17/sept./2019

Sobre el pensamiento

Sobre el pensamiento

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No soy nadie. Pero surjo. El pensamiento es magia pura, misterio y para que se dé, lo que da la vida, ha tenido que abrirse a la decoherencia y plasmar un torbellino, un sistema energético, material y "algo" más, descomunal. Inimaginable en su complejidad, en las infinitas maniobras que se tienen que orquestar hasta que eso tan etéreo y tan poderoso se manifiesta en… ¿la mente? Al menos visto desde el propio pensamiento. 

Luego, nos quedamos atónitos ante la concreción de sus mandatos. Sea el diseño de la guerra más terrible o la más magnífica obra de arte, sea la traición más cruel o el gesto de ternura más tierno. Sea sentirse rey o sentirse esclavo. Sea encender una fogata o crear la civilización más compleja. Sea soñar con dioses redentores o con tecnologías salvadoras.

El pensamiento. El que te amarga y el que te alegra. El que nos une y nos separa, el que nos sueña vivos y muertos. Pero entonces, "yo" pienso ¿y cómo es realmente todo lo que sostiene a este pensamiento? ¿Cómo es toda esa energía y materia o lo que sea si no es pensada. ¿Qué soy si no me pienso? ¿Quién soy? Cuando intento no pensar en vigilia, entonces sueño despierto. Digo sueño en el sentido literal de los sueños nocturnos. Es como si desapareciera el "orden" y todo es posible, como en los sueños. Pero siguen siendo pensamientos "despersonalizados" o "descotidianiados" o "destemporalizados" o desgeografizados" o "deshistorizados". Pero pensamientos. 

Porque hay conciencia de que estás soñando y, si hay conciencia, estás pensando, y si no hay conciencia, pues estás soñando; dejaste la vigilia atrás. Los pensamientos están creando sueños. Pero el pensamiento tiene una grieta, un fallo, una puerta y es que la que los sostiene (a los pensamientos), la vida, la coherente es tan magnífica, tan portentosa que no puede ser pensada (Y, por supuesto, no me refiero a la vida que pensamos, analizamos, desmembramos, “biologizamos”, “matematicaizamos”, etc. etc.).

Empujo esa puerta. Y, por un instante, el consciente, el subconsciente y toda esa red brutal de pensamientos del colectivo humano de todos los tiempos cede. Y ahí, a veces, me instalo por una milmillonésima de segundo en ese "nadie". Y porque sé que ese "nadie" en ese instante no es pensado. No lo puedo saber, nunca lo podré saber. Pero lo sé. Y algo más, al pensamiento como que le sienta muy bien recordarse donde está sentado, qué lo sustenta y lo alimenta, de dónde viene. Le sienta bien el impacto con ese "nadie". Como que se relaja. Ya no se siente tan solo, importante y frenético y transcendente. El pensamiento empieza a reconocerse a sí mismo, es como si hubiera andado loco por el mundo, solo, separado; es como si el pensamiento tomara conciencia de que es pensamiento, solo pensamiento, simplemente pensamiento, y que pertenece a algo inmenso de lo que solo es parte y como que tiene que dormir un poco, sin soñar. Dormir, descansar, relajarse, confiar, desdoblarse, conectar, evolucionar. En definitiva "permitir" que la vida no se estanque en él. Fluir. Desocupar "espacios y tiempos", sin recelos ni miedos. Entonces hasta el propio pensamiento se queda atónito ante la sensación de paz. El cuenco.

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