El CEIP Benito Méndez Tarajano sigue apostando por la internacionalización de la enseñanza. En el marco del programa Erasmus+, y como parte de su proyecto k122 Ciudadanos del Mundo: Digitalización, sostenibilidad e Inclusión cofinanciado por la Unión Europea, una expedición lanzaroteña formada por seis estudiantes de último curso de Primaria y dos docentes, ha aterrizado de vuelta en la isla tras completar una enriquecedora estancia de una semana en tierras italianas.
Durante siete días, la delegación conejera ha convivido en un entorno educativo diferente, compartiendo pupitre, juegos y experiencias con alumnado de la localidad de Nocera Inferiore. Esta movilidad no solo ha permitido a los chicos y las chicas de 6o poner en práctica sus habilidades lingüísticas, sino también derribar fronteras y descubrir las raíces comunes que unen a estas dos ciudades europeas.
Un aula sin paredes
La experiencia ha ido mucho más allá de lo puramente académico. Los jóvenes y las jóvenes "embajadoras" del Benito Méndez han tenido la oportunidad de sumergirse en la cultura italiana, conociendo de primera mano sus tradiciones, su gastronomía y su patrimonio histórico.
"Ver cómo nuestro alumnado se desenvuelve con autonomía en un país diferente y crea lazos de amistad con niños y niñas de otras realidades es la mayor recompensa de este proyecto", explican los docentes acompañantes.
Lanzarote en el corazón de Europa
Además de aprender, el grupo del Benito Méndez también ejerció de guía cultural, llevando un trocito de Arrecife y de Lanzarote al centro de acogida. El programa Erasmus+ busca precisamente este intercambio bidireccional, donde los valores de tolerancia, sostenibilidad y ciudadanía europea se trabajan sobre el terreno.
Con las maletas cargadas de recuerdos, anécdotas y nuevos amigos y amigas, estos seis alumnos y alumnas cierran una etapa clave en su formación personal justo antes de dar el salto a la Educación Secundaria. Por su parte, el CEIP Benito Méndez Tarajano consolida su posición como un centro abierto al mundo, demostrando que desde un barrio de Arrecife se puede mirar, sin complejos, al corazón de Europa.