Opinión

El momento de volver

Nacimos como respuesta a la indiferencia del Estado, crecimos haciéndonos fuertes y respetados en las instituciones y en los parlamentos y ahora, muchos años después, quienes hemos tomado el relevo del nacionalismo canario, nos enfrentamos a un reto tan apasionante como complejo: emprender una nueva etapa de transformación y renovación de la sociedad canaria.

Es el momento de volver al inicio del proyecto. Es la hora de desarrollar nuestro propio proceso interno de cambio apostando, como lo hicimos hace más de tres décadas, por fortalecer el papel de las asambleas ciudadanas y garantizar un camino más participativo en la toma de decisiones.

Tenemos que ser autocríticos, asumir sin temor los errores que hemos acumulado durante nuestra gestión, muchos de ellos injustificables, dar la cara ante los ciudadanos y exponer cuáles son nuestras propuestas en un debate abierto.

"No hay cambio sin riesgo", escribía esta semana Josep Ramoneda en un artículo sobre las incógnitas que existen con respecto a la próxima campaña electoral, la más importante que viviremos después de los primeros comicios de la democracia.

A la crisis económica se ha sumado una desafección política y un progresivo distanciamiento de los ciudadanos con respecto a sus representantes públicos. Y los nacionalistas no somos una excepción en este alarmante proceso de insatisfacción ciudadana. Y el mayor peligro al que nos enfrentamos ahora, si no tomamos una decisión firme y creíble, es el hastío y el debilitamiento de un sistema que, sin un cambio, seguirá agonizando.

¿Es posible revertir esta situación? ¿Cómo debemos afrontar la política en este nuevo tiempo? ¿Que? marcos de debate tenemos que recuperar o reforzar?

En nuestro caso, la respuesta es sencilla. Canarias necesita contar con un partido con una fuerte vocación nacionalista para evitar que, en el periodo que ahora afrontamos, y tras haber perdido derechos y recursos en apenas tres años, nos veamos abocados a revivir aquellos dificilísimos años en los que nadie, ni un solo diputado canario, alzaba la voz en Madrid para garantizar el respeto de aquellas leyes que protegen nuestras singularidades.

Pero este relato ya no es suficiente. Tenemos que ser capaces de reencontrarnos con nuestro electorado, con aquel que sigue creyendo en nosotros y con aquellos que, desilusionados, decidieron darnos la espalda. Y tenemos que hacerlo apelando a lo que siempre nos ha unido a la ciudadanía, es decir, a la cercanía y a los sentimientos de pertenencia a una unidad geográfica diferente. Son más los valores que debemos conservar que los que debemos reconstruir y no debemos desaprovechar la ocasión que ahora se nos presenta para no enfrentarnos a este nuevo proceso electoral como lo hicimos cuando nacimos: dialogando con todos, debatiendo en la calle, contrastando ideas en las asambleas, cerrando proyectos para confiar en el futuro y defendiendo una fuerza renovada con la misma ilusión que entonces.

Las soluciones están a nuestro alcance, tenemos razones de peso para seguir creyendo que es posible y estamos aquí, como lo hemos estado siempre, para encauzar una transformación que derivará en una Canarias más fuerte, menos dependiente y más diversa económica y socialmente.

Y será así porque no estamos dispuestos a rendirnos. La esperanza nos hará caminar con más fuerza, como ayer, como siempre, pero lo haremos juntos, ocho islas en la misma dirección. Haremos posible lo imposible. No nos resignaremos a seguir sufriendo lo que hoy padecemos. Y no lo haremos porque creemos en Canarias. Y seremos nosotros quienes, con trabajo en el Archipiélago y con rebeldía en Madrid, gestionaremos nuestro propio mañana.

Narvay Quintero, senador por la isla de El Hierro