24/feb./2020

La mujer que “confió” en Rosa y puso la licencia de Stratvs a su nombre: “Mi idea era solo tener una casita para reunir a la familia”

La esposa del arquitecto de la bodega, que también está acusado en la causa, ha declarado como testigo y ha asegurado que ella “delegó todo el papeleo” en su marido y en el empresario y que se desvinculó del proyecto cuando vio que se convertía en algo “muy complejo y muy pomposo”

Piedad del Río declarando como testigo en el juicio de Stratus. Fotos. Sergio Betancort
Piedad del Río declarando como testigo en el juicio de Stratus. Fotos. Sergio Betancort
La mujer que “confió” en Rosa y puso la licencia de Stratvs a su nombre: “Mi idea era solo tener una casita para reunir a la familia”

El juicio de la pieza principal del caso Stratvs se ha reanudado este martes con la declaración de varios testigos, incluyendo el de una persona clave: la mujer que supuestamente solicitó los permisos para construir la bodega. “Mi idea era solo tener una casita para reunir a la familia”, ha declarado Piedad del Río, que ha explicado que su única intención era rehabilitar la vivienda que ya existía. Sin embargo, al solicitar la autorización ante el Gobierno de Canarias, lo que pidió fue permiso para esa rehabilitación, pero también para construir una bodega subterránea de 900 metros.

“La idea de comprar la casa sí fue mía, pero luego delegué todo el papeleo, porque ni sé de esas cosas ni me importa”, ha afirmado. Y en quien “delegó” fue en su marido, el arquitecto Miguel Ángel Armas Matallana, que también está acusado en la causa, y “en el Grupo Rosa”. Así, Piedad del Río ha confirmado que aunque su nombre es el que aparece en todos los papeles y solicitudes iniciales, quien desde el inicio estuvo detrás del proyecto fue Juan Francisco Rosa. De hecho, tal como ha puesto de relieve esta causa, Rosa no era el dueño del terreno ni figuraba en ningún documento cuando se pidieron los permisos y cuando se iniciaron las obras. Sin embargo, pese a que su nombre no aparecía en la solicitud, era a él a quien el Gobierno de Canarias le realizaba las notificaciones del expediente, que se remitían a un fax de Galerías Rosa.

 

No reconoce su firma en los documentos


En su declaración, Piedad del Río ha llegado a decir que la firma que aparece en algunos de los documentos que se aportaron para solicitar ese permiso no es la suya. Al respecto, ya durante la fase de instrucción de esta causa, su marido afirmó que esa rúbrica de su esposa había sido “falsificada” y que él “no tuvo conocimiento de la falsificación de documentos porque eso nunca lo vio”, ya que quien realmente se encargaba de los trámites era Rosa.

“Me he ido enterando de muchas cosas a partir de lo que está ocurriendo”, ha declarado por su parte Piedad del Río, refiriéndose así a este procedimiento judicial que se inició hace más de diez años. Según ha declarado, ella “delegó” porque tenía “confianza” en su marido y en Juan Francisco Rosa, a quien ha afirmado que les unía una relación de “amistad”. Sobre cuándo decidió desvincularse del proyecto, ha coincidido con la versión que dio su esposo al declarar como acusado en el juicio. “Se suponía que iba a ser una casa de disfrute familiar y vi que se estaba convirtiendo en algo muy complejo, muy pomposo. A mí ese aspecto de negocio no me interesaba, y nosotros tampoco podíamos asumir ese coste económico tan grande”, ha sostenido.

De hecho, aunque ya el permiso se pidió para algo que según Piedad del Río no entraba en sus planes -y que según sostiene la acusación tampoco podía haberse autorizado-, lo que luego se construyó se asemejaba menos aún a ese proyecto familiar. Y es que el permiso se solicitó para rehabilitar la casa y construir una pequeña bodega-almacén de 900 metros, y lo que se construyó fue una bodega industrial y un macro complejo que en total ocupa más de 12.000 metros cuadrados.

 

“Hablamos de quedarnos solo con la casa, pero iba a interferir”


Además, tanto Rosa como Armas Matallana están acusados de un delito contra el patrimonio, ya que las pruebas periciales sostienen que la casa, que estaba protegida, ni siquiera se llegó a rehabilitar, sino que se derribó y se construyó una nueva más grande. Y desde luego nada tiene que ver con una vivienda, ya que lo que se terminó abriendo allí fue una tienda donde se vendían los vinos de Stratvs y otros productos de las empresas de Juan Francisco Rosa.

