26/feb./2020

No hay mal que cien años dure... y tal

No hay mal que cien años dure... y tal

El discurso populista de Paulino, que se aprovecha de una gran masa movilizada no cuaja por la limitación constitucional y legislativa española. Así amarran los territorios periféricos argumentando el abaratamiento que supone el ejercicio centralista, donde se esconde el más fiero Capitalismo y cualquier vertiente, clásica o moderna, del colonialismo imperialista.

En estos momentos, en que las democracias representativas ven el final del túnel y la participación de la ciudadanía es cada vez más activa y generalizada, estar bajo una administración española o europea es más contraproducente que nunca. La propia amplitud de la participación ciudadana en Europa o en España, lleva asociada la nueva influencia en política de un segmento de población con media de edad considerable, que dejó la juventud hace tiempo, encaminando estas administraciones y sus políticas hacia versiones conservadoras.

En Canarias, por contra, la media de edad será considerablemente más joven que en esos lugares. Por lo que notaremos un déficit político en su versión más progresista y social. Las nuevas tecnologías, facilitando la comunicación entre las personas con intereses comunes, agrandarán este abismo entre los países colonialistas y los territorios colonizados, entre intereses generacionales, entre explotadores y explotados.

El caso de las extracciones petrolíferas que lleva a cabo Repsol en Canarias evidencia todas estas cuestiones. Vemos cómo el discurso populista de Rivero, ni siquiera vestido del respaldo popular al que se aferra y que ha brotado en las calles con mucha más naturalidad que su discurso, fabricado a la medida que le marca el movimiento social y España en cada momento, consigue lo deseado por las limitaciones impuestas desde la administración española, por encima de la cual se posiciona Repsol.

Los mas-media han encumbrado en España un discurso joven, como castigo o amenaza, a una línea estatal que a todas luces era cada vez más conservadora. Pero en el mismo tiempo son capaces de, una vez el Estado se vuelva a someter -antes o después de las elecciones- convertir en repelente diablo a cualquiera de los que ayer izó para abanderar la revolución. De hecho, es muy posible que esto suceda antes de las elecciones generales.

La realidad es que hoy el poder financiero está por encima de los Estados. Los gobiernos de los estados, además, se ven sumidos en una pinza entre este poder supranacional y las corrientes de opinión internas, donde aumenta rápidamente el número de unidades de influencia gracias a las nuevas tecnologías. Este hecho hace entrar en contradicción a los poderes políticos estatales y los intereses populares. La crueldad que parecen ejercer los políticos en el poder, con la implantación de nuevas legislaciones que favorecen al Capital y explotan a la población, es sólo el nivel de acuerdo aceptado por los estados ante la presión del capital transnacional.

En realidad hay una pérdida de soberanía importante en la clase política electa y representativa, dejando un frente abierto entre el Capitalismo y el poder popular. Por ello es fácil prever un cambio a nivel mundial en cuanto al antiguo predominio de la democracia representativa, que será arrollada por la demanda de participación de la ciudadanía. El futuro, de mano de las nuevas tecnologías, no es que se muestre esperanzador, es que la figura del mediador desaparecerá y el confrontamiento será abierto y radiado on line.

Esto solo se acabará cuando consigamos un justo reparto de la riqueza, acabar con males como la pobreza y el hambre, y las naciones reconquisten su soberanía. Pero ejerciendo la mayor soberanía alimentaria, energética, popular, posible. De forma que se acaben las dependencias que secuestran almas y roban vidas. Entonces, nuestro principal fin será la búsqueda de igualdad.   

Mucho dependerá lo que tarde cada sociedad en llegar a cada punto. La autogestión, la autodeterminación, la independencia administrativa y económica son pasos obligados para mejorar, para caminar hacia la sociedad del siglo XXI.

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