18/Oct/2018

ESTA SEMANA SE HAN RECIBIDO 17 NUEVOS ESCRITOS

El Concurso de Microrrelatos de Radio Lanzarote ya ha recibido más de 60 historias

El plazo para participar en la octava edición, que rinde homenaje al bicentenario de Frankestein, finalizará el 31 de agosto

El Concurso de Microrrelatos de Radio Lanzarote ya ha recibido más de 60 historias

El Concurso de Microrrelatos de Radio Lanzarote ya ha recibido un total de 62 propuestas. Esta semana, 17 nuevas historias inspiradas en Frankenstein se han sumado a la que ya es la octava edición de este certamen literario, que este año rinde homenaje al bicentenario de la novela de la escritora británica Mary Shelley.

La propuesta en esta ocasión es imaginar la continuidad de la historia, después de que el monstruo creado por el Dr. Frankestein “saltó por la ventana del camarote a la balsa que flotaba junto al barco. Pronto las olas lo alejaron, y se perdió en la distancia y en la oscuridad”

Como en ediciones anteriores, la extensión máxima de los relatos tendrá que ser de 100 palabras, incluido el título en el caso de que lo lleve, y la radio deberá formar parte de la historia. Cada autor podrá enviar un máximo de cinco relatos, que podrá firmar con pseudónimo, aunque deberá indicar siempre un nombre y un teléfono de contacto. 

Todos aquellos que deseen participar pueden enviar sus relatos hasta el 31 de agosto al email [email protected] Los relatos se irán publicando por orden de recepción en La Voz de Lanzarote y se leerán en el espacio 'Lectura en la Radio' de Radio Lanzarote-Onda Cero. 

Del fallo del certamen, que se hará público en la segunda quincena de septiembre, se encargará un jurado formado por periodistas de Radio Lanzarote-Onda Cero y La Voz de Lanzarote, que elegirán tres relatos ganadores y siete finalistas.

El ganador del primer premio se llevará una estancia de dos noches para dos personas en régimen de media pensión en el hotel Vik San Antonio, mientras que el relato que se alce con el segundo premio obtendrá una table Billow de Tiendas AHL Informática, con pantalla de 10, 1", 64 b, 1GBDD3, 16 G de memoria, Android 7.0 y wifi dual 2.40. El tercer premio será un pase familiar (hasta cuatro personas) con comida incluida al Rancho Texas Lanzarote Park. 

 

Sin Título


La horrenda criatura se alejó hacia el norte decidida a inmolarse. Largo tiempo navegó empleando sus deformes brazos como remos hasta quedar encallado en una gruesa capa de hielo que parecía perderse en el horizonte. Siguió a pie, tambaleándose aterido, hasta que la congelación de sus miembros y el sueño le venció. Tras un lapso de fría negrura sintió calor, y revivió en una extraña cabaña de hielo, junto a un anciano de arrugada piel morena y ojos rasgados que le arropaba y sonreía amablemente. Una radio se oía. Por primera vez el engendro se sintió amado, un ser humano.

 

Tempestades borrascosas


Aquella aldea marinera era el último fondeadero antes de zarpar a las aguas del Ártico. En su único establecimiento que hacía las veces de taberna, ultramarinos y enfermería la radio entretenía a curtidos marineros y osados expedicionarios.

En ella ya no se relataban historias de bestias y monstruos que salían de las profundidades marinas como aquellos de los mapas medievales, ahora eran temidos, por muchos, los gritos desgarradores de una criatura colosal que bien pudiera tener alma humana por sus lamentos, reproches y… disquisiciones.

 

Canto


Al amanecer escuchó un canto, aunque por allí, no había ninguna radio. Observó en la lejanía una preciosa mujer con cola de pez. Hechizado, comenzó a seguirla. Le condujo hasta unas rocas, cubiertas con cadáveres de hombres en distintos grados de descomposición. Había encontrado el paraíso. Con semejante muestrario de piel, pelo y huesos, renovaría su aspecto, adquiriendo una nueva personalidad. Ella cantaba para retenerlo, empero una vez rehecho, éste volvió a la balsa marchándose, sin mirar atrás. Se convenció de que, por no tener alma, era incapaz de enamorarse. Abandonadas en la orilla, quedaron dos orejas.

