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Además de muro, electricidad

Sigfrid Soria |

lavozdelanzarote | 13 de septiembre de 2019

Hasta el más progre de los progres vigila su cartera cuando está haciendo cola, guarda su dinero en el banco, comprueba que ha cerrado el coche cuando lo deja aparcado y activa la alarma de su casa por la noche, si es que la tiene instalada. Y, ¿esto por qué es? Porque el ser humano lleva impreso en el ADN el concepto de proteger lo suyo. Lo nuestro es nuestro y que tenga mucho cuidadito quien lo amenace, ya que quien lo haga padecerá toda nuestra furia. Conste que el progre que niegue esto lo negará de cara a la galería, como siempre pasa con los progres, ya que las pautas de conducta tendentes a la posesión y a defender lo de uno no entienden de ideología, es decir, son comunes a todos los seres humanos y no humanos. ¿Es esto egoísmo? Sí, egoísmo inevitable.

Vemos egoísmo en los niños, en los grandes y pequeños mamíferos, en los peces y hasta en los insectos. Lo que nos sitúa ante la hipótesis, ya tesis, de que todo lo que deriva del marxismo es antinatural, todo lo que tiene que ver con socialismo es contra natura y todo lo que huele a reparto progre suena a cuento chino. Al fin y al cabo, el hecho filogenético es un condicionante supremo estrechamente ligado a la supervivencia y a la mejora de la especie, guste más o menos a la desnortada progresía. Llegados a este punto cabe preguntarse, ¿qué es lo nuestro?

Incluimos en lo nuestro el bocata que tenemos delante, el reloj que llevamos en la muñeca, la chaqueta, el coche, la casa, los seres queridos, el entorno físico y su cuidado ecológico y hasta España como realidad socio política. Visto desde la óptica contraria, quien se sienta ajeno a lo nuestro es alguien sobrenatural, o imbécil, o sencillamente un mentiroso al que le va el postureo progre.

Sin embargo, la progresía y su buenismo venden como evolucionado exactamente lo antinatural, venden como paradigmático que un migrante que ha entrado ilegalmente en España cobre más que un español cotizante durante años, ahora jubilado. Es aparentemente fantástico, ¡qué espectacular gilipollez!, para la izquierda acoger a cuantos más mejor, sin importar las listas de espera, o que los de aquí no lleguen a fin de mes. Es más, la progresía ve normal que el militar que está de guardia vigilando la casa de todos los españoles, en la frontera de Ceuta y Melilla, sea rociado por heces y cal viva. Porque estimados lectores sí, es una insólita gilipollez obviar que España es propiedad de todos los españoles y que todos tenemos la obligación legal, derivada de la Constitución, de defenderla.

En medio del contexto chorra del pensamiento progre respecto de los derechos de quienes entran a España violenta e ilegalmente y respecto de cómo hay que defender a España en comparación de cómo los propios progres defienden sus domicilios, Santiago Abascal plantea levantar un muro infranqueable en Ceuta y Melilla y la expulsión de los inmigrantes ilegales. ¡Bravo por VOX! Pero yo añado un extra a la valiente propuesta del presidente: electrificar dicho muro.

Sé el efecto que ha producido en el lector progre lo de electrificar el muro, parecido a cuando Heidi se enteró de que a los niños no los trae la cigüeña, por lo que seguidamente explico de manera resumida que la electricidad que pido se instale en los muros de nuestras fronteras es insoportable para quien intente entrar ILEGALMENTE en España: invadirla. Pero que si el delincuente, sí, he escrito delincuente, finalmente sufre las descargas eléctricas, estas serían en pulsos no inferiores a 1,2 segundos y de intensidad no superior a 5 julios. Dado que a los prejuicios de la progresía se une su inconmensurable ignorancia, informo que esa electricidad no solo no es letal, sino que ni siquiera es lesiva. En todo caso, y viene muy al caso, recuerdo que fueron los socialistas quienes dieron por bueno que la policía entrara en las casas de los españoles reventando a patadas las puertas sin orden judicial o quienes instalaron las concertinas de las vallas de Ceuta y Melilla, que tan profundos cortes en músculos, tendones, arterias y venas han infligido a los inmigrantes ilegales. Por tanto, a la vista de los terroríficos efectos de la medida empleada por los herederos de Pablo Iglesias Posse así como previendo la oleada de críticas a este artículo de opinión por parte de quienes defienden su cartera pero instan a que nuestra casa común, España, se llene de ilegales que no tienen cabida en nuestro sistema productivo, afirmo una vez más, que la ignorancia de la desnortada progresía no tiene límites pues la electrificación que propongo de los muros de Ceuta y Melilla es una magnífica medida disuasoria.

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