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La parroquia de San Ginés celebra con fe y devoción la Vigilia Pascual

La celebración continuó con la Liturgia de la Palabra, en la que se proclamaron las lecturas del Antiguo Testamento, recorriendo la historia de la salvación, hasta culminar con la proclamación del Santo evangelio y la predicación de la homilía

Vigilia Pascual en la iglesia de San Ginés

La noche de este Sábado Santo, a las 21.00 horas, la comunidad parroquial se congregó en el templo de San Ginés Obispo, en Arrecife, para celebrar la más solemne y significativa de todas las celebraciones del Triduo Pascual: la Vigilia Pascual. Con las tres naves completamente llenas, el silencio se hacía presente mientras los fieles, con recogimiento y esperanza, comenzaban a reunirse en torno al fuego nuevo.

En medio de la oscuridad, una pequeña llama rasgó las sombras, anunciando que la luz de la Pascua estaba a punto de renacer. Desde el atrio del templo, el sacerdote celebrante, don Juan Carlos Medina, procedió al encendido del Cirio Pascual, símbolo de Cristo resucitado. Así dio comienzo la precesión por el pasillo central hacía el Altar Mayor, mientras los fieles, uno a uno, encendían sus velas, dejando que la luz se propagara en un gesto cargado de profunda espiritualidad.

La celebración continuó con la Liturgia de la Palabra, en la que se proclamaron las lecturas del Antiguo Testamento, recorriendo la historia de la salvación, hasta culminar con la proclamación del Santo evangelio y la predicación de la homilía.

Uno de los momentos más esperados y sobrecogedores llegó con el canto del Gloria. En ese instante, el templo, hasta entonces sumido en la penumbra, se inundó de luz, las campanas repicaron con júbilo y los cantos resonaron con fuerza proclamando con alegría incontenible que Cristo ha resucitado.

La liturgia continuó con la bendición del agua, otro de los signos centrales de esta noche santa. Los fieles, sosteniendo sus velas encendidas, renovaron sus promesas bautismales, mientras el sacerdote recorría el templo rociando con agua bendita a la asamblea, en un gesto de renovación y vida nueva.

El momento culminante de la Vigilia llegó con la celebración de la Eucaristía, en la que el pan y el vino fueron consagrados y posteriormente distribuidos entre los fieles en la comunión, centro y fuente de vida cristiana.

La celebración concluyó con la bendición final, pero la alegría no se extinguió con ella. Los cantos de esta noche resonaron con especial intensidad, impulsados por el Coro Parroquial, dirigido por el profesor Héctor Araya Alarcón, cuya entrega y entusiasmo lograron contagiar a toda la asamblea, que participó activamente en cada uno de los cantos.

Al término de la celebración, el párroco, don Juan Carlos Medina, se situó en la puerta central del templo para despedir a los fieles. Allí entre abrazos y sonrisas, la comunidad celebró unida la Resurrección del Señor, prolongando en gestos sencillos la alegría profunda vivida durante toda la Vigilia.

Así en un noche cargada de símbolos, luz y esperanza, la comunidad parroquial vivió con intensidad el misterio central de la fe cristiana, dejando en cada corazón la certeza de que la vida ha vencido a la muerte.

Que este Domingo de Pascua de Resurrección esté lleno de luz, esperanza y alegría para toda su comunidad.