21/ago./2019

Al amigo Luis Víctor Parrilla en su partida

Al amigo Luis Víctor Parrilla en su partida

Desde chinijos compartimos clase en la escuela de don José M Espino, con las rivalidades propias de los del Mesón y los del Volcán, pronto te hiciste con la plaza de “monaguillo titular” con las vehemencias del cura don José Quintero, los  recorridos para el instituto en la guagua de Pepe, cada viaje un episodio y un tema que contar. Cuando logramos ponernos los primeros pantalones largos,  disfrutamos de la misma música y de los mismos bailes en el casino de Emilio.

Coincidimos, a medias, en la etapa de magisterio en Las palmas y posteriormente nos hicimos seguimiento de suerte en los destinos y concursos de traslados por diferentes lugares de Canarias, compartimos momentos difíciles y celebramos restablecimientos de los reveses de la vida. Suerte de compartir tareas en la Dirección Insular de Educación de Lanzarote durante cuatro complicados años, yo me incorporaba de una grave quiebra de salud, de la que salimos a Dios, gracias. Las dificultades educativas en aquellos años eran acuciantes exigían respuestas inmediatas, más de una vez me confesaste: -“esto es un potro salvaje difícil de domesticar”. Tu paciencia y sosiego ayudaron a discernir los momentos de la alta tensión. 

Volvimos a la “tranquilidad” de las aulas a nuestro pueblo de Tías y ahora estábamos estrenando jubilación, nos echamos algunas risas siempre que podíamos. Luis, aparte de buena gente y socarrón, tenía espacio para el humor inteligente. Recuerdo el día que llegaste a la “judicatura municipal” cuando te nombraron Juez de paz, comentabas: -“no es fácil ir a sustituir al “sr juez decano” con más de treinta años de servicio”.

Paradojas de la vida amigo Luis, nos deleitaste repasando tus vivencias en el emotivo pregón de las pasadas fiestas de San Pedro. Nadie iba a presagiar que en tu lectura de repaso a los recuerdos, preparabas tu impoluta “hoja de Servicios” de buen maestro en esta vida para mostrársela a nuestro patrono San Pedro allá en las puertas del otro reino.

Siempre prevalecerán tus buenas acciones, amigo.

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