Opinión

¿Podemos?

La Unión Deportiva Lanzarote ha decidido dar el aviso de que viene el lobo, en forma nada menos que de disolución del club si no aparecen una o varias manos salvadoras para sacarle de la quiebra, y ahora es cuestión de días ...


La Unión Deportiva Lanzarote ha decidido dar el aviso de que viene el lobo, en forma nada menos que de disolución del club si no aparecen una o varias manos salvadoras para sacarle de la quiebra, y ahora es cuestión de días ...

La Unión Deportiva Lanzarote ha decidido dar el aviso de que viene el lobo, en forma nada menos que de disolución del club si no aparecen una o varias manos salvadoras para sacarle de la quiebra, y ahora es cuestión de días saber si realmente se consuma el peor de los presagios o si, por el contrario, alguien consigue rescatar a la entidad de las garras de la desaparición.

Y todo ello, se dilucida mientras el fútbol es el gran protagonista, con toda España mirando a Austria y a esa Eurocopa que ha dado ilusión hasta a muchos que habitualmente no vibran con 22 jugadores frente a un balón. Y es que guste o no, este deporte consigue mover masas, despertar pasiones y hasta unir a una sociedad en torno a un equipo.

Por eso, precisamente en este escenario, resulta aún más difícil entender qué pasa con el club de fútbol más importante de la isla. ¿Realmente no importa a nadie, como dijo el ya ex presidente del Lanzarote, Victoriano Elvira, el mismo día en que presentó su dimisión? Sin duda, y a la luz de los acontecimientos, parecería que tiene razón. De hecho, en la asamblea en que toda la junta directiva hizo oficial su renuncia, sólo estaban los propios directivos y 18 socios, de los casi 130 afiliados con los que cuenta el club. Y a trancas y barrancas lograron conformar una gestora que, en principio, afirma que sólo se hará cargo del club hasta la fecha fijada para la convocatoria a elecciones, tanto si se presenta como si no una candidatura para entonces.

La otra conclusión de esa reunión fue un comunicado de los socios en el que cargaban contra empresas, instituciones, medios de comunicación y, lo que es peor, contra la sociedad en general por no implicarse con el equipo. Por no llenar el estadio cada domingo. Por dejar que el campo sólo tenga unos cientos de aficionados ante cada partido. Y todo eso lo dijeron sin darse cuenta de que la verdadera cuestión, lo que tendría que haber sido el trabajo del club desde hace mucho tiempo, es preguntarse por qué no consiguen que la sociedad lanzaroteña se identifique con los colores rojillos.

Evidentemente, el Lanzarote ha tenido momentos de gloria, como su ascenso a Segunda B o su histórico partido contra el Real Madrid en la Copa del Rey, donde sí lograron un lleno absoluto y una pasión repentina. Pero no se puede criticar por ello a los que se acercan al fútbol o a cualquier deporte tras la estela del éxito. Porque en definitiva, eso no es más que buscar una ilusión que, evidentemente, la UD Lanzarote no ha sabido mantener.

Y lejos de ser conscientes de ello, o de intentar enmendarlo, se han embarcado en un proyecto económico por encima de sus posibilidades que, con una plantilla formada en su mayoría por caras nuevas e importadas de otros lados, no ha permitido una identificación con los jugadores, ni ha dado unos resultados deportivos como para despertar las pasiones del éxito.

El balance ha sido una deuda de cientos de miles de euros, que incluye impagos a la plantilla y a todo el personal que trabaja para el club, y desde luego no se puede culpar de ello a los empresarios que no aportan dinero o que han dado menos de lo que la entidad pedía. Ni siquiera a las instituciones. Porque aunque puede ser criticable que aún esté pendiente el pago de una parte de las subvenciones comprometidas por el Cabildo para este año, lo cierto es que ni siquiera con esa cifra se pagarían todos los agujeros. Y tampoco se puede dar un nuevo cheque en blanco con dinero público para salir del bache, cuando la lista de necesidades sin cubrir en la isla sigue siendo larga.

Ahora, un pequeño grupo de empresarios históricos del club está luchando para evitar que llegue el lobo. Y esperemos que lo logren. La UD Lanzarote necesita casi más que la selección española el "podemos", aunque en este caso, la pregunta es si queremos. La cuestión es si en Segunda B, en Tercera, o donde tenga que estar, la isla quiere que siga existiendo su principal referente futbolístico. Y si el club va a ser capaz de generar esa ilusión. Porque si queremos, podemos.