11/dic./2019

Búscame un hueco

Cuenta la leyenda que cuando votas a un candidato o a una lista, los electos se desviven por mejorar la vida de los ciudadanos en el ejercicio de su cargo, y que solo están ahí por el placer y el interés de cumplir con una función loable y valiosa, la representación. Eso dice la leyenda.

Cuando votas a las listas del ayuntamiento, votas a los que se presentan. Esto también es así con los consejeros del cabildo, los parlamentarios o los senadores. Por ello, cuando ves que ciertas personas acceden a ciertos puestos sin haber participado en el proceso electoral correspondiente, se te queda un sabor amargo en la boca. Quizá, hagan un trabajo espléndido y sean la persona adecuada para el puesto a ocupar. También podrían simplemente buscar un puesto del que vivir con la esperanza de no salir del panorama político y desaparecer en el proceso. Pero lo relevante aquí es que no disponen de la legitimidad que otorga ser votado por los ciudadanos. Porque de eso se trata también ocupar un cargo, de legitimidad democrática.

La legitimidad te la da el pueblo cuando vota por la lista donde te encuentras. No te la da tu partido cuando te busca un hueco después de una derrota apabullante en un nivel inferior o como una vía para mandarte a un oscuro puesto sobrecargado de trabajo y con poca visibilidad política para deshacerse de ti. Tampoco tienes legitimidad si el puesto es producto de una transacción mercantil llevada a cabo por medio de un pacto del cual quieres sacar rédito personal o político. La legitimidad otorga derecho a formar parte de las instituciones políticas e, incluso y si se tercia, a gobernar según el modelo político existente. Por ello, una de las cualidades mínimas que debería reflejar toda figura política es la del respeto. Respeto a las instituciones, a la arena política, pero, sobre todo, a los ciudadanos que no te han elegido para ocupar ese cargo. Bastante tienen ya con ver como su participación se convierte en la llave para gobiernos que distan mucho de sus preferencias y de la lógica ideológica actual. Aunque dichos gobiernos sean del todo respetables.

Con esto quiero dejar claro que todos esos puestos de consejeros “no electos” a los que se abre el Cabildo de Lanzarote no están justificados y, menos aún, legitimados democráticamente. Lo que supone una burla más por parte de un minúsculo grupo de políticos insulares que, como advertía antes, no respetan ni a las instituciones ni al votante. ¿Por qué pagar esos cargos con dinero público si el votante no ha elegido a sus ocupantes? Así, introducir un cargo no electo para Paula Corujo cuando no ha sido votada al Cabildo (y su partido no alcanza a superar la barrera electoral estipulada), es una clara señal del mercantilismo derivado de pactos políticos que acaban tomando un cariz oportunista más que democrático. Lo más loable y moralmente correcto sería rechazar dicho puesto y actuar desde la calle fiscalizando todo lo que se hace.

Pero ¿quién le dice que no a un sueldo de 45.000€ brutos? Nadie. Ni siquiera el exalcalde de Tías, Pancho Hernández que, a pesar de no lograr renovar la alcaldía ni obtener un puesto como parlamentario canario, va a lograr un sueldo en la institución más relevante de la isla. Un premio de consolación que le resta tiempo como concejal en la oposición (es el segundo concejal del PP de Tías que ocupa un cargo de consejero en la actualidad). Decía Jacobo Medina, el Vicepresidente del Cabildo, que el Cabildo consigue traer la buena gestión de Tías. Dudo mucho que Pancho haya gestionado nada con un mínimo de capacidad, pero el tiempo nos mostrará la verdad. Aquí no hay más “concejales” a los que responsabilizar de los errores, solo está él y su área.

Es triste es que el propio reglamento permita este tipo de nombramientos. Exactamente, el artículo 60.2, de la Ley 8/2015, de 1 de abril, de Cabildos Insulares, dice así: “El reglamento orgánico del cabildo insular podrá prever la designación como miembros del consejo de gobierno insular de personas que carezcan de la condición de consejeros insulares electos, hasta el límite no superior a un tercio de los integrantes del mismo”. Por tanto, podemos decir que la maquinaria “pactista” y de “colocación”, ya viene preparada para este tipo de transacciones políticas y situaciones, y nada podemos hacer contra ello que no sea castigar con el tiempo aquellas decisiones incoherentes con el discurso político defendido. Sí, hablo del voto. Único y genuino mecanismo democrático para decidir en una democracia como la nuestra.

Somos-NC es el responsable de que Loli Corujo y Astrid Pérez gobiernen en el Cabildo y en Arrecife, respectivamente. Pancho Hernández fue el único que mantuvo al PP en algún puesto relevante durante los últimos años, pero no logro renovar su mandato o saltar muy alto en la arena política. Por esto, el premio es un puesto en el Cabildo para ambos. Un premio carente de legitimidad democrática pero cargado de legitimidad legal y normativa. Un premio que permite salvar la imagen política de Paula Corujo y Pancho Hernández durante cuatro años, mientras analizan con tranquilidad como seguir en este sistema de colocación.  

 

 

Alejandro Pérez O’pray, Ciencias Políticas y de la Administración por la UNED.

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