12/Dic/2018

¡Que viene el coco!

¡Que viene el coco!

Todos conocemos el dicho popular que consiste en asustar a los niños que no duermen con la llegada del coco que se los lleva o se los come. Lo recogen algunas nanas  o canciones de cuna.

Duérmete niño, / duérmete ya, / que viene el coco / y te comerá.Duerme, niño, duerme, / duerme, que viene el coco, / y se lleva a los niños / que duermen poco.

Esta creación de un miedo ficticio también se emplea a veces con los adultos cuando interesa. Es lo que creo existe ahora con Podemos. Hay un paralelismo casi perfecto entre esta tradición secular y la posible llegada de este partido a las instituciones. Voy a intentar demostrarlo.

Los adultos los podríamos identificar con lo que en el argot de Podemos serían los políticos de la casta, medios de comunicación afines, y voceros del capitalismo financiero que puede temer perder parte de sus privilegios. El niño lógicamente sería el pueblo, al que se considera menor de edad. Los peligros del coco, serían fundamentalmente chavismo, populismo, y programa imposible de llevar a cabo, sobre todo en el aspecto económico. Esto nos llevaría al desastre, lo que identificaríamos con llevarse al niño o comérselo. Veamos esos peligros.

Si yo fuera venezolano me sentiría molesto con la afirmación de que son chavistas y nos quieren imponer el modelo de ese país. Aparte de que eso es imposible porque los modelos no son exportables, creo que subyace en ella resabios colonialistas y sentimientos de superioridad y minusvaloración de un pueblo soberano, que como todos, tiene perfecto derecho a elegir su destino.

En cuanto a lo de populista habría que hablar largo y tendido del significado del término, (el término populismo ni siquiera lo recoge el DRAE, sí populista) pero basta saber que aquí se usa con un sentido peyorativo de engaño al pueblo. Es curioso que muchos de quienes lo hacen practican el refrán de ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio.

Con respecto a la inviabilidad de su programa, bastaría con remitirnos al grado de cumplimiento de los presentados por los partidos gobernantes, todos han tenido incumplimientos, de forma especial el último del PP. Por otra parte, y aunque yo no defienda que los programas electorales no sean viables o se incumplan (he mantenido siempre que sin cumplimiento de programas se nos roba la soberanía), me parece que es pecata minuta que, en las circunstancias en que se presentaron a las elecciones europeas y los objetivos que perseguían, le pusieran un poco de utopía. El programa para las siguientes elecciones a las que se pueda presentar se está elaborando y el momento de valorarlo será cuando se conozca.

Como persona que votó a Podemos (hice público los motivos en un artículo en este periódico), todo esto me indigna porque me parece menosprecio a todos sus electores. No podemos decir que el pueblo sabe lo que vota cuando vota A,  porque me interesa, y no lo sabe cuando vota B o C.

Estas descalificaciones vienen fundamentalmente de la derecha, pero  en ocasiones también la han hecho miembros del PSOE, lo que a mí me molesta más, porque creo que la izquierda debe tener más valores que la mera conquista del poder a cualquier precio. Además las encuestas están mostrando, como tendencia, el fin del bipartidismo y la dificultad de obtener mayorías absolutas. Se va a imponer una política de diálogos y acuerdos. Pero tal vez con la particularidad de que no todos van a ser acordados, como hasta ahora (con la excepción quizás sólo de IU en algunos casos)  por las élites de los partidos para distribuirse áreas de influencia, sino que, en bastantes ocasiones, se va a tener en cuenta la aprobación de las bases en torno a un programa. Me parece que el ambiente cordial entre partidos diversos, al margen de sus diferencias, sería lo más recomendable.

Llegados a este punto se me ocurre una serie de preguntas. ¿Sabemos por qué llora o no duerme el niño? ¿Estamos seguros que asustarlo con el coco va a ser la solución y va a dormir bien? ¿Y si no duerme porque le duele algo, porque está enfermo o tiene frío o calor? ¿No sería mejor averiguar el motivo de su insomnio o su llanto e intentar buscar la solución verdadera? Me da la impresión que este análisis no se está llevando a cabo o, al menos yo, no lo detecto.

Estoy seguro que todas estas descalificaciones se harán porque se estima que algún beneficio darán. Sin embargo, me parece que demuestran que muchos siguen sin entender nada de lo que yo creo que está pasando. El niño ha crecido y no necesita cuentos, sino razonamientos y política seria adecuada a su edad y que le dé solución a sus problemas. Desde este punto de vista sí me gustaría escuchar las críticas, yo mismo las tengo.

Podemos está en etapa de frescura y de luna de miel. Pero esta se acabará, y aunque a Sabina le guste (y a mí, por supuesto), que todas las lunas sean lunas de miel, la vida nos enseña que no puede ser así. En el Parlamento europeo está haciendo cosas con las que podremos estar de acuerdo o no, lo mismo pasa con su forma de constituirse, con el programa que está elaborando, las medidas que irá tomando como partido o si llega a gobernar instituciones.

A mí sí me gustaría que viniera el coco a la política. Sí, que venga el coco, pero con otra acepción de las que da el diccionario. El coco de cabeza, de cerebro, de inteligencia, de talento, de juicio, de pensamiento, de reflexión, de argumentación. Es lo que humildemente he intentado hacer en mi etapa de maestro: conjugar el verbo pensar como el más importante para la educación de una persona. Democracia auténtica, conocimiento y reflexión arreglarían muchos males, pero todavía son bastantes los que piensan que rinde más el caladero de la demagogia.

 

Diego Arrebola Gómez

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