Opinión

La imprudencia no tiene excusas

¿Sería necesario poner un paso a nivel que permita cruzar la LZ-2 a los peatones que deben atravesarla, por ejemplo, para ir desde la parada de la guagua situada en la zona industrial hasta el núcleo residencial de Playa ...


¿Sería necesario poner un paso a nivel que permita cruzar la LZ-2 a los peatones que deben atravesarla, por ejemplo, para ir desde la parada de la guagua situada en la zona industrial hasta el núcleo residencial de Playa ...

¿Sería necesario poner un paso a nivel que permita cruzar la LZ-2 a los peatones que deben atravesarla, por ejemplo, para ir desde la parada de la guagua situada en la zona industrial hasta el núcleo residencial de Playa Honda? Puede que la respuesta sea sí, o al menos tal vez. Quizá habría que estudiar a fondo si es necesario facilitar ese acceso, por más que en la actualidad ya hay una zona habilitada para ello, aunque un poco más lejos. Pero lo que no se puede es utilizar esto de excusa para justificar las imprudencias.

Esta semana un nuevo atropello en la zona volvía a poner el tema sobre la mesa, pero lo cierto es que los conductores que habitualmente utilizan esa carretera saben que encontrar ahí peatones jugándose la vida es el pan nuestro de cada día. Y que lo raro es que no sucedan desgracias con más frecuencia.

Porque cuando una persona se decide a irrumpir en una vía rápida, a saltar la mediana central y luego los carriles del otro sentido, está poniendo en riesgo su vida y la de todos los que circulan por allí. Y evitar todo eso, bien vale el esfuerzo de caminar hasta la rotonda, que les permite acceder a su destino por un lugar seguro.

Sin embargo, parece que es necesario poner un muro de 100 metros y vallas electrificadas para disuadir a los que aún se siguen lanzando a cruzar esa carretera, quizá pensando que en ese momento no hay coches o que les va a dar tiempo a pasar. Pero desgraciadamente no siempre es así, y ésa es la única idea que tendrían que tener en la cabeza cuando están al borde de la carretera esperando para cruzar indebidamente.

Y como este ejemplo, se pueden encontrar otros muchos, tanto de peatones como de conductores, que desafían a la muerte. Es como si no se hubiera terminado de entender que los vehículos son algo tan útil y cotidiano como peligroso, y que ni los que los conducen ni los que entran en su territorio pueden tomárselos a la ligera.

Afortunadamente, el pasado año se registró una disminución en el número de muertes en las carreteras lanzaroteñas, pero más allá de la estadística, lo concreto es que 10 personas perdieron la vida. Y en lo que va de 2008, ya han fallecido dos en unmismo accidente en la zona de La Geria.

Sin duda no se van a poder evitar todas las desgracias, y algunas puede depender incluso de factores externos, pero lo que se pueda hay que evitarlo. Lo tienen que evitar las instituciones, tanto con campañas como la que esta semana presentaba el Cabildo para intentar concienciar a los lanzaroteños de la importancia de utilizar el cinturón de seguridad, como mejorando las carreteras para hacerlas más seguras, eliminando puntos negros y, entre otras muchas cosas, hasta mejorando una señalización que puede llevar a cometer peligrosos errores a los que no conocen a fondo las vías por las que están circulando, y que muchas veces pueden ser un gran enigma para un turista.

Pero también lo tiene que evitar cada ciudadano, tomándose más en serio la gravedad de lo que tiene entre manos. El peatón que cruza por un lugar no permitido o que utiliza una carretera como si fuera un parque público, el ciclista que va por la mitad del carril bloqueando la circulación o forzando a realizar un adelantamiento peligroso y, sobre todo, el conductor que se ve capaz de saltarse un stop, de adelantar a 160 por hora en una carretera de 90 y hasta de dar media vuelta y cambiar de sentido en plena circunvalación de Arrecife.

A esto obviamente hay que sumar la necesidad de que aumenten los controles para que acciones como éstas, que se pueden ver a diario en las carreteras de la isla, no queden impunes, pero por respeto a nuestra propia vida y a la de los demás, cada uno también tendría que poner todos los medios para que no se tengan que llorar más heridas ni más muertes.