La lluvia menuda se cuela entre los nichos del cementerio de San Román de Arrecife este viernes. El cielo está especialmente encapotado para ser un día de mayo y el viento resuena en los rincones del camposanto. En el silencio entre pasillos se escucha el bullicio de dos familias que esperan algo que alguna vez soñaron imposible: recuperar más de medio siglo después los restos de sus seres queridos.
El gaditano José Manuel Pose tenía dieciocho años cuando su padre murió mientras faenaba a bordo del Domenech de Varó y 71 cuando por fin va a poder darle sepultura. Su padre Julio Pose fue uno de los diez pescadores que fallecieron el 6 de febrero 1973 tras zozobrar el barco en el que viajaban frente a las costas de Mala, en el norte de Lanzarote, durante un episodio de mala mar.
De aquel naufragio solo salieron con vida dos pescadores. "Yo soy el mayor, pero ellos [el resto de hijos de los fallecidos] eran todos muy pequeños, no conocieron a sus padres, es muy penoso, muy penoso", lamenta en una conversación con La Voz a las pocas horas de llegar a Lanzarote junto a su hijo para prepararse para la exhumación de este viernes.
Los números 68, 69 y 70 son los que identificaban hasta ahora en el camposando lanzaroteño a su padre, el gaditano Julio Pose, al zaragozano Jaime Roselló y al sanluqueño Antonio Rodríguez. Este viernes sus cadáveres han sido exhumados por completo, para luego ser incinerados y poder viajar con sus familias de vuelta a casa este mismo domingo.
Nueve tumbas sin nombre
Los días siguientes al naufragio del barco gaditano en la costa lanzaroteña hace 53 años, el mar arrojó tres cuerpos sin vida. Aquellos cadáveres fueron identificados por los supervivientes y por los pescadores andaluces de otra embarcación que se encontraba en la zona. La versión oficial fue que los otros siete pescadores yacieron en el fondo del mar. Sin embargo, no era cierto.
Las dificultades de comunicación, los errores de la época y las decisiones del juzgado militar han complicado la labor de los familiares que llevan desde 2022 tratando de encontrar entre tumbas sin nombre a sus seres queridos.
La madre de José Manuel Pose falleció pensando que el cuerpo de su marido se perdió en la profundidad del Atlántico. No fue la única viuda que murió con aquella pena. Sin embargo, la vida dio un giro para sus hijos.
En 2022, las familias del Domenech de Varó comenzaron a preparar un homenaje de cara al aniversario del naufragio. En aquel momento, los recortes de prensa y la información guardada en el archivo de Arrecife reveló una realidad diferente a la que habían recibido los familiares. De aquel naufragio se recuperaron otros cinco cuerpos. En total, siete cadáveres y no tres.
Aferrado a la posibilidad de poder hallar los restos de su padre y devolverlo medio siglo después a su ciudad natal, Cádiz. José Manuel Pose y otros familiares de fallecidos en el naufragio iniciaron una batalla en los juzgados canarios para poder abrir aquellas tumbas. Tras una primera exhumación de cinco nichos sin nombre en 2024, solo se pudieron identificar a dos pescadores del Domenech de Varó entre aquellos nichos: José Antonio López Gallardo y Tomás Ladrón de Guevara, tío y sobrino, ambos marineros de Barbate, cuyos restos pudieron volver a casa.
Sin embargo, José Manuel Pose y su hijo José, las caras más visibles de esta historia, no habían podido hasta ahora hallar los restos de su padre y abuelo, Julio Pose.
Una esperanza
Tras solo poder relacionar a dos de los cinco cadáveres exhumados en 2024 con el naufragio del Domenech de Varó, en septiembre de 2025 llevaron adelante una segunda exhumación de otros cuatro cuerpos. Cuando Jose Manuel Pose había visto poco a poco cómo se apagaba su esperanza, porque solo quedaba un único cuerpo por identificar, se aferraba a la idea de que, aunque fuera pequeña, tenía una posibilidad mayor que cuando pensaba que su padre yacía en el fondo del mar.
Después de varios intentos fallidos, la pasada Navidad recibió la llamada de laboratorio de genética Labgenetic de Madrid narrándole que entre aquellos restos esa vez sí estaba el cadáver de su padre. "No puedo decir que estoy feliz, pero estoy exultante", explica durante una conversación con La Voz. Aquel fue el mejor regalo navideño para la familia.
"Los profesionales de la psicología lo dicen estáis mal porque vais a pasar el duelo ahora, no pasasteis el duelo hace 50 años, estáis en duelo. Hasta que no los encontréis, no los enterréis y esto se termine, estáis en duelo permanente", confesaba Pose días antes de la exhumación.
Un par de alianzas
El Domenech de Varó es de aquellas historias donde la realidad supera la ficción. Indagando, la Asociación de Familiares y Amigos de las Víctimas del Naufragio del Buque Domenech de Varó descubrió que de los tres nichos que habían sido enterrados en el camposando de Arrecife e identificados en 1973, al menos uno fue enterrado con el nombre que no era.
Era de las primeras veces que Antonio Rodríguez, un joven de diecinueve años de San Lúcar de Barrameda, se embarcaba para pescar, cuando murió en aquel naufragio. Su cuerpo fue identificado de forma errónea por un primo de la familia que faenaba en otro barco. Así lo explica su hermana, Ana Rodríguez, que recibió la llamada de Jose Pose hace ocho meses en la que le decía que aquella tumba con el nombre de su hermano que ella sabía que estaba en el número 69 del camposanto de Arrecife no albergaba realmente su cuerpo.
"No me lo podía creer, ¿después de más de 50 años?", aún rememora Ana Rodríguez aquella llamada, visiblemente emocionada en su primera visita a la isla para exhumar a su hermano. La sanluqueña autorizó a la asociación a abrir el nicho de su hermano y tras recuperar sus restos descubrieron una alianza, que no era suya.
Aquella alianza tenía grabado: Milagros 9-12-1963, la fecha de la boda de Jaime Roselló Zaragoza, un marinero natural de Altea y afincado en El Puerto de Santa María, con su mujer Milagros. "Cuando lo llamé para preguntarle por la inscripción, dijo- es la boda de mi padre y mi madre-", relata Jose Pose a los pocos minutos de comenzar la exhumación, mientras se toca su mano, donde guarda otra alianza, la de la boda de sus padres, que pudo recuperar al cotejar el cadáver.
Por suerte, a pesar del error, el cuerpo del hermano de Ana Rodríguez fue hallado en otro de los nichos sin nombre que fueron exhumados el pasado año en Lanzarote y ella ha podido viajar por primera vez esta semana a la isla para llevarse a su hermano consigo. No corrió la misma suerte su tio político, cuyos restos parece que sí se quedaron en el fondo del mar.
De aquel naufragio hace 53 años, los familiares ya han podido recuperar a cinco pescadores para honrar su memoria. El resto, yacieron en una de las costas más mortíferas del mundo. Los nichos 68, 69, 70, 72 y 76 ya han podido cerrar su historia y algunas de sus familias poner punto y final a un duelo de más de medio siglo.
A pesar de la alegría, una de las familiares de la asociación no ha podido recuperar los restos de su padre. "Yo no sabía ir solo a Sanlúcar de Barrameda a hablar con ella, tuve que coger al vicepresidente y decirle que me acompañara, no sabía cómo estar delante de María del Mar diciéndole que el único que no había aparecido era su padre, fue muy duro".