 

El suplicio


El monstruo cuenta en primicia para nuestra radio su experiencia con el doctor Frankenstein:

“Salté como pude del barco. Casi me mato al caer. Gracias a la pierna y el brazo de atleta del último arreglo me sostuve sobre la balsa. Me harté de ser cosificado. Soy feo y sé que todo lo que tengo no me pertenece, pero tengo un corazón aunque sea robado. Frankenstein está pirado y yo harto de que me cambie los miembros del cuerpo. Sólo quiero ser libre, feliz, conocer a una chica fea o guapa y bailar reggaeton toda la noche”.

 

Monstruo playero


Se levantó por la mañana con la radio despertador y pudo ver la orilla.

Con ojos adormecidos miró al agua: un monstruo horrendo le observaba fijamente en la superficie.

Comenzó a remar desesperado para alcanzar suelo firme cuanto antes y escapar de aquel engendro deforme: cada vez que asomaba la cabeza, podía comprobar que continuaba allí, persiguiéndole de cerca.

Cuando cayó resollando en la arena, vio a una niña preciosa. Se acercó hasta él ofreciéndole un puñado de escarabajos:

—¿Hacemos un agujero y los enterramos, hasta la asfixia?

Se marchó aterrorizado, huyó también de aquel otro monstruo.

 

Sin Título


“Saltó por la ventana del camarote a la balsa que flotaba junto al barco. Pronto las olas lo alejaron, y se perdió en la distancia y en la oscuridad”.

Por fin tuvo el valor de romper las cadenas que lo ataban desde su creación. Navegó durante días inmerso en pensamientos, en recuerdos que lo atormentaban, se sentía culpable. Pidió perdón a cuantos astros se cruzaron en su camino aquella noche.

De repente sus tornillos empezaron a perder presión dejando que aflorara en él sentimientos de generosidad y humildad. Era el verdadero Frankenstein…

Ahora el mundo lo había perdonado no era más que una marioneta en mano de sus creadores.

Con las ondas radiofónicas de Radio Lanzarote en la distancia, arribó a la Isla Volcánica para empezar una vida nueva.

 

Justicia


Su tristeza rodeaba su rostro. Se sentía apesadumbrado; no deseaba seguir con la vida maldita que le habían proporcionado. Enfadado, encolerizado y rebelde contra los demás, creía que no era justo estar fabricado de pedazos de otros. No era justo mirarse al espejo y crear terror. Añoraba su libertad y disfrutar del tesoro de su vida.

Alaridos de terror salían de su garganta cosida. Reclamaba justicia por esta existencia no buscada. Se declaraba culpable por sus actuaciones malditas.

El capitán del barco, alarmado, apagó la radio.

 

Sin Título

“Saltó por la ventana del camarote a la balsa que flotaba junto al barco. Pronto las olas lo alejaron y se perdió en la distancia y en la oscuridad.”

A lo lejos se divisaban sus maléficos ojos de color rojo intenso, que parecían no descansar de tanto odio que llevaba grabado en cada tornillo de su atormentado cuerpo.

Con un código genético de cables de diferentes calibres se disponía a matar, ¿quién sería su siguiente presa?

En la costa unos pescadores recogían sus nasas con anhelo, acompañados por las ondas de Radio Insular, cuando fueron atacados por una enorme bestia metálica.

Nunca se supo del monstruo, quizás quedó en los fondos marinos de Lanzarote o sepultado entre las cenizas del Volcán de Timanfaya o quizás esté entre nosotros…

 

Siren on the Water


En la negrura del agua, la luz de la luna iluminó el rostro de una chica preciosa, que le sonreía seductora. Él quedó sin habla. Quizá por ese motivo, ella comenzó a cantar con una voz fresca y cautivadora.

Hipnotizado se dio cuenta de que no sentía sus miembros. Deshizo los puntos de un brazo. Cuando iba a lanzarlo al agua para alimentar a aquel ser que ya lo esperaba con las mandíbulas abiertas, tropezó con la radio y se conectó con una canción de Hard Rock.

La sirena huyó despavorida y él pudo finalm Sin Título,

La horrenda criatura se alejó hacia el norte decidida a inmolarse. Largo tiempo navegó empleando sus deformes brazos como remos hasta quedar encallado en una gruesa capa de hielo que parecía perderse en el horizonte. Siguió a pie, tambaleándose aterido, hasta que la congelación de sus miembros y el sueño le venció. Tras un lapso de fría negrura sintió calor, y revivió en una extraña cabaña de hielo, junto a un anciano de arrugada piel morena y ojos rasgados que le arropaba y sonreía amablemente. Una radio se oía. Por primera vez el engendro se sintió amado, un ser humano.

 

Sin Título


Lloraba desesperado: todos le odiaban, le querían muerto.

