06/dic./2019
21/01/19

Mafia ¿qué mafia?

Hace meses oí a un periodista de Lanzarote protestar porque constató que la juventud de la isla tiene asumido el término “mafia” para referirse a la trama empresarial y política que ha gobernado y protagonizado la vida pública de la isla en los últimos 40 años. Mafia, ¿qué mafia?, se preguntaba en directo el periodista. No merece la pena detenernos en el medio de comunicación ni en el nombre del periodista, que mostraba así su incapacidad para resolver sus contradicciones sobre su mundo ideal con la realidad insular. Todos podemos ponerle múltiples nombres a los periodistas, medios de comunicación, partidos políticos y a las organizaciones empresariales que dirigen su empeño a negar la realidad. Insisten en que lo que no se nombra no existe, como si el lenguaje tuviera el don de hacer desaparecer la realidad.

La manipulación del lenguaje es un objetivo al que siempre aspiran los regímenes totalitarios, en unos casos se pretende engañar pura y abiertamente a la ciudadanía, en otros casos adormecer a la masa crítica y banalizar el mal, aunque en la mayoría de las ocasiones el objetivo es ocultar los delitos. Mentir, engañar y tergiversar son mecanismos de defensa del que se sabe culpable, pero aspira a mantener un aura de inocencia.

En esta isla se hacen más evidentes ciertos aspectos de la sociedad que en las grandes ciudades se desvanecen al calor de la convivencia multicultural, y es que el que ha mamado desde pequeño la devoción por algunas costumbres tradicionales, y por algunos modos de actuar propios de las familias conejeras, que históricamente han manejado el flujo del dinero y del poder en la isla, siente el peso asfixiante de la estirpe y se somete a graves dificultades para salir del nido, aun cuando el nido esté infectado. Es necesario tener el empeño personal para romper tabúes y la ambición legitima de superar los límites para sobreponerse a la tribu. Me temo que no está en el espíritu de muchos el mejorar la herencia recibida en otros términos diferentes a los de la acumulación de dinero, bienes materiales y poder.

La tradición es, en ocasiones, un anclaje retrógrado e indeseable que impide el avance personal imposibilitando el desarrollo intelectual. Y así, década tras década, podemos observar como generaciones enteras de empresarios, políticos y gente de mal vivir arrastran lugares comunes, comunidades endogámicas y prácticas corruptas que permanecen en el tiempo, a costa de otros muchos que no tienen la capacidad ni la fuerza para enfrentar su sino, pero se ven obligados a vivir y prosperar en el mismo lodazal. No en vano, las 26  personas más ricas del planeta acumulan tanto patrimonio como el 50% de los pobres juntos, y esta isla no es más que un minúsculo laboratorio de ese mundo.

Así, ocultar la realidad es una de las medidas imprescindibles para mantener los privilegios. Por ello esta clase poderosa considera un sacrilegio llamar a las cosas por su nombre. “No hay mafias, hay empresarios que dan trabajo”, repiten a diestro y siniestro. “No hay políticos corruptos, hay casos puntuales de personas que se aprovechan del partido”, insisten en los foros que les permiten el eufemismo. Sin embargo la realidad es tozuda, el lenguaje puede retardar la llegada de la luz, pero no se puede tapar el sol con un dedo.

Frente a la complicidad, por la vía del silencio o por la vía de la activa participación en las tramas corruptas, quienes claman por su derecho a ejercer libremente su ciudadanía resisten designando a las cosas por su nombre: mafia es mafia y la isla es un semillero de corrupción política y empresarial que ha saqueado las instituciones públicas empobreciendo a la sociedad insular. Nos han hurtado el futuro y nos colocan en una situación de extrema dificultad para enfrentar los difíciles retos que se visualizan detrás de la crisis del cambio climático, el agotamiento de los recursos del planeta y del sistema capitalista globalizado. El gueto que se proporciona el que acumula no es freno suficiente que impida sufrir las consecuencias devastadoras del agotamiento del planeta.

Las causas judiciales sobre corrupción en la isla nos ofrecen la posibilidad de conocer y comprobar qué mafia nos ha gobernado en esta isla, quienes nos han robado la capacidad de enfrentar los retos del futuro y han saqueado el erario público en pro del beneficio particular. Es obligado saber cómo se extorsionan los mafiosos entre ellos, cómo pierden su libertad mucho antes de ser condenados, cómo corren tras el dinero dejando atrás familia y afectos, en qué tipo de sociedad caciquil y feudal vivimos, y hasta qué límite se gana vacuidad a costa de mantener la riqueza y el poder. No hay espejos en el mundo de la corrupción, pues nadie resiste el reflejo de su imagen. Es la soledad del que ha perdido su alma, pero acude puntualmente a confesarse.

Con independencia de las cuestiones penales, de las penas y de las condenas, hay un relato de hechos que debería ser aprovechado para superar anclajes y modelos destructivos. Dependerá de la capacidad de reflexión, de crítica, de la educación y convicciones de cada uno. No es necesario tener la cárcel llena de empresarios, políticos, técnicos y demás agentes, para llegar a conclusiones que trascienden de la calificación jurídica. La perspectiva global y sus posibles correcciones no encuentran su límite en el fallo judicial. El esfuerzo realizado para juzgar a los culpables carece de sentido si esta isla no es capaz de reconocer los errores cometidos como sociedad, y poner empeño en limpiar la casa de malas prácticas para enfrentar un futuro en condiciones higiénicas de habitabilidad.

La crisis medioambiental y económica no nos va a conceder el tiempo necesario para sanar todas las heridas, ni siquiera para poner en marcha todos los salvavidas. El planeta consumió los recursos de 2018 en el mes de junio, no hay tiempo que perder. Quien tenga hijos, ricos o pobres, debe saber que no hay soluciones individuales. No hay cuenta en paraíso fiscal que te salve de la catástrofe, ni búnker que te aísle del hambre y la sed. O salimos todos o no sale nadie.

Confiemos en que esta isla siempre ha brillado dando muestras de inteligencia, capacidad de lucha y fortaleza.

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