
“Yo se que mi hijo es inteligente, pero le cuesta comprender de forma escrita”. Así comienza el relato de Isabelle Janssens, una madre preocupada por la dificultad de aprendizaje que observa en su hijo desde hace más de diez años.
Gorka es un adolescente con problemas de comprensión en el lenguaje. Según comenta su madre, desde los tres años se comenzaron a apreciar anomalías en su escolarización. “Los profesores me empezaron a comentar que el niño dejaba de colorear y se quejaba mucho de que le dolía la mano”.
Aunque no fue hasta unos años después cuando Isabelle se dio cuenta de que Gorka tenía un problema. “En el momento en que comenzó a tener deberes que hacer en casa, observé que le costaba mucho escribir”. Unos problemas que perduran en el tiempo, ya que a Gorka no se le ha diagnosticado ningún tipo de dificultad en el aprendizaje, a pesar de la certeza que tiene su madre. “He visitado varias veces al logopeda, ya que yo pensaba que los problemas que presentaba mi hijo no eran normales. Éste le hizo una serie de pruebas y me terminó diciendo que el niño no tenía dislexia, aunque nunca me lo he creído porque sé que tiene alguna dificultad a la hora de aprender”, explica Isabelle Janssens.
Gorka presenta problemas a la hora de escribir, aunque no son tan evidentes cuando lee. “Mi hijo omite palabras, comete errores bobos, tiene un tamaño de letra irregular, se dispersa a la hora de hacer los deberes, es muy patoso para los deportes y le ha costado mucho trabajo aprender a abrocharse los cordones o leer la hora en un reloj, entre otras cosas”. Unas características que pueden ser incluidas en la sintomatología de una persona que presenta dislexia.
¿Qué es la dislexia?

- Fotos: Sergio Betancort/Javier Fuentes
- Ignacio Calderón dirigió un seminario sobre la dislexia en la isla
Es una palabra que proviene del griego y significa dificultad con el lenguaje. Según la definición de Dislecan, la Asociación de Dislexia Canaria y otras Dificultades de Aprendizaje, “es una dificultad específica de aprendizaje cuyo origen es neurobiológico. Ésta se manifiesta en el aprendizaje de la lecto-escritura, presentando dificultades en el proceso lector, como también en la escritura y en la ortografía y, en general, con todo lo que tenga que ver con la descodificación de los símbolos que nosotros mismos hemos creado para nuestra comunicación”.
Sin embargo, para Ignacio Calderon, neuropsicólogo, la dislexia es una disfunción cerebral en la que prima antes el hemisferio derecho sobre el izquierdo, no permitiendo la correcta dominancia entre ambos. Esto quiere decir que en una persona disléxica se tiende a procesar la información y la realidad a través del hemisferio derecho, que tiene que ver con todos los procesos de orientación espacial, que con el hemisferio izquierdo, responsable del lenguaje, la matemática y la lógica.
“Es una forma diferente de aprender, ya que son personas más creativas e imaginativas, pero el sistema académico mundial está ideado para el hemisferio izquierdo, por lo que estas habilidades no son valoradas en este contexto”, asegura Ignacio Calderón.
El neurospicólogo también explica que existen tres tipos de dislexia. La primera está causada por una alteración visual, “por lo que el niño presenta dificultades para leer las letras e identificarlas”. La segunda es debida a una modificación en el proceso auditivo, “ya que el niño ve las letras pero no puede ponerles el sonido adecuado”. Por último, Calderón explica que el tercer tipo de dislexia es la mixta, que es una mezcla de las dos anteriores. “Es la más habitual porque si alteras la función visual, automáticamente afecta a la auditiva y viceversa”.
Detectar la dislexia