Encontró un ramillete en el barco. También una radio. La conectó y comenzó a sonar Love is in the air.

Lo interpretó como una señal.

—Hay esperanza: quizá alguien me ame.

A la luz de la luna, tomó los tallos con dedos temblorosos: los deshojó con paciencia y valentía, uno a uno… “Me quiere… no me quiere… ¡me quiere!”, decidido a aceptar su destino con el último.

Y por fin este llegó.

Pobre diablo. Jugó a la ruleta rusa con un ramillete de tréboles.

El de la suerte lo lanzó al mar.

 

Sin Título


En la oscuridad no distinguía el fondo de la superficie. Se sumergió en la noche sin estrellas, en un océano lleno de remordimientos. No recuerda cuánto tardó en naufragar en aquella playa. Le despertó el sol en el rostro pero cerró de nuevo los ojos. Algunos cangrejos recorrían su cuerpo cubierto de arena y sal. No se movió hasta la noche llena de luna, en el reflejo del agua se vió distinto. Pronunció unas palabras y su voz le sonó lejana como el locutor de una emisora de radio. Supo entonces que daría su versión de la historia.

 

Remiendo de humanidad


Faltaban treinta segundos para entrar al aire. El reloj del estudio indicaba las 5’30 y él apenas se había despabilado con el primer café sin azúcar.

-Aquí tienes las noticias. Le entregó el operador ante los controles. No tenía tiempo para repasar. Pero leyó las primeras dos líneas bajo la palabra “Extra” escrita a mano. Entonces el sopor pasó de repente. Echó un vistazo, se encendió la luz roja del estudio, respiró hondo, aclaró su voz y dijo:

-Buenos días. Pescadores hallaron un hombre o algo parecido en la playa. Su cuerpo, un extraño remiendo de humanidad.

 

Amansada


Pasó hambre, sed… comía recuerdos y bebía lágrimas de agua salada.

Durmió muchas jornadas… Una mañana de fuerte brisa ártica, su balsa chocó con una banquisa. Era desafiante, fría pero infernal.

Escuchó música; pensó que estaba muerto, que había llegado a un lugar con más paz. Al abrir sus ojos almendrados, divisó unas personas vestidas de manera muy extraña, portando un aparato más raro aún que emitía sonidos musicales…

Fruto de su reminiscencia asesina, había dormido durante 150 años; la radio no existía en su tiempo.

Esta es la fiel prueba que la música amansa a las fieras.

 

El que regresó del hielo


El crítico Theodore Sidney acomodó su redonda anatomía frente al micrófono de Radio Lanzarote y comentó:

Es un lugar común indicar que la obra de Mary Shelley es una proyección al galvanismo del mito del Golem. Mucho menos se conoce la continuación, El que regresó del hielo, ambientada en la guerra de independencia griega en homenaje a Byron. Allí se describe a un soldado de gran complexión, con el rostro vendado por presuntas heridas, que hacia el final narra su retorno desde el Ártico diciendo: “Soy una anomalía y sólo en un tiempo anómalo como la guerra podría pasar inadvertido”.

 

Creados


¡Boga, boga, boga! la orden resonaba igual que en una radio en su prestado cerebro, así que obedeció, era a lo que le habían acostumbrado.

Estando ya muy lejos paró, no entendía el sufrimiento por el que había pasado, ni el motivo de su existencia. Se preguntaba el porqué Víctor le había dado la vida, le habría gustado amar y ser amado, tener una existencia feliz y al final encontrar el sentido, y no acabar en una pira pagando su ignorancia.

La pobre criatura no sabía que en este momento era más humano que nunca.

 

Sin Título


Saltó del camarote a la balsa que estaba junto al barco. Pronto las olas lo alejaron perdido en la distancia y en la oscuridad. La desgraciada criatura cerró los ojos buscando el descanso en la soledad del mar, y se dejó empujar suavemente a la playa de arena negra. Se derrumbó exhausto, y el ser infeliz que no conocía el miedo, tembló al despertar rodeado por los monos asesinos que escupían al agua los jirones de su carne descosida. Agarrados a su espalda y a sus piernas, días después de que la radio del capitán diese la voz de alerta.

 

Sueños efímeros 


Como cada día, únicamente el sonido le acompaña, sintoniza la emisora en la radio y con ritmo desacompasado baila. Y con un paso que da, pierde el miedo, con otro siente menos la soledad y por un momento es un príncipe que corteja a su dama.

Al cabo de un rato se para, la música ha dejado de sonar.….

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