19/ene./2020

Primera evaluación con nombres propios

Primera evaluación con nombres propios

María José Guerra es doctora en Filosofía, catedrática de la Universidad de La Laguna y consejera de Educación, Universidades, Cultura y Deportes. Tere Sosa es diplomada en Magisterio, licenciada en Psicopedagogía y maestra en la escuela de El Altillo, Moya (Gran Canaria). Un hilo invisible las une sin que ellas lo sepan. Un hilo que pasa por mí: por mi cariño, mi admiración y mi respeto personal y profesional por ambas. Además, y esto es lo que nos ocupa, por mi gestión. Simbolizo en ellas esta reflexión como una gran metáfora. Los retos de la Educación en Canarias pasan por escucharlas y comprenderlas, porque se escuchen y comprendan; por integrar sus visiones y hacerlas normativas, planificación y gestión. Por eso soy directora general de Personal, por María José, por Tere, por lo que ellas representan en el marco de la Escuela Canaria.

A María José la escucho marcando la ruta, labrando con su agudeza el camino mediante una dialéctica brillante y permanente. Desde los grandes principios a las decisiones cotidianas, en discursos públicos y en petit comité. A Tere Sosa la escuché largo y tendido en su pequeña escuela de dos aulas, sentadas la una frente a la otra. Yo en una silla del alumnado, para que me llegaran los pies al suelo, ella al lado de la puerta, pendiente de la clase que acababa de dejar a cargo de un compañero y de las salidas al baño de algún pequeño, de sus sollozos y quejas, puesto que se trataba de alumnado recién incorporado al sistema educativo. Cuando nos despedimos llevaba uno de esos chicos en sus brazos sin soltar su mochila, su elemento de apego. No pudo dejar de ser maestra cada segundo que estuvo conmigo. Ambas se enfrentan cada día a la lentitud de la maquinaria administrativa, la pesadez de la burocracia, la precariedad de medios, la irracionalidad de la gestión de los recursos e, incluso, la inercia que se ha instalado en las dinámicas de trabajo a lo largo de los años. Ambas afrontan los retos que surgen producto de las múltiples necesidades de apoyo que presenta el alumnado, los problemas de techado en los centros, la falta de personal docente o los relativos a la seguridad de niños y niñas.

Así llega mi primera evaluación en el cargo. Días de apertura urgente de listas, de vértigo jurídico y luchas con el departamento de Informática. Días de sexenios, de sorprendentes negociaciones sindicales, de ruidos y silencios: de algunos ruidos decepcionantes, incongruentes y chirriantes; de respetuosos, empáticos y productivos silencios. He visitado más de 40 centros donde he celebrado decenas de reuniones: con los diferentes equipos directivos, con compañeras en la Sala de Profesorado, con compañeros en la cafetería e, incluso, con el alumnado del ciclo de Electricidad de La Laboral de La Laguna y con su fantástica directiva. Casi de un momento para otro, llegué a improvisar un viaje a Lanzarote para reconducir con la directiva del IES Tías sus problemas con la Química de 2º de Bachillerato. El dulce de manzana se lo comió la luchadora Celeste Callero, directora insular. Celeste me acompañó, leal, a enfrentarme con un alumnado en pie de guerra. Fue en la calle, chicos y chicas luchando y, aunque fuera contra mí, fue experiencia inolvidable. La otra esperanza de futuro para el nuevo liderazgo profesional y político es Cristina Alfonso, directora insular, puntal que sustenta la acción de la Consejería en Fuerteventura. Subiendo por la otra banda: Alberto Taño, Conchy Herrera y Pilar Hernández. La soledad de las oficinas insulares hace su labor encomiable.

Me he reunido con un claustro al borde del colapso originado, en buena medida, por decisiones administrativas; con los Conservatorios, con dos centros concertados de La Orotava, con el histórico Virgen de la Candelaria y he llamado para pedir consejo a la siempre amable Carmen Martín del IES Pérez Galdós. He tomado decisiones difíciles, porque me tocaba o por el bien de la mayoría. He llorado de impotencia en la guagua de Binter. También brotaron lágrimas furtivas, de cinematográfica y pedagógica emoción, mientras recorría un colegio de Primaria. Me he encontrado en cada rincón con ex alumnado que me recuerda con más cariño del que creía merecer, desde La Oliva hasta Firgas, parando en Bañaderos, aunque mi enseñanza sirva a algunos ahora para criticarme. He abierto festivales de cuentos, conciertos de Santa Cecilia y Olimpiadas Filosóficas; he recorrido talleres de Formación Profesional y huertos ecológicos. He sentido la confianza y el apoyo del ahora presidente y antes alcalde, docente y siempre amigo.

Me he indignado con compañeros deshonestos y con directores desubicados, he hablado mucho y he escuchado más. Y me alegré tantísimo de ver a Gustavo Martín recuperado, a Ana Cárdenes y su permiso para irse donde la necesitan; a Federico J. y a Tina S. Rojas, conectados por un eje insular de versos, docencia y decencia. He realizado decenas de entrevistas, mantenido cientos de reuniones con variopinta fauna y flora. He conocido mejor la casa por dentro a través de excelentes profesionales con los que resulta muy fácil hacer equipo, desde la jefa de gabinete, pasando por directores y directoras generales y territoriales, inaccesibles al desaliento, hasta nuestras comunicadoras, profesionales y resolutivas. He reconocido grandes equipos humanos en los departamentos de mi dirección general que es un lujo liderar. He escuchado, impactada y orgullosa, el aplauso cerrado a Mercedes, José Luis y Juan Miguel; he palpado el desasosiego que produce la cercana jubilación de Clari.

Hubiese sido más fácil decir que no. La propuesta iba a exigirme, no solo gestionar de manera eficaz, sino mantener la coherencia con mis posiciones, esas posiciones que he defendido visible y contundentemente. Podía haber ocupado un puesto de nivel bajo en la retaguardia y, desde allí, sugerir políticas, acciones, opinar: nadar y guardar la ropa. El salario tampoco era un atractivo si tenía en cuenta mis 5 sexenios, el 40% consolidado de la dirección y a 15 días de los 11 trienios. Desde luego, el sueldo no iba a marcar la diferencia entre la zona de confort y el abismo. Hubiese sido mucho más fácil mantener, casi al final de mi etapa profesional, mi imagen intachable.

Cada vez que alguien me dice: qué bien que estás tú ahí, una punzada de temor me recorre la espina dorsal. Pero María José y Tere marcan el camino, son las comillas de una praxis de la que solo puedo prometer (y prometo) honestidad, trabajo y sensibilidad docente. Seguramente se me queda atrás mucha gente con la que he compartido intensas e inmensas vivencias este trimestre, ruego me disculpen y espero que se vean reflejados entre las líneas de este escrito.

Soy docente, mi pareja es docente, mis mejores amigos y amigas son docentes, tengo el imperativo de luchar cada instante. Mi evaluación es positiva porque intento darlo todo. Puedo equivocarme, pero me equivocaré trabajando intensamente. El hilo invisible es fuerte si no pierdo de vista que tengo que traducir sus hebras en gestión de bienestar docente.

Por cierto, descansen, nos vemos en la próxima evaluación.​

 

Marisol Collado Mirabal

Directora General de Personal

Consejería de Educación, Universidades, Cultura y Deportes

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