Las personas que presentan esta disfunción cerebral son detectadas, normalmente, en el periodo escolar, sobre todo cuando se empieza a leer y escribir. “Un niño disléxico lo es, seguramente, desde que tiene un año pero no se puede descubrir hasta que se enfrenta a la lectura”, explica Ignacio Calderón.
Los niños con dislexia tienen una falta de comprensión lectora, presentan sustituciones, omisiones o inversiones de letras y sílabas, leen de forma lenta y con vacilaciones y presentan dificultad a la hora de relacionar ciertas letras con sus sonidos.
Además de los errores a la hora de escribir y de leer, una persona con dislexia también puede presentar otros síntomas como problemas para identificar la izquierda y la derecha, para orientarse espacialmente, para leer el tiempo o dificultades a la hora de practicar un deporte. A Gorka, aún cuando presenta algunos de estos síntomas, no le ha sido diagnosticado un problema de aprendizaje. “Cuando vas al logopeda, el niño está una hora haciendo test, pero creo que esto no es fiable porque si ese día no está cansado y se concentra, éste puede hacerlos a la perfección. Por eso dicen que no hay nada más constante en un niño disléxico que su propia inconstancia”, explica Isabelle Janssens. Isabelle, que se ha documentado sobre estos problemas de aprendizaje, ha acudido muchas veces a hablar con los profesores de Gorka para pedirles asesoramiento, aunque siempre ha recibido una respuesta diferente a la que ha querido encontrar. “Me he puesto en contacto muchas veces con el colegio, pero allí me decían amablemente que el niño no tenía un problema, sino que era un niño vago y disperso”.
Y es que la dislexia puede ser calificada como falta de interés o vagancia por muchos padres y docentes, ya que según explica Ignacio Calderón, el esfuerzo que tiene que realizar un joven que presenta un problema de aprendizaje para conseguir los mismos resultados es muy superior al que tienen que hacer el resto de sus compañeros, por lo que en muchas ocasiones no le merece la pena. “La gran ventaja de diagnosticar a un niño como disléxico es que le quitas el otro diagnóstico, que es el de vago”, asegura el neuropsicólogo.
Pero Isabelle no ha cesado en su empeño por ayudar a su hijo a superar sus dificultades con el lenguaje, por lo que el año pasado consiguió que el pediatra constatara que Gorka tenía un problema. “Le hice ver que mi hijo no era vago o pasota, sino que tenía un problema de falta de atención”. Por ello, el pediatra le recetó unas pastillas que estaban indicadas para niños hiperactivos, “cuando leí el prospecto me di cuenta que eran anfetaminas”, añade Isabelle. Aunque pensó no dárselas, otros facultativos amigos de la familia le recomendaron que probase. “Estuvo tomándoselas durante un mes y medio y sufrió un cambio espectacular, ya no le costaba leer, no tenía problemas porque que su déficit de atención estaba cubierto con las pastillas, pero no quería que mi hijo estuviera siempre tomando medicamentos, por lo que las abandonamos”.
Ahora Isabelle y Gorka están ilusionados porque han descubierto el Método Irlen, un método que trabaja no sólo con niños disléxicos sino también con autistas, con personas con frecuentes dolores de cabeza y con problemas de aprendizaje. “No se si éste conseguirá solucionar los problemas de mi hijo, pero lo vamos a intentar”, asegura Isabelle Janssens. Por lo pronto, Gorka está abierto a todo, “aunque no lo dice, yo creo que piensa que si consiguieran ayudarle sería muy beneficioso para él”.
Leer en colores

El Método Irlen trabaja con grupos de personas que presentan dificultades a la hora de aprender. Según Ignacio Calderón, el único neuropsicólogo que aplica este método en España, abarca a un universo de población amplio, ya que se pueden beneficiar de él personas disléxicas, autistas, con frecuentes dolores de cabeza o con déficit de atención. Calderón explica que el síndrome Irlen se basa en un problema del cerebro para filtrar algunas frecuencias de ondas de luz, ya que las filtra de manera anómala y, por ello, aparecen una serie de síntomas como los de la dislexia, el autismo o los dolores de cabeza. “Cuando consigues filtrar las frecuencias de ondas que el cerebro procesa de manera anómala, los síntomas desaparecen del todo o se van reduciendo”.
El Método Irlen filtra estas frecuencias de ondas a través de unas lentes y transparencias de colores. Calderón asegura que debido a éstas, las ondas que se perciben de forma anómalas se corrigen.
“Existe un primer paso que es el diagnóstico. Una vez identificado el problema, se procede a buscar el color de la lente o la transparencia”, explica el neuropsicólogo. Aunque este proceso es muy singular, ya que asegura que existe un color para cada persona y, hay que dar con él. “Es el propio paciente el que encuentra su color, ya que hay algunos que rechazamos, otros que son neutros y otros con los que sentimos una mejoría espectacular”. Aún así, el proceso es laborioso, ya que existen diez colores para las transparencias y entre 60 y 80 para las lentes, combinables entre sí, por lo que el número de colores en infinito.
“El proceso se realiza igual que cuando vas al oculista, ya que yo le voy insertando al paciente colores y éste va eligiendo con los que mejor se encuentra”.
Ignacio Calderón asegura que en España existen unos seis millones de personas que podrían verse beneficiado por este método, aunque explica que sólo 500 personas han sido tratadas en nuestro país porque es el único profesional que lo aplica.

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Animo Isabelle.
En el caso de mi hijo (10 años), no tiene problemas de comprensión o yo no se lo detecto, ya que es capaz de resolver problemas de matemáticas sin dificultad y entiende perfectamente los temas de conociemiento del medio, no tiene problema de sicomotricidad al contrario es muy avanzado, pero le cuesta muchisimo leer, por lo que tiene muchas faltas de ortografía y esa dificultad ha hecho que odie cada vez más leer. ¿existe algún método, sistema, ... para que estos niños vayan leyendo con naturalidad, sin miedo, ...?
Mi hijo ya tiene 26 años y a pesar que estaba diagnosticado como dislexico desde los 7 años, tuvo que soportar durante la étapa de la ESO a profesores que lo llamaban vago, bruto, ignorante, ese ha sido el mayor problema de mi hijo , la incomprension de sus profesores, aprovechando la creatividad y la inteligencia típica de los dislexico ha conseguido terminar un Ciclo formativo Superior en la Escuela de Arte, todo se lo ha ganado él, nadie le ha regalado nada, pero sin duda alguna lo peor ha sido la desmotivación, la depresion y la incompresion de los demas que durante años ha superado él con el único apoyo de su familia. El único consejo que doy a Isabel (si me lo permite), es el apoyo, el cariño y la confianza en su potencial que segura ya esta haciendo. !Animo!
Me parece de juzgado de guardia decir que el autismo o la hiperactividad se cura con unas lentes de colores o transparencias.