Opinión

"El infierno también fue paraíso"

Y lo olvidaremos. 

Como ya lo habíamos hecho con Aylan y sus zapatos. 

Porque nosostros no nos ponemos en esos zapatos. Nosotros no nos preocupamos por los que nos quedan "tan lejos", ni lo hacemos por nuestra mala memoria, simplemente vivimos al día. Carpe diem modo ON. Eso sí, vivimos en una tragedia diaria. Más de un día, no nos dura. 

El sensacionalismo y el amarillismo nos irritan los párpados de llantos y risas  simultáneamente.  Solapando unos con otras.  Y cada vez más rápido. Nos adaptamos. 

Y en ese abrir y cerrar de ojos. El infierno. Que siempre está, sólo que cambia de lugar. 

Los infiernos son los mares, pero también son las tierras que fueron paraísos en otras épocas. Y de los infiernos hay que huir, es humano huir.  Lo harías tú, lo haría yo y hasta el vecino que le vota a VOX también. Él también se iría. Porque estamos vivos y queremos vivir. Y es humano huir del infierno. 

¡Mira el Mediterráneo! que llora mares de sangre y no le hacen ni caso, aunque grita. Y se le oye. Poco queda de aquel Mediterráneo que cantaba Serrat con un hilo pegadizo de alegría y esperanza de fondo. Porque Serrat hablaba con orgullo de un mar que hoy se mira con vergüenza. Que es hondo, pero que lo han cargado de culpas. Quienes no se han puesto jamás en los zapatitos de Aylan. 

Entre mares encontré miles de esperanzas, hundidas y sin vida. Entre mares sé que existen, sé que hundidas están, entre mares... perdidas. 

El problema es que si este padre y esta hija hubieran llegado a su destino, no le hubieran faltado JAMÁS las miradas de reclamo y de reproche. Los insultos y los desprecios. Como si las tierras fueran nuestras. Como si las calles tuvieran pasaporte para pasear. 

Me pregunto qué dirían de nosotros,  los canarios, hace no tanto en Venezuela... 

"Mira, ahí vienen los canarios, a quitarnos todas las ayudas y el trabajo, son unos golfos.. ¡vienen a estar en cholas sin dar un palo al agua!"... duele oirlo eh, y seguro que lo dijeron...y casi seguro que alguno de los nuestros se sintió mal por escucharlo... y sintió que no pintaba nada allí.  Pero ese canario también huía.  Del infierno. Porque el infierno siempre está.  Solo cambia de lugar. 
 

Por Amalia M. Fajardo