26/feb./2020

CUANDO LLEGÓ EL FALLO, VERÓNICA ERA MAYOR DE EDAD Y SIGUIÓ EN LA CASA

El padre y la madrastra de Verónica habían sido condenados por abandonar y maltratar a los niños

“Casi aterradoras”. Así calificó la Audiencia Provincial algunas de las declaraciones que se escucharon hace casi diez años durante el juicio contra el padre y la madrastra de Verónica, que en el año...

El padre y la madrastra de Verónica habían sido condenados por abandonar y maltratar a los niños

Casi aterradoras”. Así calificó la Audiencia Provincial algunas de las declaraciones que se escucharon hace casi diez años durante el juicio contra el padre y la madrastra de Verónica, que en el año 2004 fueron condenados por un delito de maltrato habitual, otro de abandono de menores y por dos faltas de lesiones contra los niños. Sin embargo, ninguno de ellos llegó a ingresar en prisión, porque la condena fue inferior a dos años de cárcel. Además, llegó demasiado tarde, cuando Verónica ya era mayor de edad y había regresado a casa, donde hace unos meses fue encontrado su cadáver.

Durante aquel juicio comparecieron profesores, asistentes sociales y hasta policías locales de Tinajo. Y lo que dijeron, fue lo mismo que durante años se venía plasmando en decenas de informes desde 1995, que advertían del horror que estaban viviendo los niños en esa casa, con claras situaciones de abandono y desatención. Sin embargo, el tema no llegó a los Juzgados hasta finales del año 2000, cuando por primera vez se denunciaron los malos tratos.

Fue el colegio el que volvió a dar la voz de alarma el 29 de noviembre de 2000, al ver que Verónica tenía una herida en la mano con aspecto de quemadura. “El 25 de enero de 2001, el médico forense, tras examinar a la menor con grandes dificultades, dada la nula colaboración de la misma y la negativa a mostrar sus manos, informa que presenta en el dorso de la mano izquierda, una herida aparentemente por quemadura” y otras heridas “de cierta antigüedad y compatibles con quemaduras de cigarrillos”, sostiene la sentencia dictada en febrero de 2004.

La misma situación se repitió en su hermano José Luis, que tenía una herida infectada y otras ya cicatrizadas en las manos, producto según la sentencia de quemaduras con cigarrillos. Sin embargo, aunque esas heridas detectadas a finales del año 2000 fueron el detonante de ese juicio, lo cierto es que muchos de los datos que llevaron a condenar al padre y a la madrastra de Verónica, venían advirtiéndose desde hacía mucho tiempo.

“De forma reiterada”, sostiene esa sentencia, “comparecían en el instituto presentando heridas, morados y golpes, en la cara y manos, y en ocasiones quemaduras, distintos a los habituales en niños de su edad”. En el caso de Verónica, los golpes eran “disimulados”, “al taparlos con maquillaje”. En el de José Luis, al menos en una ocasión llegó a aparecer en el colegio con unas gafas grandes que le tapaban un posible moratón cerca del ojo. “Al ser preguntados por sus profesores sobre el origen de las mismas, se encerraban en sí mismos, negándose a facilitar cualquier explicación”.

José Luis rompió el silencio

Poco después de iniciarse este procedimiento judicial, se dictaron medidas cautelares y Verónica y José Luis fueron enviados a un centro de menores. Ambos se fugaron en varias ocasiones, aunque la última vez ella se marchó sola y ya no regresó, mientras que su hermano continuó en el centro hasta la mayoría de edad. Y durante ese periodo, José Luis decidió por fin romper el silencio y empezar a contar lo que habían vivido durante años.

En julio de 2003, José Luis realizó una declaración que se incorporó al juicio, en la que por primera vez reconoció que fueron maltratados durante años. Eso sí, señaló sólo a su madrastra. Según su testimonio, era ella quien “les pegaba con palos y cinturón en todas partes”, y “les maquillaba los ojos cuando tenían moratones, para que su padre y los profesores del colegio no apreciaran las lesiones”. Entre otras cosas, también relató que “a veces no comían en días”, y que su madrastra hacía eso “para castigarles”.

Además, también advirtió sobre el peligro que corría su hermana, que en ese momento aún era menor de edad, pero se había fugado del centro de menores hacía meses. José Luis declaró que si estaba en la casa familiar, “la tendrían para trabajar, con el consiguiente peligro para ella”, “ya que el interés de su madrastra” era “utilizarlos a ambos para trabajar”.

Sin embargo, la administración no sólo no localizó a Verónica sino que, además, dos meses después, la Dirección General de Protección del Menor y la Familia revocó la resolución de desamparo sobre ella, al cumplir la mayoría de edad. Pese a que tenía una discapacidad intelectual del 68 por ciento, no volvieron a buscarla. Ni siquiera después de que la Justicia considerara probado que tanto ella como su hermano habían sufrido malos tratos durante años en esa casa.

Obligados a trabajar “en condiciones abusivas”

Las advertencias que entonces realizó José Luis coincidían con lo que poco después consideró probado la sentencia del Juzgado de lo Penal Número 1 de Arrecife, ratificada después por la Audiencia Provincial. Y es que además de considerar acreditados los malos tratos que se denunciaron a finales del año 2000, la sentencia también vio delito en muchas otras conductas que venían advirtiéndose en distintos informes desde 1995, incluyendo el hecho de que obligaban a los niños a trabajar en el campo “en condiciones abusivas y en horario lectivo”.

