Opinión

Isla hipócritamente saturada

Al volver de FITUR, la feria de promoción turística más importante del país, nuestra muy socialista presidenta insular dio una rueda de prensa para decir entre otras cosas que Lanzarote está “turísticamente saturada”. Sí, al volver de FITUR. 

Estoy segura que esas declaraciones que dio con toda la fanfarria desde el Islote de la Fermina no tuvieron la repercusión que ella y su bien nutrido equipo de asesores esperaban. Los grandes anuncios, esos que valen una legislatura entera, requieren algo más que un escenario bonito, un vídeo con música épica y una llamadita al medio amigo para que el titular aguante en portada al menos toda la mañana. 

Un anuncio así, que podría cambiar para siempre la forma en que nuestra gente se gana el pan, no fue motivo de conversación en cafeterías, no se comentó en la sala de espera del centro de salud y no causó ni un poquito de inquietud en el despacho de la presidenta de Asolan. Incluso en las tertulias de las radios locales, trufadas de aspirantes a gestores públicos, pasó sin pena ni gloria.

Quizá la falta de entusiasmo ante las grandilocuentes palabras de María Dolores Corujo tienen que ver con la credibilidad, o más bien la falta de ella. Aunque la memoria política sea corta, quienes tenemos la costumbre de estar pendientes de la cosa pública aún nos acordamos de aquella también altisonante declaración de “emergencia climática” al inicio de la legislatura. Declaración que nada cambió y que no supuso ni una sola medida concreta para revertir los efectos del cambio climático desde nuestra posición de isla diminuta en medio del Atlántico.

Efectivamente, Lanzarote está saturada turísticamente. Acertó en el diagnóstico la señora presidenta, como también acertó en declarar la emergencia climática. Pero acertar en el diagnóstico no implica conocer el tratamiento adecuado o tener la capacidad necesaria para aplicarlo. 

Plantar un hipotético Observatorio del Cambio Climático en La Fermina no acabará con el problema del calentamiento global así como cambiar a los turistas pobres por turistas ricos no soluciona la saturación turística. Porque, para sorpresa de nadie, la solución que propone ahora mismo el ala socialista del Cabildo y la SPEL, es la cosmética de llamar “turismo de calidad” y “Lanzarote Premium” al pinta y colorea de siempre.

En el último FITUR prepandémico, en el tan lejano 2020, la gran obsesión de la presidenta era el “refuerzo de la conectividad”, o lo que es lo mismo, que más aerolíneas abrieran rutas con Lanzarote para que llegaran más turistas. En 2020 también teníamos una emergencia climática, las colas en Timanfaya ya nos tenían hablando solas y vivíamos apretaditas entre tanto turista colorado. Lo que seguro que no había en 2020 era la amenaza de unas elecciones autonómicas.

El PSOE sabe que tras esta legislatura ha perdido por completo el apoyo ecologista que le quedaba. Tras intentar limpiarse las posaderas con el PIOT del 93, la incapacidad de solucionar el holocausto marino que suponen las jaulas de Playa Quemada, el empeño en seguir fomentando el uso del coche privado planificando nuevas carreteras que nadie necesita, el nulo avance en la introducción de renovables, el empeño en negar que las extracciones de jable suponen un problema para la biodiversidad de la isla y con el velado desprecio al Consejo de la Reserva de la Biosfera, los muy socialistas tienen claro que los agentes sociales del ecologismo y la protección del territorio no escojerán su desteñida papeleta en mayo.

Para darle soluciones a la emergencia climática y para acabar con la saturación turística no hay medidas mágicas, pero todo pasa por un mismo camino: el decrecimiento. Además del aumento de la protección efectiva de los espacios naturales y la biodiversidad, que debe financiarse de una vez por toda con una ecotasa como hacen todos los destinos turísticos maduros y espabilados, se debe redactar ya una ley turística que contemple una moratoria ambiciosa. 

No hay más recetas. No hay discurso, ni inauguración, ni espectáculo de drones que dibujen un futuro certero para este trocito de tierra. Todo pasa por decrecer, por tener la valentía de decirle a la patronal que les va a tocar comer menos para que podamos tener un sitio donde vivir mañana, por plantarle cara a los nuevos dueños de la isla para que sepan que ya estuvo bueno. 

Pero como siempre, al PSOE le tiemblan las piernas y tiene que limitarse a una declaración vacía a ver si así logra salvar los muebles.