“En su momento hablamos de quedarnos solo con la casa, pero vimos que iba a interferir”, ha señalado al respecto Piedad del Río, al explicar cómo fueron cambiando los planes iniciales desde que Juan Francisco Rosa habló por primera vez con su marido y le propuso construir una bodega en esa finca.

Respecto a la propiedad del suelo, la testigo ha confirmado que su marido solo era dueño de una pequeña parte y que la finca tenía unos 30 propietarios. Después, ha añadido que fueron comprando otras partes a “los familiares más cercanos”, con esa supuesta idea de rehabilitar la casa como punto de encuentro familiar. “No sé si el 50%”, ha respondido a la abogada de la acusación popular, Irma Ferrer, cuando ésta le ha preguntado qué porcentaje de la finca llegó a ser de su propiedad. “Creo que Juan Francisco compró lo que faltaba”, ha agregado a continuación. Sin embargo, lo cierto es que la finca tenía otros propietarios que llegaron a estar personados como acusación en esta causa por la usurpación de sus terrenos, y no fue hasta hace un año, poco antes de que empezara el primer juicio de Stratvs, cuando Rosa les pagó por ese suelo, consiguiendo así que se retiraran del procedimiento.

 

“No fiscalizo el trabajo de mi marido”


“Yo no entro en la cuestión económica. Sé que mi marido compró una cantidad y no sé si llegó al 50%”, ha contestado Piedad del Río cuando le han pedido más precisiones sobre esa adquisición. Además, en este punto también ha negado haber firmado uno de los contratos de compraventa, que sin embargo se aportó junto a la solicitud de autorización al Gobierno de Canarias. “Eso es solo un borrador”, ha asegurado, insistiendo en que no llegó a firmarlo. Además, tampoco ha podido explicar cómo ese “borrador” llegó a aportarse al expediente. “No lo sé”, ha respondido, negando a continuación que ella se lo hubiera entregado a Rosa para que lo presentara.

Según su declaración, fue su marido quien se encargó de realizar la compra de otras partes de la finca y años después, cuando ellos se desvincularon del proyecto, se las vendió a Rosa. “Mi firma aquí no está”, ha insistido (en algunos documentos, tal como desveló la instrucción de esta causa, aparece su nombre pero la firma que figura nada tiene que ver con la suya). Además, la testigo también ha asegurado que “no recuerda” haber hecho gestiones en el Catastro para poner la vivienda a su nombre y al de su marido, ni si pidió autorizaciones, y ha insistido en que ella “delegó el papeleo” en su esposo. “El trabajo de mi marido no es algo que esté fiscalizado por mí”, ha contestado después al abogado de la defensa de Miguel Ángel Armas Matallana.

Precisamente por su relación con este acusado, su declaración ha comenzado con una advertencia del presidente de la Sala, Emilio Moya, de que podía acogerse al derecho a no declarar para no perjudicar a su marido. “No tengo ningún problema”, ha respondido Piedad del Río, que en su testimonio ha coincidido en lo que ya había declarado Armas Matallana.

 

“No conozco ese tipo de términos”


En cuanto a lo que había en esa finca antes de realizar las obras de Stratvs, la testigo ha asegurado que la casa “estaba en ruinas” y que cuando ellos se reunían allí con la familia lo hacían “en la parte del campo”, “porque había árboles y sombra” e iban “a pasar el día allí”, y que por eso habían decidido comprarla y rehabilitarla.

“¿Pidió permiso para restaurar la casa o para realizar una construcción nueva?”, le ha preguntado la abogada de la acusación. “No conozco la diferencia que hay entre una cosa y otra. No conozco ese tipo de términos”, ha respondido. En lo que sí ha insistido es en que “la casa estaba muy mal” y en que no podían entrar porque “estaba llena de basura, de jeringuillas y de bichos muertos”. No obstante, aunque con respecto al techo ha dicho que “estaba hundido”, también ha reconocido que un tiempo antes se había “arreglado un poquito” la vivienda porque se rodó allí una película. “No era una ruina, ruina”, ha precisado.

En cuanto al aljibe que había en la finca, tal como reconoció el propio Rosa en su declaración, Piedad del Río ha asegurado que no lo recuerda, aunque ha añadido que les decían a los niños “que no se acercaran ahí porque había un hueco”. “Yo nunca jamás vi una fuente allí”, ha señalado también en referencia a uno de los puntos claves de la causa, ya que entre otras cosas se juzgan delitos contra el medio ambiente por la emisión de vertidos contaminantes. Sin embargo, sí ha reconocido que había un barranco y que “ahora no está”, tras la construcción de este macrocomplejo levantado en lo que, según su declaración, solo pretendía ser una obra de rehabilitación de una casa para reunir a la familia.

 

 

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