Opinión

Un referéndum para la independencia

Acabamos de ver como Escocia se sometía a un referéndum para saber si su población quería que su País fuese independiente o siguiese formando parte del Reino Unido. Con un resultado muy ajustado, ya se ha publicado la decisión de los escoceses, sumando la de tantos habitantes foráneos que se llega a alcanzar un 87% del censo.

En Estados Unidos se dio un caso similar con Puerto Rico en 1995, permitiéndose un referéndum donde se mostró que los puertorriquenses no querían seguir con el antiguo estatus de "estado libre asociado", respetando EEUU esta decisión y asumiendo la escogida por Puerto Rico de las tres propuestas entonces. Pero hay más, en 2012 fue Quebec quien voto la independencia de Canadá libremente, como han hecho otros países a lo largo de la historia reciente. La otra forma es declararse independiente de manera unilateral, como fue el caso de Eslovenia, que lo hizo el 25 de junio de 1991. Dos días antes, los doce estados miembros de la Comunidad Europea y los Estados Unidos, habían dicho públicamente que nunca reconocerían la independencia eslovena y que daban apoyo total a la unidad yugoslava. Pero al final Eslovenia es un país independiente adherido a la UE desde 2004.

Las fronteras no han dejado de cambiar en toda la historia de la humanidad, los problemas vienen cuando se producen imposiciones violentas, que desatan más violencia. Cuando hay carencias democráticas, cuando se prohíben los referéndum por la independencia, se retrasan los problemas de las libertades de los países con ansias de emancipación, como está sucediendo con el antiguo Sáhara español, con todo el sufrimiento asociado que las actitudes violentas y colonialistas llevan implícitas.

Cuando se actúa democráticamente, cuando se impone la diplomacia y la cordura, la historia de la humanidad no se mancha de sangre y penas, no se gasta lo que no se tiene, no se embargan los futuros de nadie y el progreso sigue su curso remontando, casi siempre a mejor: al menos sin violencia.

España sufre una grave carencia democrática. Apenas falta nada para que el poder eclesiástico se manifieste, adosado al poder político como antaño, para que sea efectivo que en ese estado solo hay un nacionalismo legal, que se nomina "nacionalcatolicismo" igual que cuando el régimen franquista, pues el reino de los borbones confunde igualdad con centralización y entiende por unidad el veto a la autodeterminación de los Pueblos. Si a ello le sumamos el concepto español de lo social, hay que admitir que no se puede ser más violento.

 

Pedro González Cánovas, Miembro de ANC