10/Dic/2018

Ciudad sin ley

Cuando Eva de Anta tomó posesión del cargo de alcaldesa en mayo de 2016, con el apoyo de CC y del PIL, citó a la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena. “Lo importante de nosotros es lo que hagamos”. Es cierto que lo importante de un cargo público es lo que hace, pero también lo es lo que deja de hacer. Y en su trayectoria hemos podido comprobar que ha sido más lo segundo que lo primero. Pero dicha cita nos la podríamos aplicar todos. Así, no sólo el consistorio es responsable de la situación actual de la ciudad capitalina que casi se podría considerar en abandono. Muchos de los hechos incívicos de los que hemos sido testigos los que vivimos y no vivimos en Arrecife, no vienen de la alcaldesa, sino de una población carente de valores.

Hace varios días los bomberos tuvieron que acudir a una serie de incendios (8 en total) cerca de la calle Doctor Gómez Ulla, entre las 22:20 y las 23:30 horas. Según los datos disponibles, desde 2013 se han contabilizado la quema de más de 300 contenedores de diferentes tipos en la ciudad capitalina. Esto podría ser considerado algo “normal” desde la perspectiva comparativa si nos atenemos a que todas las ciudades del país sufren de un vandalismo similar. Pero sería justificar de manera simplista, un acto que conlleva una amenaza intrínseca hacia las personas y sus posesiones, ademas de una perdida en bienes públicos. Cualquier tipo de incendio puede expandirse a los vehículos circundantes y a las viviendas de los alrededores, suponiendo un peligro para la vida de muchas personas. Ademas, Lanzarote es una isla en la cual uno depende mucho de su medio de transporte. Por eso, la quema de vehículos, de manera directa o indirecta, supone una falta de civismo hacia aquellas personas que dependen de ese medio para ir a trabajar y, por ende, para traer “el pan a casa”. Quemar contenedores, coches y demás propiedades, ya sean públicas o privadas, refleja el problema de valores que sufre Arrecife.

Pero esto no es todo. La falta de civismo no sólo se va a reflejar en los incendios premeditados o en el robo y quema de coches. Podemos encontrar en nuestro día a día una cantidad innumerable de faltas de “respeto” hacia los demás habitantes de la capital. Necesidades de mascotas en medio de las aceras, aceleraciones en mitad de la noche con moto o en coche, adelantamientos violentos y peligrosos en las circunvalaciones, accidentes y vuelcos que uno no encuentra compresible en calles estrechas, basura fuera de los contenedores lo cual aumenta la atracción de enfermedades y de animales inapropiados para la higiene de las calles, etc., son algunas de las muchas expresiones incívicas que uno puede encontrar día sí y día también durante un paseo normal por Arrecife. Y estas expresiones no son cosa de la alcaldesa, que por muy mal que considere yo que hace su trabajo, no tiene responsabilidad alguna en la falta de civismo y educación de los demás.

Es cierto que se han puesto en marcha ciertas campañas para concienciar a la juventud del valor económico que suponen ciertos actos, pero también es cierto que la educación en este tipo de actividades comienza, como decía mi padre, en la casa de uno. Así, una sociedad que demuestra tal falta de virtud a la hora de respetar al vecino, cuidar sus calles y los bienes públicos que tanto necesita (ya me gustaría ver a más de uno en algunos países en donde la basura se tira en la calle, para que vieran que bien hacen los contenedores), o cumplir con sus responsabilidades, es una sociedad que no se merece el enorme gasto económico (50 millones de euros en el presupuesto de la ciudad) que supone mantener Arrecife. Podemos quejarnos de la mala praxis desde la alcaldía, pero antes debemos dar ejemplo para poder quejarnos. No podemos denunciar y señalar a los que no hacen bien su trabajo sin antes preocuparnos por comportarnos como es debido. ¿Con que moralidad podemos juzgar lo que hacen los representantes públicos cuando no somos capaces de demostrar un mínimo de civismo hacia lo que nos rodea? Con ninguna, evidentemente. Y ya puede mucha gente tacharme de lo que le apetezca, pero esta actitud refleja que la gente no valora la suerte que tenemos cuando vivimos en un país como España, que permite disponer a ciudades como Arrecife de lo que en muchos otros lugares se considera un lujo.

Quizás cometa el error de generalizar con respecto a la ciudad, pero todos somos responsables directos e indirectos de lo que hace cada uno de nuestros vecinos. No denunciar, no entrometerse cuando vemos a alguien quemando un contenedor o dejando las necesidades de su mascota en la acera, o no llamar la atención a aquellos que ponen en peligro la vida de los demás a altas velocidades dentro de la ciudad, nos hace cómplices de una forma u otra. Por ello animo a los lectores a que cambien el “chip”, a que hagan todo lo posible por enseñar a los que nos sustituirán el día de mañana que lo poco que tenemos hay que cuidarlo, y que respetar al vecino nos beneficia a todos.

 

Arrecife somos todos, no solo el Ayuntamiento.

 

Por Alejandro Pérez O’pray

Estudiante de Ciencias Políticas por la UNED

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