19/Oct/2017

EL PAÍS CONSTITUYE EL GRAN ZOCO DE ÁFRICA

Conoce Marruecos con Binter, la tierra de los mil y un paisajes

Binter ofrece conexiones directas durante todo el año a algunos de sus destinos más atractivos

Conoce Marruecos con Binter, la tierra de los mil y un paisajes

Marruecos, a pesar de estar a escasos cien kilómetros del litoral de las islas más orientales de Canarias, como Fuerteventura y Lanzarote, permanece como un gran desconocido para muchos isleños. Y ello a pesar de que constituye la puerta de entrada de esta parte de Europa a las culturas y a las riquezas que todavía quedan por descubrir del lejano Oriente. Ahora no hay excusa. La compañía aérea Binter, con vuelos directos Casablanca, Marrakech y Agadir, facilita el acceso a un triángulo majestuoso y lleno de sorpresas fascinantes.

 

Un túnel del tiempo


Es por ello toda una aventura al alcance de la mano de cualquier canario con ganas de realizar un viaje inolvidable. Tras un breve y confortable vuelo en un avión de Binter, podemos dar un pequeño empujón a la puerta oval labrada de arabescos para entrar de lleno en los sueños de las mil y una noches entre la bruma, como si atravesáramos un plácido túnel del tiempo que nos condujera directamente a un paraíso de colores intensos, tradiciones antiguas y aromas y sabores exóticos. Una experiencia cuyo recuerdo ya no nos abandonará nunca y posiblemente nos tirará de la manga en nuestro acontecer cotidiano para volver una y otra vez a renovar nuestros vínculos con ellos y con la naturaleza portentosa que visitamos.

Los atractivos naturales son una parte importante a destacar entre los diversos recursos que esconde este territorio poblado por diferentes etnias, con historias de reinos, sultanatos, imperios y caravanas de tesoros, que se pierden en las noches de los tiempos, y que han venido a conformar un crisol de influencias que conviven hoy en día como en un gran zoco de variedades. Qué decir de esos mercados abigarrados de artesanías; perfumes; especias exuberantes; dulces deliciosos; cueros bien curados y elaborados; lámparas maravillosas; joyería y pedrería de preciosos reflejos y todo tipo de objetos y ornamentos extraídos de la madera o de los metales con una laboriosidad sorprendente marca de la casa.

 

Riqueza y diversidad


Esa riqueza y diversidad natural permite que pueda uno bañarse en una playa desierta, acompañado solo de bandadas de gaviotas o de diversas aves migratorias, o en el agua dulce de algún río y, a renglón seguido, en menos de media hora, hacer senderismo por una montaña con pastores, cabras, burros, vacas y agricultores que miman sus fértiles parcelas y sus casas de adobe. Pero también podemos realizar todo tipo de deportes al aire libre en una orografía que nos dejará con la boca abierta por sus dimensiones, por la alternancia de sus contrastes y por las posibilidades que ofrece para olvidarnos, al menos por unos días, del trajín diario de nuestras sociedades urbanas.

Además, podremos realizar largos paseos a lomos de caballos árabes o dromedarios por las costas o tal vez disfrutar de todo tipo de vehículos todoterreno; motos de agua; barcos y cualquier variedad relacionada con el motor, porque los marroquíes son unos apasionados de los últimos ingenios motorizados y porque las normativas en esta parte del mundo en materia de tránsito por la naturaleza son bastante suaves debido a la inmensidad de sus caminos, pistas, montes, litorales y desiertos por los que perderse sin molestar a nadie.

 

Surf y otros deportes


Hay que destacar la gran afluencia de surfistas europeos que vienen a disfrutar de las grandes, largas y diferentes olas en un ambiente auténtico de tablas, escuelas y residencias de jóvenes y no tan jóvenes, con una solera ya dilatada, de la que han surgido varios campeones de este deporte a lo largo de los últimos años. También encontramos centros de yoga y una amplia oferta de turismo rural, senderismo, espeleología, escalada y alpinismo entre los pueblos más recónditos y los picos más altos de la impresionante cordillera del Atlas.

Marruecos es tan indescriptible, inabarcable y especial que resulta necesario conocerla de primera mano, algo que nos llevará más de unos cuantos viajes, puesto que se extiende desde el gran norte, con sus ciudades imperiales de Fez o Mequinez; hasta la joya de la corona, la mítica Marrakech y sus murallas rojas; pasando por la  literaria Tánger; la cinematográfica Casablanca; la muy española Tetuán; la marina y pesquera Esauira; la azul Cheuauen; o la moderna y costera Agadir. Todo ello sin olvidar esa gran sorpresa de última hora llamada Dakhla, una franja entre el desierto y el océano plagada de velas de surf y restaurantes junto a las olas del Atlántico.

Marruecos, finalmente, es el gran zoco de África. Allí se puede buscar y encontrar la pieza deseada: la seda más fina y de sutiles matices; los collares y bisuterías plenas de fantasía y ese objeto único que nos recordará a buen seguro lo cerca que estamos de la leyenda de uno de los países más interesantes y menos contaminados que todavía sobreviven en esta parte del planeta. Este será sin duda un viaje que nos enganchará y nos abrirá el apetito para seguir disfrutando de los sueños del pasado mágico de nuestro entorno más inmediato.