25/Jun/2019
Sigfrid Soria
10/01/19

¡Qué miedo, que viene VOX! 

¡Qué miedo, que viene VOX! 

Qué miedo da VOX.

A la ultraizquierda bolivariana y a los comunistas porque, a lo Dorian Gray, VOX es el espejo en el que aparece su propio patetismo.

A la izquierda que actualmente gobierna en España porque, por fin hay quien aporta verdaderas soluciones que dejan en ridículo sus bastardas alianzas.

Al centro izquierda porque pierde su condición de veleta dado que la fuerza del viento VOX le ancla en una sola dirección.

Al centro porque deja en evidencia sus complejos, su cobardía y su renuncia a los principios liberales y conservadores.

Y a la desnortada progresía porque VOX presenta posiciones claras y libres de prejuicios.

El histórico llenazo de Vistalegre fue el presagio de que los españoles están al límite de tanta estulticia y el 2-D la constatación de que VOX se va a llevar por delante los feudos y chiringuitos del establishment progre, por mucho miedo que a estos les dé.

No obstante, hay que permanecer vigilantes a una consecuencia del canguelo que genera VOX: las etiquetas. Las etiquetas son un mecanismo psicológico de defensa ante la posibilidad de quedarte sin el chiringuito que creías inalienable, de tal manera que a VOX se le etiqueta de facha, fascista, que viene a ser lo mismo, xenófobo, machista, ultraderechista, depredador, exterminador, estas dos últimas por los toros y la caza, heteropatriarcal, homófobo y anti europeísta. Conste que, si me pongo cinco minutos más, la lista hubiera sido significativamente más amplia, pero es que quiero terminar pronto este artículo de opinión.

Lo cierto es que, más allá del ruido histérico de quienes ven cómo España entra en una nueva etapa, VOX ha puesto encima de la mesa la unidad de España y la ilegalización de quienes pretenden reventarla; ha priorizado destinar los recursos de todos los españoles para los españoles; ha hecho extensiva la seguridad que los progres proporcionan a sus domicilios a la seguridad que ha de proporcionar el Estado a las fronteras del domicilio común, España; ha concienciado acerca de la necesidad de expulsar de España a quienes están ilegalmente, beneficiándose de nuestro estado de bienestar y sin contribuir a él; ha despertado la necesidad de respetar la Historia tal y como aconteció; ha devuelto el entusiasmo de valorar nuestras tradiciones; ha defendido minimizar el Estado para bajar la carga fiscal y que sea el tejido empresarial quien genere riqueza y empleo; ha reclamado proteger a cualquier español víctima de cualquier tipo de violencia, sea mujer, niña, hija, abuela, hijo, padre o abuelo y ha devuelto la ilusión por el presente y el futuro a millones de españoles.

La etapa en la que entra España gracias a VOX es gracias a VOX. 12 diputados en Andalucía son la punta de lanza, el ariete que va a derribar el esclerótico muro que no nos dejaba avanzar. El cambio que se aproxima ni viene de la mano del centro izquierda naranja veleta, ni viene de parte del centro acomplejado azul. El Partido Popular y Ciudadanos cerraron un acuerdo de gobierno en Andalucía obviando completamente a VOX, es decir, sin hacer la básica cuenta aritmética que determinaba que el 22% del programa de ese gobierno debía ser de VOX.

Y VOX reclamó su democrático papel mientras todos los partidos políticos, y por supuesto la desnortada progresía, tiraban de las célebres etiquetas y acusaban a VOX de cargarse la posibilidad de cambio, así como de permitir que el PSOE siguiera gobernando, entre otras muchas sandeces que han circulado en la globosfera mediático-política de los últimos días.

Pero, finalmente ha habido acuerdo; va a haber gobierno en Andalucía de verdadero cambio, cambio que es un aperitivo del que acontecerá en España cuando haya generales. Esto no ha hecho más que empezar y VOX ya marca la agenda política española y determina quiénes gobiernan las Instituciones, cómo y para qué.

Aunque lo que más miedo da, de hecho hay un absoluto pánico escénico entre los mediocres que han llevado a España al caos actual, es que en Andalucía se ha demostrado que VOX persigue regeneración democrática y no sillones.

¡QUÉ MIEDO!

 

Por Sigfrid Soria, afiliado de VOX

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