18/feb./2020
Sigfrid Soria
23/03/18

Nunca llueve a gusto de todos

Nunca llueve a gusto de todos

O no es oro todo lo que reluce.  Como español, demócrata y constitucionalista estoy encantado con la fractura del delictivo independentismo catalán.  Los cupistas han reventado el “procés”, ese golpe de estado inicialmente ideado para tapar la inmensa corrupción de los Partidos políticos nacionalistas de Cataluña.  La negativa de los antisistema de la CUP a investir presidente a Turull ha sido un bálsamo para el Estatuto de Autonomía de Cataluña y para la Constitución española, ha supuesto un aporte de oxígeno al orden democráticamente establecido y, lo mejor de todo, es que ello ha partido de lo más profundo y reaccionario del secesionismo; partió de los que enarbolan la bandera anticapitalista, antieuropea, antiespañola, androfóbica, feminazi, bolchevique, chavista, filoetarra y, además, anhelan con reproducirse en grupo y con que sus hijos pertenezcan a la tribu.

Sí, no ha habido que tirar de más estrategia que dejar que la perversa y retorcida utopía ultraizquierdista haya dado al traste con el ilegal proceso independentista.  Se ha demostrado que era absolutamente imposible casar a la derecha independentista catalana, cuyo objetivo era lograr la independencia para evitar que el marco judicial de España juzgase su terrible corrupción, con la patética extrema izquierda cuyo objetivo es hacer saltar por los aires a todos y a todo.  Esa mezcla explosiva anti natura se mantuvo aparentemente unida por el espejismo del independentismo, pero cuando este se enfrentó a la democracia y al estado de derecho, la mezcla explotó.

Y entonces, ¿por qué ni llueve a gusto de todos ni es oro todo lo que reluce?

He expuesto que la prevalencia de la democracia frente al delito en Cataluña es una magnífica noticia para Cataluña, para España y para Europa.  Es realmente oro para la normalidad y lluvia para los secos anhelos de libertad en esa Cataluña secuestrada por el sectarismo y la exclusión, pero estamos en marzo y todavía no tenemos Presupuesto General del Estado para 2018.  Aquí es donde viene el contrapunto o, desde un punto de vista taoísta, el yang del yin o el yin del yang.

En Cataluña no va a haber gobierno autonómico estable y libre de procesados por gravísimos delitos ni a corto ni a medio plazo.  La consecuencia directa de ello es que el 155 va a seguir vigente con la consiguiente razonable, por no decir magnífica, cotidianeidad administrativa en esa comunidad autonómica de España.  Pero, la inevitable prolongación de la vigencia del 155 impide que el necesario Presupuesto General del Estado de 2018 se apruebe y, por tanto, España va a continuar funcionando con el Presupuesto de 2017 prorrogado.

En virtud de lo anterior, la alegría como español por el auto varapalo del independentismo catalán se enfrenta a mi realidad como canario.  El 155 en Cataluña impide el necesario apoyo parlamentario para aprobar el PGE 2018 y eso se traduce en la anulación de la “Agenda Canaria”, con un recorte inmediato en el Presupuesto Autonómico de 186 millones €, que no nos llegarán a los canarios, más un significativo impacto negativo en expectativas estratégicas derivadas del REF como la posible consecución de mejores tarifas en viajes con la península.

A no ser que el PSOE de Canarias vele de verdad por todos los canarios y convenza al PSOE nacional para que apoye en el Congreso de los Diputados el PGE 2018.  Probablemente esto último sea pedir tanto como que la CUP llegue a ver bien que Cataluña, como parte de España, pertenezca a la UE, a la ONU y a la OTAN.

 

Por Sigfrid Soria

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