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887

Ginés Díaz Pallarés |

lavozdelanzarote | 07 de junio de 2019

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El 14, 15 y 16 de junio se celebrara un encuentro en La Graciosa, organizado por la Fundación Canaria Orotava de Historia de la  Ciencia, para conmemorar la arribada de Alexander von Humboldt a la octava. Hace un tiempito escribí lo que sigue y lo adjunto como un cuento mas.

Entre el 7 y el 8 entre el pasado y el futuro que no son sino "sombras" del eterno presente. ‘887’. Permítanme un poco de humor blanco en polvo. En el país de Paquí Pallá, S.L. Hace pocos días leí que análisis del río Támesis daban tan altísimos índices de cocaína, que las anguilas estaban hiperactivas. Casi nada.

Al poco (uno o dos días) leo que el Juan Sebastián Elcano viene a La Graciosa para conmemorar su reciente declaración como octava isla habitada del archipiélago canario. Y pienso: va a entrar en el Río. Aquí no hay anguilas, pero vete tú a saber a las morenas hiperactivas por dónde les da. Y no escribo nada (lo pensé hacer ayer  porque es un poco fuerte, la gente con sus símbolos es muy suya.

Carajo, hoy, insisto, hoy, enciendo el noticiero y me topo esto: la justicia militar reabre el caso de los 127 kilos de cocaína del Juan Sebastián Elcano. La investigación sobre cómo la droga viajó de Cartagena de Indias a Nueva York y, de ahí, a España, está lejos de cerrarse. El Tribunal Militar Territorial Primero ha ordenado la reapertura del caso y la instructora, de momento, ha citado para declarar como investigado al cocinero y al despensero del buque escuela español (condimentos). Que deben ser los más puestos en memoria.

Y a esta cabeza mía le pasa algo raro, porque le ha dado por estar entrelazando cosas de paquí y pallá sin parar. Es como si hubiera descendido un poco en el mundo y ahora estuviera percatándose del cableado debajo del subsuelo que va uniendo y relacionando los avatares de la vida humana. Al menos, los que a ella le entretienen y cuando digo a ella es a ella. A la cabeza. Y una vez que ves los cables, el mundo es otro. Para la cabeza.

A todas estas, mi preocupación es que entre Paqui´Pallá a ver donde echaron el polvo. Porque si no lo echaron, sabemos que este Río y su brisa es de lo más romántico y excitante. El 7 de noviembre, si Pallá no le echan la culpa al barco y lo arrestan a él, (cosa probable, si en cocina largan), estará Paquí.

El mismo 7 de noviembre que Cristóbal Colón llega al puerto de Sanlúcar de Barrameda de regreso de su cuarto y último viaje (uno por cada palo del Elcano o viceversa), enfermo, cansado, sin una rayita para levantar el ánimo y sin fuerzas, y seguramente sin dientes para masticar hoja. Y probablemente pensando: ¡carajo de descubrimiento! O satisfecho de haberlo dado todo y haberlo roto todo.

Lo que sí se es que, por esos días, el Río estará petado de crías de pardelas excitadas con la luminosa luna creciente de la noche anterior, en su primer vuelo. Para las adultas y viejas aves resabiadas, los barcos de vela desplegados en el Río, pirateando de Paquí Pallá entre el nuevo y el viejo mundo, son historias más que familiares. A ellas les hace gracia que estemos en el octavo siglo desde que en 1375 se documentara por primera vez el nombre de La Graciosa en el Atlas catalán de A. Cresques. 8 siglos, 8ª isla.

Podría el cableado del mundo haber mandado el barco a La Graciosa el día 8 y hubiéramos hecho un triple 8, pero ese tercer 8 de noviembre sigue la secuencia del 7 de Colón y es el día que Hernán Cortés llega a Tenochtitlán, la maravillosa e hipnótica capital del imperio azteca, y el emperador Moctezuma lo recibió con todos los honores convencido que era un enviado del dios Quetzalcóalt. Ya sabemos lo que siguió. Y el mismo 8 de noviembre, Donald Trump alcanzó la presidencia del que ahora es imperio y otros tantos presidentes. También en nombre de dios quiere rematar la faena: no le gusta el mestizaje que aquello dejó. Ni los negros ni los amarillos. Se gusta él.

Así que mejor que no esté aquí, mal rollo gordo, ese tercer 8. Que venga pues como está programado, el 7. Y dejamos la secuencia en ‘887’. Que curiosamente es el título de una extraña obra de teatro que precisamente nos adentra al mundo de la memoria y en los cableados del submundo, la separación de los territorios, el tiempo y el inconsciente. En 1988, Alexander von Humboldt dio nombre a lo que hoy es un buque escuela como el Juan Sebastián Elcano. Y añado esto tomado de http://fundacionorotava.org/actividades/programa-y-reservas-simposio-hum...

“Alexander von Humboldt es un gigante de la Historia de la Ciencia, considerado el Padre de la Biogeografía, su nombre ha sido relacionado tradicionalmente con Canarias a través de su visita a Tenerife, la ascensión al Teide y el establecimiento de los famosos pisos de vegetación que estratificaban las especies vegetales según la altura sobre el nivel del mar. Mucho menos conocido es el hecho de que el ilustre naturalista alemán pisó por primera vez suelo no continental europeo cuando desembarcó en la zona noreste de la isla de La Graciosa. La historia que lo hizo recalar allí merece ser contada, su divulgación y conocimiento contribuirá a reforzar el lugar que La Graciosa merece tener en la Historia de la Ciencia”.

 

Pues eso, que el tiempo parece que existe, pero solo lo parece.

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