a través de elementos materiales. Dentro de esta rama, la arqueología submarina es la gran desconocida. "La arqueología subacuática es una rama de la arqueología que se encarga de estudiar las culturas del pasado a través de los restos materiales que encontramos en el agua", explica Sebastiá Munar, uno de los tres arqueólogos subacuáticos han estudiado los fondos marinos del yacimiento de San Marcial de Rubicón, en Yaiza.  

San Marcial de Rubicón fue la primera ciudad europea que se fundó en Canarias. El bautizado como Proyecto Rubicón es una investigación llevada a cabo por las dos universidades públicas canarias, la Universidad de La Laguna y la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, que trata de ahondar en cómo era la vida de los antiguos pobladores del archipiélago. Para ello, han extendido sus prospecciones arqueológicas también hacia el mar. 

A comienzos de este 2026, esta expedición científica inició su primera excavación subacuática en el litoral de Lanzarote. Durante catorce días, un grupo de tres arqueólogos submarinos, guiados con las directoras del proyecto, María del Cristo González, de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, y Esther Chávez, de la Universidad de La Laguna, inspeccionaron los fondos marinos localizados entre Punta del Papagayo y la Playa de los Pozos.

 

Treinta y seis puntos que resultaron ser basura marina

El comienzo de esta expedición se basó en estudiar los puntos de interés determinados tras una prospección geofísica marina realizada en 2021, que a través de un sonar de barrido lateral permitió detectar hasta 36 objetos sumergidos. Así lo ha explicado a La Voz, Esther Chávez, codirectora del proyecto. Los trabajos marítimos en la zona se habían paralizado hasta obtener toda la documentación exigida por la Demarcación de Costas y a la espera de obtener financiación.

"Nos dimos cuenta de que la mayor parte eran elementos de fondeo asociados a embarcaciones recreativas", añade el arqueólogo subacuático Munar. La zona en la que arrancaron las prospecciones subacuáticas es frecuentada por cientos de embarcaciones de recreo a lo largo del año. "Todo eso tiene un impacto en el fondo marino, pensábamos que no todo iba a ser reciente, pero sí", añade la directora del proyecto arqueológico Esther Chávez. "Utilizan el fondo marino como un basurero, es una pena", lamenta. 

Así, la basura submarina generada por las embarcaciones de recreo pueden afectar a la conservación de restos patrimoniales, sobre todo, a través del "garreo" que provocan las anclas al arrastrarse por el fondo marino. 

Tras invertir tiempo y dinero en esta zona y toparse con esta cantidad de basura marina, ampliaron la zona de rastreo y localizaron un espacio a mayor profundidad donde sí hallaron materiales arqueológicos pertenecientes a un antiguo fondeadero. 

Sebastià Munar se enfundó el traje de buceo junto a sus compañeros Stella Rendina y Ximo Gual de Torrella, con quienes trabaja habitualmente. Aunque era su primera vez en Lanzarote y también en el archipiélago canario, Munar ha realizado prospecciones en otros puntos del país como Murcia o Cataluña y, en mayor parte, en su archipiélago natal, Baleares. 

Los tres arqueólogos subacuáticos fueron asistidos por el patrón de la embarcación, Íñigo Labarga y asesorados por el también arqueólogo submarino Sergio Olmo, que había redactado el proyecto, pero por problemas de salud no puede sumergirse.

 

Buzos remolcados por un barco 

En su primera vez en Lanzarote, en particular, y en Canarias, en general, este trío de arqueólogos subacuáticos inspeccionaron aguas entre los cinco y los 25 metros de profundidad. Por lo que el tiempo que podían dedicar a la inmersión variaba: "A mayor profundidad, menor tiempo de fondo que podemos estar trabajando", explica Munar.

Para llevar a cabo esta primera campaña de prospección marina han utilizado el sistema de "buzos remolcados". Una pareja de buzos subacuáticos se remolcaban por una embarcación auxiliar, que va siguiendo con ayuda de un GPS unas calles previamente pautadas para peinar la zona. "Gracias a la gran visibilidad de las aguas de Lanzarote podemos ir revisando todo el fondo marino de manera ordenada", cuenta el arqueólogo subacuático.

En esta línea, Chávez explica que los dos buzos que van sumergidos, atados y arrastrados por el barco, llevan una boya. "Si detectan algo se sueltan, como llevan la boya el patrón se da cuenta de que se han soltado y la persona que se suelta documenta el objeto o los objetos, toma las coordenadas, realiza fotografías, vídeos y continúa", añade la responsable del proyecto.   

Durante los trabajos de revisión del fondo marino determinaron hasta ocho calles de prospección, de 1.600 metros de largo, separadas a una distancia de treinta metros. "La superficie de prospección que hemos inspeccionado es realmente extensa, de manera que nos permite identificar y localizar los restos arqueológicos", añade. 

A pesar de que el origen vulcanológico de Canarias hace que el fondo marino de Lanzarote tenga "grandes escalones", donde la profundidad baja hasta los 300 o 400 metros, en esta ocasión los trabajos se realizaron en la plataforma entre Lanzarote y Fuerteventura, que tiene menos de cuarenta metros de profundidad. 

Uno de los buzos durante el rastreo del litoral de San Marcial de Rubicón. Foto: Cedida.

 

Materiales a partir del siglo XV

A lo largo de las dos semanas de prospecciones, con tres inmersiones diarias, los investigadores lograron localizar varios restos de cerámica, sobre todo de ánforas y escudillas. "Esta zona, protegida de los vientos alisios, era usada como refugio de las embarcaciones", apostilla el arqueólogo subacuático. Este fondeadero parece haber sido utilizado como tal desde la época de la conquista de Canarias hasta el siglo XIX. 

A pesar de la localización de estas cerámicas, Munar explica que muchas de las embarcaciones quizá ni pararan por la isla, sino que buscaban refugiarse en su costa para luego continuar con su camino, mientras que otras, las más grandes, desembarcaban sus cargamentos en la playa del Papagayo, pero fondeaban a cierta distancia por seguridad. 

En este sentido, Esther Chávez expone que la mayoría de los materiales aparecieron a diecinueve metros de profundidad, frente a las playas de Los Pozos y la de Papagayo.

Los investigadores atribuyen el origen de esta cerámica a los intercambios comerciales en la zona: "O bien caían de manera accidental o bien se lanzaban de manera voluntaria al mar", añade Munar. En este sentido, Esther Chávez explica que los materiales son modernos, pertenecientes a los siglos XV y XVI. "Hay alguna escudilla que podría ser del XV, XVI, XVII", expone, pero su datación exacta deberá esperar a un estudio más detallado.  

Esta primera campaña ha servido para delimitar la zona arqueológica, pero el objetivo es llevar a cabo una segunda campaña en la que recoger material y analizar los materiales detectados y determinar a qué fechas pertenecían. "Para ello tenemos que estar preparados en tierra para recibir ese material, porque debe llevar un proceso de desalación y tener las condiciones adecuadas para que no se resquebraje y se destruya", explica Chávez. 

Una de las cerámicas localizadas en la prospección. Foto: Cedida.

 

El valor de la colaboración ciudadana

Finalmente, estos investigadores agradecen la labor de la colaboración ciudadana. "Nos han ido pasando informaciones sobre dónde históricamente se han producido hallazgos de estos materiales arqueológicos", añade Munar.