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Cómo, por qué y a quién votar

Ginés Díaz Pallarés |

lavozdelanzarote | 25 de mayo de 2019

Gdp-I_8

Soy polvo de estrellas, dice el sueño. Si soy polvo de estrellas, fui también nada. Soy también tiempo, y si soy tiempo fui también sin tiempo. Así que si soy polvo de estrellas, soy también sin tiempo y nada. Soy todo por lo que ha pasado mi evolución. Todo está en mi ser desde el primer conato de materia al primero de energía, cualquier frecuencia, cualquier vibración. 

Si soy polvo de estrellas, soy plasma y otros estados de la materia. Y soy por supuesto lo oscuro. Sea materia o sea energía. Y soy lo desconocido. Ya, ahora. En algún momento dejé mi estado coherente y pasé a ser decoherente. La inmensidad de partes que me componen fue dejando el todo coherente y conformando células, moléculas, tejidos, órganos, sistemas, hasta llegar a un humano.

Ese extraordinario y misterioso tránsito de lo cuántico a lo clásico. En paralelo del viaje tomé vida e inicié un largo proceso de forma en forma. Soy cada parte de ese proceso. Luego tomé conciencia y comencé a indagar. Y a retroceder en el tiempo capa a capa del proceso, como antropólogo del todo. Religión, ciencia, imaginación, fantasía… todas las herramientas disponibles en la surgida conciencia de ser y estar en el mundo

Soy tres misterios: el del primer momento de coherencia, el momento de ser vida y el tercero de ser conciencia. Y ahora aquí y allá y más allá porque soy, estoy en todo. Si me tuviera que definir cuál es la esencia de todo ese conglomerado solo encuentro que fundamentalmente soy eso, la pregunta. ¿Quién soy? Tengo vida y tengo conciencia. Y hay un estremecimiento permanente, en esto que no sabe nada de quien es, pero sabe mucho de cómo es, por responder a esa pregunta.

Así que hasta donde llego solo sé que soy una pregunta. Si lo miras con calma es quizá lo más lógico a lo que se pueda llegar. A que somos una pregunta. Todo esto es porque el big bang se sueña en mi cabeza como un gran grito: ¿quién soy? Somos parte de esa pregunta.

Tal vez no deberíamos morirnos todos del golpe sin participar de la respuesta. O al menos darle continuidad a la pregunta. Lo digo porque sueño que si dejamos de hacernos esa pregunta, de ser la pregunta, aquí ya no servimos para nada. Y el grito se irá por otro lado, dejando entre los fósiles del tiempo una forma más.

Así pues, está la ciencia preguntando: ¿cómo?; la filosofía: ¿por qué?; y un tercero: ¿quién? Que llevando esto al ajetreo de estos días, puedo decir que sé cómo votar, sé por qué votar y sé a quién votar. Extraño para alguien que no sabe quién es. Humanos.

La fascinación detrás del miedo


Normalmente miramos el futuro hacia adelante, es un gesto mental. En la noche, en las noches salvajes, el futuro tiende a estar detrás de ti. Es el miedo atávico. Todo lo que puede llegar viene por detrás. Amenazante. Pero si lo cambias, si te olvidas de la muerte, más bien si la aceptas, lo que la noche ofrece es infinitamente más clarividente que cualquier momento del día. Todo lo realmente fascinante de la vida se encuentra detrás del miedo atávico y, sobre todo, del miedo a la soledad, a la noche y a la bestia, humana o no, física o no.

Cuando "comprendes" que solo son memorias y que tú no eres esas memorias, sino el que las guarda, entonces puedes liberarlas y que partan con sus fantasmas a otros lados y más aun liberarlas a ellas mismas de su trágica misión y convertirlas en estrellas. Entonces entras en ese mundo donde arriba es abajo y muerte es vida. Y te entregas al momento que toca y gozas. Y te dedicas, más allá de cualquier frustración, a compadecerte de tu vida y de todas las vidas.

Amar.

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