14/Dic/2018
20/02/18

El Laberinto

Como el conejo que se saca el mago de la chistera, así ha sacado Gesplan (entiéndase, Coalición Canaria) el Plan General de Arrecife. Me sirve la imagen porque de pequeña una imaginaba un conejo mágico, blanco y suave, pero conforme he ido tomando consciencia de la realidad el conejo se me antoja malnutrido, desatendido y asustado. La ciudad de Arrecife está desnutrida, desatendida y asustada desde hace décadas, desde que la corrupción campó a sus anchas de manos de alcaldes, secretarios y técnicos que flirteaban deshonestamente con empresarios y delincuentes habituales, “como ratas, como ratas"

Desnutrida de decencia, legalidad, credibilidad, fuerza y coraje. Desatendidos sus ciudadanos, sus parques, sus espacios públicos. Indigente y asustada por ser rehén de la mafia.

Es posible que la memoria no esté fresca para una parte de la población, pero mucha amnesia colectiva tendría que sufrir esta ciudad para olvidar el mercadeo cambista que convirtió el Ayuntamiento de Arrecife en una cueva de ladrones. Y de aquellos polvos, estos lodos: el binomio corrupción/pobreza, corrupción/déficit de servicios sociales, corrupción/paro, corrupción/ educación deficiente, corrupción/ sanidad paupérrima ...

Pensar que este grupo de gobierno, incapaz y falto de ideas y de liderazgo, es responsable de todos los males que acechan a la ciudad, supone borrar de un golpe los ocho años de alcaldía de María Isabel Déniz y olvidar la instrucción del caso Unión y del caso Jable, aún antes de haber sido juzgados. Escuchar a Coalición Canaria, el partido de la señora Déniz, convertirse en adalid de la salvación de la capital es tan kafkiano como imaginar al señor presidente del Cabido impartiendo clases de ética política desde su muy cobarde atalaya. Que se apliquen lo mismo los segundos, terceros y cuartos del señor psoe o del señor pp de Montecarlo, que repiten de tanta acidez.

Pobre Cámara de Comercio, convidado de piedra en este baile de disfraces abocada al más intenso de los ridículos. El señor Torres Fuentes puede defender los intereses empresariales que desee, pero debe saber que un cúmulo de centros comerciales o suelos industriales que dan cobijo al negocio privado no es una ciudad. Tampoco depara ningún futuro prometedor que dichos negocios descuiden la salud laboral y social de la ciudad donde pretenden florecer. Los unos sin la otra no sobreviven. Lo que practica el presidente (de la Cámara) es guerra política, acción política empresarial si se quiere, pero no tiene nada que ver con la defensa del empresariado honesto y mucho menos con la defensa de la comunidad.

El discurso sigue nadando en la náusea del desarrollismo de los años ochenta. Sacrificadas legislatura tras legislatura, para dar vueltas y vueltas en el laberinto, esperando ser devorados por la bestia, sin la menor esperanza ya de encontrarse a sí mismos. Crecer para que se enriquezcan unos pocos más allá de la saciedad, construir para destrozar más allá del perímetro de la isla, superar la capacidad de carga y la de la estupidez humana, obviar lo evidente y publicitar lo indecente. Y volver a empezar, crecer para que se enriquezcan más los mismos, construir para destrozar, superar toda capacidad, obviar lo evidente.... Porque no nos basta con tropezar diez veces con la misma piedra, también necesitamos un hito en el Islote del Francés.

Unos y otros, y siempre Coalición Canaria, llevan años perdidos en planeamientos que no prosperan, proyectos que no avanzan, ilegalidades que no se legalizan, pleitos, abogados, juzgados....alimentando al minotauro a base de condenados, imputados, amortizados. Siguen sin entender el motivo de su fracaso, gastando ingentes cantidades de dinero en lenguas carentes de credibilidad, payasos de la desinformación, para dar vueltas una y otra vez, alimentando el inmovilismo una legislatura tras otra. Inventan enemigos, construyen teorías de la conspiración, insultan, amenazan, señalan con el dedo acusador a todo aquel que les resulta lúcido y, por tanto, peligroso, pero siguen sin obtener resultados. Perdidos en el laberinto del minotauro, esperando ser devorados.

Todo sigue en el siglo pasado, no han llegado al XXI. Tan ocupados estaban en poner bloques que se han olvidado de sus semillas y resulta que no tienen nada que recoger. No hay cosecha.

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