“En horario escolar, al menos en dos ocasiones”, sostiene la sentencia, “dejaron a la menor Verónica Molina en el cruce de la carretera Arrecife-Tinajo, induciéndola a realizar labores agrícolas, en condiciones deplorables y claramente abusivas dada su complexión física y la climatología existente en una finca agrícola situada en un descampado”.

Durante el juicio, varios testimonios confirmaron estos hechos. Por un lado, un profesor del colegio relató que vio cómo bajaban a la niña de un vehículo y “le dio la sensación de que la empujaban”. Agregó que “hacía frío, iba descalza y llevaba como un instrumento de labor”. Además, un policía local también reflejó en un informe que se había encontrado a Verónica trabajando en el campo. Según su testimonio, cuando se acercó a ella “dedujo que tenía miedo, pues le decía vete que te van a ver, que va a venir mi madre a buscarme”.

Respecto a su hermano, un informe médico aportado al juicio señalaba que tenía “callosidades en las palmas de las manos, propias de una actividad manual intensa, compatible con el ejercicio de labores agrícolas”.

Condena por acción y por omisión

“Los acusados, de forma voluntaria y consciente y al menos desde el año 1996, han incumplido los más elementales deberes legales de asistencia sobre sus hijos menores, Verónica y José Luis, propiciando con su pasividad, la inasistencia reiterada, injustificada y constante de los mismos al centro donde cursaban sus estudios, al tiempo que carecían de la mínima higiene y de adecuados hábitos alimenticios, presentando un deficiente desarrollo para su edad y un retraso en el crecimiento, así como falta de la debida asistencia médica”, sostenía la sentencia, que subrayaba además que Verónica y José Luis fueron “discriminados en el trato recibido respecto a los restantes hijos del matrimonio”, en referencia a los tres hijos de su madrastra.

Pero “al margen del absoluto abandono” al que se vieron sometidos, el fallo judicial también considero probado que ambos vivieron “en una agresión permanente física y psíquica, por ambos progenitores”. Al respecto, la sentencia señalaba que aunque José Luis “exculpó” a su padre de esos malos tratos y señaló sólo a su madrastra, ambos debían ser condenados. “De ser cierto que no agredió nunca directamente a sus hijos, consintió y permitió, de forma consciente y voluntaria, la situación en que se encontraban, sin hacer nada por evitarlo”, sostiene el fallo.

Absoluta falta de credibilidad

Durante el juicio, la madrastra de Verónica intentó contrarrestar los testimonios en su contra, aunque el Juzgado consideró que tanto su declaración como la de su marido adolecieron de una “absoluta falta de credibilidad”.

Mientras los profesores declararon que la niña no iba bien vestida al colegio, que llevaba el pelo “sucio y con piojos”, que “sólo llevaba pan duro”, que ella y su hermano llegaron a robar el bocadillo a los demás niños” y que los encontraron en el baño comiéndoselo, su madrastra respondió que Verónica “tenía problemas para comer”, que faltaba al colegio “porque le decían que era tonta y se sentía mal” y que si llevaba el pelo aplastado era “porque le gustaba ponerse gomina”.

Respecto a las heridas, las achacaba a que eran niños muy “inquietos” y a que José Luis había estado escalando, aunque todos sus profesores coincidieron en señalar que eran niños muy poco activos en comparación con el resto y que mostraban a menudo signos de fatiga y debilidad. “Eran niños débiles, que poco a poco fueron degradándose”, relató uno de sus maestros.

Un año y nueve meses de cárcel

Pese a la contundencia de la sentencia, el Juzgado de lo Penal Número 1 de Arrecife sólo les condenó a un año y 9 meses de prisión por el delito de maltrato, mientras que por el de abandono les impuso 14 fines de semana de arresto y una multa de 180 euros por las faltas de lesiones.

En el caso del padre, además, le condenó a seis meses más de prisión por un delito de desobediencia grave, al resistirse a entregar a los niños cuando le fue retirada la custodia a mediados de 2001. En total, la condena del padre sí superaba así los dos años de cárcel, por lo que debería haber ingresado en prisión. Sin embargo, cuando recurrió la sentencia, la Audiencia Provincial anuló el delito de desobediencia, y por tanto esos seis meses más de cárcel.

“En el momento en que el acusado fue apercibido de que su conducta daría lugar a su detención por ser constitutiva de un delito de desobediencia, accedió a la orden, ocurriendo todo ello en un breve lapso de tiempo”, señala la sentencia de la Audiencia, que consideró que “por lo tanto” no se trató de “una conducta persistente y obstinada”.

En cuanto al resto de la sentencia, que incluía también la orden de indemnizar a Verónica y a su hermano con 3.000 euros a cada uno “por las secuelas y los daños morales causados”, la Audiencia la ratificó en su integridad. Sin embargo, no tuvo consecuencias prácticas, más allá de la indemnización que cobró el hermano pequeño de Verónica.

No entraron en prisión y Verónica continuó en la casa, donde fue encontrada muerta el pasado mes de febrero. El padre, que fue detenido e imputado por el crimen, falleció poco después de su arresto, ya que padecía un cáncer terminal. La madrastra, a quien José Luis sigue señalando como la verdadera responsable del crimen, continúa en prisión provisional, al igual que uno de sus hijos. Éste último, al igual que otra hermanastra de Verónica, están imputados por un presunto delito de encubrimiento.

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