04/jun./2020
25/02/11

Dimas, Becerra y De Armas, no tan "diferentes"


Nadie ha hecho críticas tan demoledoras ni retratos tan espeluznantes de Dimas Martín, Juan Carlos Becerra y Pedro de Armas como los que se han dedicado ellos entre sí en las dos últimas décadas. Por eso, tirando de ...

Dimas, Becerra y De Armas, no tan "diferentes"

Nadie ha hecho críticas tan demoledoras ni retratos tan espeluznantes de Dimas Martín, Juan Carlos Becerra y Pedro de Armas como los que se han dedicado ellos entre sí en las dos últimas décadas. Por eso, tirando de hemeroteca y viendo lo que opinan los unos de los otros, sobrarían más valoraciones sobre la extraña alianza que el PIL y el PNL acaban de sellar para acudir a las elecciones al Parlamento de Canarias.

Juan Carlos Becerra, en un mitin en el año 2000: “Dimas se ha empeñado una y otra vez en vulnerar la ley, en reírse de la ley, y se atreve a llamarnos traidores por abandonarle, cuando en realidad debería decir que somos personas sensatas, serias y honradas que no quisieron participar en sus chanchullos y en sus líos. Ésa es la diferencia entre unos y otros”.

Bueno, ésa, según Becerra, era la “diferencia” hace once años. Y aún lanzaba más mensajes a Dimas: “Queremos verte fuera de la política a través de las urnas, porque el pueblo de Lanzarote se haya convencido de que eres una rémora, un cáncer para esta tierra”.

Curiosamente, vueltas que da la vida, le cuestionaban hasta lo que ellos mismos hicieron años después al defender al ex alcalde de Yaiza, José Francisco Reyes, y a toda la trama urbanística de Playa Blanca. “Intenta convencer a los ciudadanos de Lanzarote, con lágrimas de cocodrilo, de que es una víctima. Una víctima de los ciudadanos, de jueces, de fiscales, de políticos… de toda la humanidad que se ha unido contra él”, decían entonces de Dimas Martín, que actualmente tiene una larga lista de seguidores en esa estrategia.

La bronca venía de viejo. Becerra, cuando en 1996 tuvo que renunciar a la presidencia del Cabildo a la que había llegado bajo las siglas del PIL, dijo sobre Dimas: “Había que estar soportando una y otra vez constantes desplantes, presiones y actitudes que siempre escondían intereses ocultos que ni yo como presidente de la institución, ni mis compañeros, podíamos aceptar. Asuntos que entendía que eran de muy dudosa reputación y de unos intereses muy dudosos”.

Pero Dimas tampoco se quedaba atrás. Por un lado, acusó tanto a Becerra como a Pedro de Armas de ser los verdaderos responsables de su condena por la compra del voto a un concejal en Arrecife. “Únicamente se me condenó por lo que manifestó mi mayor adversario político, mi enemigo político, Pedro de Armas Sanginés, que tuvo la habilidad, como lo ha hecho siempre, de engañar al tribunal”, llegó a afirmar Dimas, que también acusó a Becerra de “mandarle a la cárcel”. “Juan Carlos Becerra, en su ya tradicional formar de actuar, ha pedido mi dimisión, cuando lo mínimo que tendría que pedir es que se hiciera justicia. Y en ese caso, él estaría en la misma situación que yo, y yo no”, afirmó Dimas Martín en noviembre de 2003, cuando estaba a punto de ingresar en prisión por el caso la compra del voto.

Además, llegó a acusar a ambos de haber firmado “contratos ilegales” cuando estaban en el Cabildo y les intentó vincular con el supuesto cobro de comisiones ilegales. En 1996, De Armas presentó una querella contra Dimas por injurias, pero el caso nunca llegó a juicio. Años después, Dimas volvió a la carga e incluso grabó en vídeo una conversación con un empresario en la que se afirmaba que Pedro De Armas había cobrado comisiones. De Armas lo desmintió en una rueda de prensa, pero nada se supo de si inició acciones legales en defensa de su honor.

Desde luego, el cruce de acusaciones que han protagonizado supera con creces el tradicional rifirrafe político. De hecho, casi hace hasta anecdótico que Dimas llamara en un mitin “gilipollas” al otro hombre que ahora se da la mano y sella alianzas con su hijo. Es decir, al presidente de Nueva Canarias, Román Rodríguez

El intercambio de lindezas que en su día protagonizaron Dimas Martín, Juan Carlos Becerra y Pedro de Armas pondría hoy los pelos de punta hasta al mismísimo César Romero Pamparacuatro. Pero en aquellos tiempos, eran constantes las insinuaciones más o menos directas sobre presuntos delitos, y también cuestionaban públicamente cómo había conseguido cada cual su patrimonio.

En agosto de 1996, justo después de su ruptura con el PIL, Pedro de Armas se preguntaba “de dónde está sacando dinero Dimas Martín para llevar la vida que lleva, con yates, pantalanes en Puerto Calero que cuestan millones, casa en Los Lajares, mientras ha llevado al fracaso al Ayuntamiento de Teguise que está en la bancarrota y es a lo que quiere llevar a este Cabildo”.

La primera respuesta de Dimas, peculiar: “Es lamentable que una crisis de la profundidad que está viviendo Lanzarote en estos momentos se quiera justificar diciendo que Dimas Martín tiene una casa o un barco”. La segunda, en forma de gran pregunta de la humanidad: “¿No me conocían cuando estaban constantemente detrás de mi para ganarse el primer puesto en las listas? ¿No me conocían cuando hacían declaraciones maravillosas sobre Dimas Martín? ¿No me conocían cuando iban a ofrecer un programa electoral de mi mano por todos los escenarios de la isla de Lanzarote?” Y a esto, cabría agregar, ¿no le conocen ahora, cuando vuelven a pactar con el PIL, sabiendo que quien sigue estando detrás es Dimas Martín, y que para asegurárselo ha puesto ahora directamente al frente a su hijo? Y otra gran pregunta: ¿Ha oído Fabián Martín aunque sea la mitad de las cosas que ha dicho de su padre ese señor al que estrecha la mano?

Julio de 2003. Becerra era presidente insular de CC y estalló una crisis interna que terminó con su salida y la de otros miembros del PNL del partido, y que se escenificó en su oposición a una alianza con el PIL en las instituciones. Decía que ese pacto era “malo para CC, malo para Lanzarote, malo para Canarias y malo para la política y la confianza de los ciudadanos en ésta”.

En su cruzada contra ese pacto, llegó a afirmar que “una formación política está obligada a definir su política de alianzas y los criterios que seguirá, advirtiendo a sus electores en el caso de que esté dispuesta a pasar por alto todos sus valores con tal de gobernar”. Ahora, al unirse al PIL para intentar entrar al Parlamento, desde luego nadie puede decir que no lo hayan “advertido”, porque incluso han sellado la alianza antes de las elecciones. Puede costar explicar y digerir esta unión pero, después de tantos años, quizá hayan entendido que es más lo que les une que lo que les separa.

PD: Por si ahora pretenden decir que pactar con el PIL no es pactar con Dimas, sólo agregar una frase de Pedro de Armas en el año 2004: “¿Creen que hay algo que se mueva en el PIL que no pase por las manos del señor Martín?”

 

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