Me quedo con un Arrecife sin artificios

Mi abuelo cumple en unos días 102 años. Y como cualquier persona de esa edad, ya sólo por la experiencia, lo considero un sabio. De esos que saben de lo que hablan porque lo ha vivido casi todo, desde una Guerra Civil, hasta cuando se trabajaba en el campo desde pequeño llegando hasta crisis económicas y descubriendo los beneficios del móvil. Porque sí, se trata de una persona mayor, pero que se ha ido adaptando a los tiempos de forma asombrosa y aunque le sigue sorprendiendo que se pueda enviar fotos a través de un móvil, él lo acepta y lo disfruta.

Les digo todo esto porque en plena polémica con la Avenida de Arrecife, (semipeatonalización o no), me acerco y le pregunto su opinión. Me comenta que la pregunta está fuera de lugar, que sólo una sociedad enviciada en la comodidad podría plantearse esa duda.

Me dice … ¿Si tienes dudas? Sitúate en la propia avenida, recórrela paso a paso, con calma. Observa, respira y saluda a quienes te encuentras. Piensa lo que darían muchos por poder recorrer ese camino a diario o tenerlo cerca de sus casas y después plantéate por qué queremos esconderlo, disfrazarlo o adornarlo con coches.

Esa misma tarde así lo hice. Reconozco que hace tiempo que no camino sin tener un fin concreto. Lo que conocemos por caminar por caminar que tanta falta hace y tan saludable. Arranqué desde el aparcamiento de La Rocar y como me aconsejó mi abuelo, observé y valoré. Mientras, pensaba en todo lo que se está trabajando en muchos lugares por la sostenibilidad, por las energías renovables y en consecuencia por una sociedad más consciente, más saludable.

Caí en la cuenta de que nos hemos equivocado tanto … que no querría que volviese a pasar … El debate sobre semipeatonalizar la Avenida Marítima de Arrecife o dejarla abierta al tráfico ni siquiera debería existir. Los expertos, los entendidos y mi abuelo huyen de los coches y la contaminación.

Muchos ni siquiera se percatan que este hecho es histórico. Que tiene mucha más importancia que la que se le está dando (y ya es decir). No se trata de lo que nos guste o deje de gustar, si cogemos el coche o no, si llegamos a nuestra hora al trabajo o debemos levantarnos un poco más temprano (chiquito calvario …) se trata del posible legado que dejamos a futuras generaciones, el ejemplo que les damos al anteponer los coches a la bici, la contaminación al aire puro, al volante a ir cogidos de la mano …

Yo prefiero dejarles la posibilidad de hacer el mismo recorrido que yo hice, en zapatillas, con el pelo revuelto y saludando a mis vecinos. Con la posibilidad de ayudar a la señora que se le ha caído la bolsa de la fruta y con la sonrisa del niño que está aprendiendo a coger al bici sin ruedines.

Me quedo con un Arrecife, sin artificios. El de siempre. El que un día cambiamos pensando que era para mejor. Debemos rectificar, entender  que los coches son funcionales pero les hemos dado una importancia que no tienen.

Una buena amiga siempre dice que es importante reconocerse, yo cuando dudé no me reconocí. Tras la caminata vuelvo a ser yo misma.

 

Montse de León Acuña, Periodista