22/nov./2019

Yo, Pancho

Hasta el pasado 15 de junio nunca había asistido a un pleno, y menos a la toma de posesión del cargo de ningún concejal electo. Ni siquiera las dos veces que, con anterioridad, mi hermana obtuvo su acta de concejal. Pero esta vez era especial por dos razones: primero, estaba interesado en poder disfrutar de un acto institucional tan solemne y democrático que, por interés intelectual, hasta ahora no había podido presenciar, así que ¿qué mejor que el del municipio que me vio crecer?; y, segundo, quería acompañar por una vez a mi hermana en ese proceso democrático dado que las dos veces anteriores estaba ausente debido a mi profesión. Además, en esta ocasión, ella lograba acceder al gobierno del consistorio después de 8 años en la oposición y eso se merece mis felicitaciones y mi apoyo, aunque no compartamos ni opiniones ni ideología política.

Pero, he de admitir que llegado un momento de la mañana sufrí una notable decepción en términos de calidad política y humana.

Decía Carmena en su discurso de despedida como alcaldesa de Madrid: “hay que cuidar la democracia”. La verdad es que el discurso me gustó y eso que no soy afín a ella. Me gustó porque decía una gran verdad, y es que la democracia, aunque tenga mecanismos y herramientas para defenderse, no es nada sino la cuidamos los ciudadanos y los políticos electos. Como bien recalcaba, cuidar la democracia es cuidar las instituciones que son, al fin y al cabo, las estructuras que nos permiten convivir en paz en la diversidad de opiniones e ideologías. Las instituciones, desde el ayuntamiento más pequeño al ministerio más importante, se basan en principios y valores democráticos arropados por la educación, la altura política y el nivel humano de los hombres y mujeres que cada día trabajan y se relacionan en ellas. Somos nosotros los que le damos el sentido que se merece, y somos nosotros los que debemos protegerlas.

Por ello, tras escuchar el discurso del representante de Podemos, de Lava y de Coalición Canaria, sufrí un shock por el discurso de Pancho Hernández. Este denigraba totalmente la legitimidad democrática y la imagen de solemnidad institucional que se merece un ayuntamiento como el de Tías.

Cuando no se obtiene el apoyo suficiente para seguir gobernando después de 8 años, como oponente político en democracia, lo que se debe hacer es darle la enhorabuena al alcalde entrante, desearle lo mejor y advertir que estará ahí para fiscalizar sus actividades tal y como demanda su posición. Así lo hizo Carmena en un Ayuntamiento en el que entraba a gobernar la derecha. Los personalismos discursivos, el resentimiento infantiloide y la falta de altura política ejercida mediante el menosprecio y el intento de criminalizar la elección de los votantes y las decisiones tomadas por los representantes electos, se aleja totalmente de aquello que Carmena expresaba en su discurso en defensa de la democracia y las instituciones.

El discurso de Pancho Hernández resultó, cuanto menos, vergonzoso. Demostró la poca calidad política existente en su persona, la falta de valores democráticos y de respeto como oponente político, y que el gran e indudable beneficiado de este cambio es el pueblo del municipio y no los nuevos integrantes del consistorio. Un Alcalde que se despide reprochando a los cuatro vientos cómo encontró financieramente el Ayuntamiento, los sacrificios realizados, los proyectos llevados a cabo o los que están en licitación, no se merece seguir gobernando. No se lo merece porque el discurso en si estaba lleno de falsedades y porque después de 8 años no puede seguir con el mismo cuento.

Por ejemplo, el tan manido argumento de la “herencia recibida” no es más que un mantra repetitivo y una media verdad (puede leer aquí ), que ha usado como pretexto para actuar como un pequeño dictador hasta el punto de ser capaz de bloquear en las redes sociales a todo aquel que le lleve la contraria. ¿Es eso un Alcalde? Parece ser que para Pancho Hernández había (o hay) ciudadanos de primera (los que le aplaudían) y ciudadanos de segunda (los que discrepaban). A estos últimos lo mejor era bloquearlos o silenciarlos, ¿no señor exalcalde? Porque escuchar a su pueblo es más agotador y es mejor encerrarse en su propia burbuja de bienestar. Además, y como explicación simplista, para todos aquellos que propagan la misma idea de la debacle financiera de Tías, les voy a proponer una idea: lean. Lean mucho y lean sobre cómo afectó a los ayuntamientos la crisis del 2008. Si en España los ayuntamientos dependían mayoritariamente de los ingresos derivados del boom urbanístico ¿qué pasa cuando estos ingresos caen en picado a la par que aumenta el paro? Pues eso, que se ingresa menos y se aumenta el gasto social para ayudar a los que están en el paro. Tías, no fue una excepción. Así lo explica Aldeguer Cerdá, en su trabajo de 2014, Autonomía Loca, equilibrio presupuestario y sostenibilidad financiera: “La recesión económica a partir del año 2008 se manifestará con un impacto significativo sobre las cuentas públicas locales, no sólo por el incremento de los gastos (…) de protección social, sino por la fluctuación generalizada de la economía y la caída (…) en la recaudación”.

Pero, qué voy a decir yo de alguien que se presenta a dos listas, una de alcalde y otra de parlamentario, para después acabar como consejero no electo en la institución más importante de la isla. Repito, consejero no electo. Un hombre que se atreve a afirmar en su discurso de despedida que Tías ha invertido en gasto social cuando esta a la cola a nivel nacional en gasto por habitante. Un hombre que no tiene en consideración las firmas de 600 ciudadanos molestos con una obra llevada a cabo al más puro estilo estalinista. Un hombre que debería haber renunciado a su acta de concejal para dar paso a otro miembro del partido y dedicarse en exclusividad a su puesto en el Cabildo. Un hombre que solo vende miedo y rencor, y que ha demostrado con su discurso representar a la vieja política narcisista carente de altura para afrontar la derrota en democracia.

Su discurso, señor exalcalde, está plagado de una falta de respeto a la inteligencia de algunos miembros del municipio capaces de analizar la situación actual más allá de sus falaces argumentos electoralistas que, como entenderá, ya cansan. Citando una frase histórica, pero con modificaciones, en su discurso usted llora como un niño lo que no ha sabido defender como un hombre. O como un político. Para el próximo discurso, tenga más altura política y democrática con las instituciones y los ciudadanos a los que representa. Hágase ese favor.

 

Por Alejandro Pérez O’pray, Ciencias Políticas y de la Administración por la UNED.

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