Opinión

Mareando la Universidad

Lanzarote lleva años reclamándola. Todos los partidos políticos aseguran que la isla la necesita. Ha sido protagonista de reuniones, acuerdos e incluso firma de convenios, pero la Universidad sigue sin llegar, y las ...


Lanzarote lleva años reclamándola. Todos los partidos políticos aseguran que la isla la necesita. Ha sido protagonista de reuniones, acuerdos e incluso firma de convenios, pero la Universidad sigue sin llegar, y las ...

Lanzarote lleva años reclamándola. Todos los partidos políticos aseguran que la isla la necesita. Ha sido protagonista de reuniones, acuerdos e incluso firma de convenios, pero la Universidad sigue sin llegar, y las principales culpables son las propias instituciones lanzaroteñas. Como en tantos otros temas.

El empeño de la isla en complicar hasta lo más sencillo está dejando a cientos de jóvenes sin la posibilidad de poder acceder a una carrera universitaria en su isla, o de tener concentrados los estudios que ya existen en un mismo campus, con edificios e infraestructuras dignas.

El proyecto ni siquiera es tan ambicioso. Se trata de unificar las Escuelas de Turismo y Enfermería, además de la UNED y la Escuela de Idiomas, y abrir la puerta a la posible llegada de carreras como la de Empresariales, tal como hace años ya había prometido la Universidad de Las Palmas. Sin embargo, la propia isla le da la excusa perfecta para que no cumpla ese compromiso, al no ponerse de acuerdo en dónde deben ubicarse las instalaciones.

Ahora, la histórica lucha del PIL de Dimas Martín por llevarse el campus a Teguise, como ya hizo en su día con las escuelas existentes, o con obras faraónicas y fallidas como el Complejo Agroindustrial, se ha reabierto con más fuerza que nunca, y parece que esta vez, sus socios de gobierno del PSOE sí están dispuestos a ceder.

En su momento, con la alcaldía de Arrecife también en manos del Partido de Independientes de Lanzarote, en el que entonces militaba Isabel Déniz, se logró alcanzar un acuerdo y hasta firmar un convenio con la Universidad de Las Palmas, estableciéndose incluso unos terrenos en el barrio de San Francisco Javier. Pero ahora, eso ha pasado a ser papel mojado, y años de debate y acuerdos se han tirado por la borda.

Las declaraciones que llegan desde Teguise, que ha puesto suelo a disposición de la Universidad y está dispuesto a dar batalla, y las que llegan desde la propia presidenta del Cabildo hacen pensar que La Villa y el PIL están más cerca que nunca de conseguir su objetivo, aunque todo se ha supeditado a una reunión que mantendrán los alcaldes, el Cabildo y la ULPG, en la que esperan que sea la propia Universidad la que decida. Algo un tanto peculiar, si se tiene en cuenta que a día de hoy, la única opción sobre la mesa pasaría a ser la de Teguise, ya que el grupo de gobierno de Arrecife parece no tener demasiada prisa y, después de desechar acuerdo que se había alcanzado en la anterior legislatura, no sólo no ha planteado otra alternativa sino que, además, rechazó una moción de los grupos de la oposición en la que pedían que comprometiera a determinar un suelo para ceder en el plazo de un año.

Es decir, que a día de hoy, las opciones son seguir esperando eternamente hasta la aprobación de un Plan General que parece que ahora volverá a arrancar casi desde cero, con los años de trámite que eso conlleva, o aceptar Teguise, que ni siquiera cuenta con una red urbana de transporte para conectar los pueblos del propio municipio con La Villa.

No es la capital, ni tiene su volumen de población y por tanto de potenciales estudiantes, ni está bien comunicada, pero tiene suelo que ofrecer y ganas de cumplir una aspiración histórica. Bueno, eso, y la promesa de que se podría mejorar la red de transporte e incluso reclamar el apoyo de la Universidad para financiar los gastos de los estudiantes. Sin duda una bonita promesa, aunque cuesta digerirla en una isla en la que, después de décadas, hay pueblos que siguen sin tener una parada de guaguas, y en la que para definir una ubicación para un campus, que en teoría ya contaba con financiación para construirse, se lleva una década pensando y despensando.