La noche del pasado jueves, la emblemática Casa de la Cultura Agustín de la Hoz en Arrecife volvió a convertirse en refugio de la emoción y la música con la celebración del concierto Mano a Mano, protagonizado por José Manuel Ramos, Ciro Corujo y Salvador Pérez. A las 19.30 horas, con el aforo completamente lleno y un público entregado desde el primer instante, comenzó una velada que pronto dejó de ser un simple concierto para convertirse en un encuentro íntimo entre músicos, cantadores y asistentes.
Boleros, baladas y rancheras fueron marcando el compás de una noche cargada de nostalgia y sentimiento, rescatando canciones que durante años acompañaron a tantas generaciones desde las ondas radiofónicas en programas tan recordados como Lanzarote va de Ronda, emitido durante décadas en Radio Lanzarote. Cada interpretación despertaba recuerdos y emociones compartidas en un ambiente cálido y cercano.
José Manuel Ramos, procedente de una destacada saga de cantadores de la Punta del Hidalgo, en Tenerife, volvió a demostrar porque es una de las voces más queridas del folclore canario. A su lado Ciro Corujo, heredero de una saga, Los Corujo, de arraigada tradición folclórica de San Bartolomé de Lanzarote, aportó cercanía, sensibilidad y autenticidad, mientras que Salvador Pérez dejó patente su maestría musical, dominando el requinto con una elegancia admirable.
Mano a Mano rompió desde el primer momento cualquier protocolo habitual. Los artistas cantaron rodeados por el público, sin barreras ni artificios, hasta el punto de que los equipos electrónicos de sonido resultaron prácticamente innecesarios. La música fluyó de manera natural, creando una atmósfera casi familiar donde cada canción parecía surgir desde el corazón mismo de los asistentes.
La concejal de Cultura del Ayuntamiento de Arrecife, Abigail González, junto al equipo de funcionarias municipales, trabajó intensamente para que nadie permaneciera en pie, ocupándose incluso la escalera central de la Casa de la Cultura ante la gran afluencia de público, Un detalle que reflejó el enorme interés despertado por esta propuesta musical.
A medida que avanzaba la noche, el público dejó de ser mero espectador para convertirse en protagonista activo del concierto, coreando canciones enteras y estribillos inolvidables de autores eternos como José Alfredo Jiménez, Javier Solís o Agustín Lara.
Uno de los momentos más entrañables llegó cuando el pequeño Cirito tomó su timple y, arropado por los músicos, interpretó unas emotivas folías que arrancaron sonrisas, ternura y una cerrada ovación entre los presentes. Fue, sin duda, una de esas escenas que quedan grabadas en la memoria colectiva.
Las casi dos horas de actuación transcurrieron con tal naturalidad y complicidad que el tiempo pareció detenerse. El público, completamente inmerso en aquella atmosfera de cercanía y disfrute, apenas fue consciente del pasado del paso de los minutos. Y cuando llegó el final, nadie quería despedirse.
Puestos en pie y envueltos en un prolongada ovación, músicos, cantadores y asistentes terminaron unidos en una animada Isa Parrandera que puso el broche perfecto a una noche donde la calidad artística, la sencillez y el calor humano fueron los verdaderos protagonistas.
Al concluir el concierto, Abigail González compartió unos minutos con los músicos y cantadores, felicitándoles por el rotundo éxito de una propuesta que confirmó, una vez más, que la música vivida desde la cercanía posee una magia imposible de olvidar.