La iglesia matriz de San Ginés Obispo, en Arrecife, acogió en la tarde del Viernes Santo la celebración litúrgica correspondiente al segundo día del Triduo Pascual, en un ambiente de profundo recogimiento y solemnidad. A las 19´30 horas daba comienzo el acto, presidido por el párroco titular, don Juan Carlo Medina, quien, acompañado por los monaguillos, hizo su entrada en absoluto silencio, subrayando desde el primer instante el carácter austero y sobrecogedor propio de esta jornada.
Tras realizar la reverencia al altar, el sacerdote se postró en tierra, en un gesto cargado de simbolismo que expresa la humillación del hombre ante el misterio de la Cruz, así como el dolor y la tristeza de la iglesia en la conmemoración de la Pasión del Señor.
Seguidamente, se proclamaron las lecturas; un fragmento del libro del profeta Isaías, la carta a los Hebreos y, como centro de la celebración, la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo según San Juan. Este momento fue seguido por los fieles con profundo respeto, atención y visible emoción, en un silencio que envolvía el templo.
Concluida la lectura de la Pasión, el celebrante ofreció la homilía, en la que profundizó en os distintos pasajes proclamados, invitando a los presentes a una reflexión más íntima sobre el significado del sacrificio de Cristo. el templo, que presentaba un aforo completo dentro de los permitido, permaneció atento a cada una de sus palabras.
Uno de los momentos más significativos llegó con la entrada de la imagen del Señor Crucificado, portada por jóvenes comprometidos de la parroquia, hasta situarse junto al Altar Mayor. A continuación tuvo lugar la adoración de la Cruz, durante la cual los fieles desfilaron ante la imagen, inclinado la cabeza o arrodillándose en señal de veneración, en una manifestación sincera de fe y devoción.
Posteriormente, se elevó la Oración Universal, pronunciada con amplitud de intenciones, poniendo de manifiesto el carácter universal de la Pasión de Cristo, entregado en la Cruz para la salvación de toda la humanidad.
Como es tradición en este día, no se celebró la consagración del pan y el vino. Los fieles comulgaron con las formas consagradas el Jueves Santo, en un gesto que subraya el carácter único y especial del Viernes Santo dentro del calendario litúrgico. Finalizada la distribución de la comunión, el sacerdote impartió la bendición, dando por concluida la celebración.
Los cantos litúrgicos, interpretados por el Coro Parroquial bajo la dirección del profesor Héctor Araya Alarcón, contribuyeron a realzar la solemnidad del acto, acompañando cada momento con sobriedad y sensibilidad.
Acto seguido, tuvo lugar la magna procesión del Santo Entierro, que recorrió las calles en un clima de profundo respeto. La comitiva fue encabezada por la Banda de Música La Unión Musical de Lanzarote dirigida por el profesor Pepe Artiles, cuyos 33 componentes, hombres y mujeres, vestían de riguroso luto, aportando una nota de sobriedad y elegancia.
Tras ellos, desfiló el trono con las imágenes de San Juan, la Verónica, San Pedro y la Magdalena, seguido del sacerdote celebrante. A continuación, el trono del Cristo Yacente avanzaba lentamente precediendo a la imagen de su madre, Nuestra Señora de Los Dolores. El recogimiento y la emoción se reflejaba en los rostros de los fieles al paso de las imágenes, en un silencio solo roto por la música y el sonido acompasado de la procesión.
La jornada culminó con la procesión del "Fervor", conocida también como el Fervorín de la Virgen de Los Dolores, poniendo el broche final a un Viernes Santo vivido con intensidad, fe y profunda devoción por la comunidad parroquial.