19/Jun/2019
04/06/19

La galería de Yaiza, un faro que ya se apagó

La galería de Yaiza, un faro que ya se apagó

Visitar un museo o una galería es siempre encontrarse con la esperanza de la emoción. Es un reencuentro con la belleza, un paseo emocional por la estética de lugares, personajes, tonos, profundidades y perspectivas. Un recorrido por los claroscuros de la vida.

Por eso para mi, las pocas galerías que hemos tenido en Lanzarote han sido siempre un refugio al que recurrir cuando el ruido exterior se hace insoportable y necesito calma.

Pero la Galería de Yaiza ha sido además mi casa artística. Por eso cuando me enteré de que cerraba sus puertas, me recorrió por el cuerpo una extraña sensación de desasosiego, incluso me atrevería a definirlo como una especie de tristeza de orfandad.

El cierre de una galería es siempre una mala noticia porque cuando se apagan las ciudades se envuelven de sombras, se empobrecen, se achican, las democracias se quedan sin el aporte crítico del arte. Y eso nos debe preocupar a todos.

Aquel lugar del sur de Lanzarote no ha sido sólo la casa de Wilfried, Friedel, Jochen o Karin, sino también ha sido la de muchos artistas de la isla, y la de reconocidas figuras del arte que llegaron de muchos rincones del mundo para exhibir sus piezas en Lanzarote, para hablarnos de sus mundos, de sus problemas, de sus miedos y de sus sueños.

Allí construí y expuse mi primera obra en hormigón de grandes dimensiones “Bomba Volcánica”, que actualmente se encuentra en la plaza municipal de Tahíche. Era noviembre de 1984 y tuve el privilegio de contar con César Manrique como maestro de ceremonias. Un día inolvidable que marcó mi carrera para siempre gracias al apoyo incansable de Wilfried "Veno". De ahí mi unión sentimental con ese íntimo espacio artístico de arquitectura tradicional y corazón vanguardista.

En estos 35 años, la familia Leitz nos ha permitido explorar lugares lejanos, expresiones artísticas inalcanzables para muchos, y juntos hemos caminado por senderos que van más allá de las limitadas fronteras de esta pequeña isla rica en talento y escasa en galerías artísticas.

En estos tiempos en los que la vida se mueve a un ritmo vertiginoso, sin tiempo para la reflexión, donde parece que todo cambia a tal velocidad que ni siquiera podemos metabolizar las transformaciones, me parece que hay que hacer un alto necesario para homenajear este importante espacio artístico y por otro lado, compartir el duelo por un cierre que empobrece esta isla.

Porque ante este modelo de desarrollo que nos han impuesto en Lanzarote, lleno de franquicias, espacios impersonales y grandes edificios carentes de personalidad, hay que reivindicar la cultura como un recurso que no solo aporte un valor añadido a la marca turística de la isla sino que además nos dote a los ciudadanos de nuestro innegable derecho a disentir, a reflexionar, y a soñar a través del arte.

En los albores del centenario de César se dio a conocer una mala noticia para el arte. Un cierre que es mucho más que la clausura de un negocio familiar. Es un faro que se apagó como vivió: lejos de los fuegos artificiales de la agenda oficial y sin grandes homenajes decorados de retórica vacía y el aplauso de los afiliados fieles.

En estos tiempos dominados por lo efímero, lo superficial y la ficción de los filtros de Instagram, la muerte de una galería nos empuja a la profundidad de las sombras del vacío cultural. 

Por Andrés Allí, escultor

 

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